El hambre castiga a Tucumán: hay 10 mil desnutridos en riesgo

Por la pobreza y el desempleo, el problema recrudece y se instala con fuerza en la periferia de la capital; el crecimiento de los asentamientos y el aumento de la demanda perjudican la atención en los centros de salud; testimonios de vecinos que sufren este flagelo
SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- Lindaura se acerca temprano al centro de salud del barrio Palmeras, uno de los asentamientos más humildes de la capital, acompañada por un niño que la toma del brazo. Sorprende la naturalidad con la que se mueve por los pasillos de ese establecimiento, pese a la timidez que revela su voz.

Su diminuta estatura confunde a quien la observa, mientras comparte con lanacion.com recuerdos sobre su infancia y sus visitas al CAPS (Centro de Atención Primario de Salud) Corazón de María. Sin dar tiempo a preguntas, anticipa que está "enferma de los huesos" y devela así el misterio que esconde su apariencia. Es una mujer adulta envuelta en el cuerpo de una niña, pese a sus 31 años; un fenómeno que los médicos definen como "petisos nutricionales".

Cuando era chica le diagnosticaron desnutrición y debió someterse a varios tratamientos para poder recuperar el peso. Ahora, intenta evitar que sus hijos hereden las secuelas que dejó esa etapa. "El chiquito bajó mucho de peso. No quería comer, no tomaba nada y me asusté. Consulté al doctor y, de a poco, me fui tranquilizando. Lo traigo a control todos los meses", relata.

El testimonio de Lindaura reflota la vigencia del flagelo del hambre en la provincia, un mal que avanza en forma silenciosa, esquivando el esfuerzo y los planes del gobierno tucumano para combatirlo.

Actualmente hay 10 mil personas desnutridos en estado crítico, entre chicos y embarazadas, dentro del Programa Focalizado de Rehabilitación Nutricional, una iniciativa que lleva adelante la cartera de Salud desde 2004 para tener un mayor seguimiento de la situación.

Para tener una mirada más acotada de lo que significa este problema en Tucumán y tomar conciencia, basta con revisar los ejemplos que llegan de la mano de algunos pacientes que asisten al Corazón de María. Hoy, este centro registra casi 200 chicos desnutridos, sobre los 1056 menores que se atienden allí regularmente.

El impacto de la recesión. El problema recrudece progresivamente y la falta de alimentos se instala con fuerza en la periferia de la capital, burlando las estrategias lanzadas desde Salud. La expansión de los barrios más postergados y el crecimiento del número de pacientes que a diario reúnen las salas de espera van en detrimento de los recursos e insumos que poseen los médicos para brindar una atención adecuada. "Nosotros creamos la demanda, pero ahora no tenemos cómo satisfacerla", advierte el personal del CAPS.

"La crisis económica en Tucumán sumó a más familias a la pobreza y al desempleo, y fueron aumentando los asentamientos. Esto seguramente se verá reflejado en los próximos meses en los desnutridos. No hay que olvidar que la población infantil es muy sensible a los cambios que se están produciendo", argumenta la pediatra Patricia Collado.

Otros factores. Entender el avance de esta problemática en la provincia, según insisten los especialistas, supone no concebir a esta carencia como algo aislado o descontextualizado de otros factores que inciden en la vida de las familias que hoy padecen hambre.

Muchas veces, la falta de instrucción o el desconocimiento de los padres sobre estos temas y de los efectos colaterales que provocan las consultas tardías suele complicar aún más la desnutrición que atraviesan varios chicos.

No sólo no acuden al médico antes de que ocurra el problema o apenas lo detectan, sino que lo hacen cuando el déficit de alimentos está totalmente instalado y se vuelve muy difícil de revertir. En definitiva, estas demoras plantean la necesidad de que las autoridades destinen en sus presupuestos más inversiones para educar a la población acerca de cuidados básicos.

Esto explica, en parte, el hecho de que los médicos que están a cargo de estas familias se manejen permanentemente con la premisa de que en un ambiente así el riesgo se convierte en prioridad.

A este panorama se agregan, además, los embarazos adolescentes que están en riesgo nutricional en plena edad de crecimiento. El bajo peso que registran puede traer aparejado serias complicaciones en el parto o bebes con muy bajo peso que requieren la máxima atención.

"Si la desnutrición aparece antes del año de vida, las consecuencias son importantes a nivel del sistema nervioso central. Cuanto más temprana es la desnutrición más daño puede tener ese niño. Pese al medio inhóspito, un modo de que este niño no se desnutra o de protegerlo contra este flagelo es que la mamá amamante a su hijo. Hasta los seis meses de vida, un niño que recibe sólo la leche de la madre crece perfecto", señala Graciela Lavado, directora del Hospital del Niño Jesús.

La pelea diaria. A unas veinte cuadras del CAPS Corazón de María, el hambre castiga por segunda vez a la familia Gómez. Sin dar tregua, esta problemática vuelve a invadir la tranquilidad de Pablo y Facundo, de 11 y 7 años, que pelean hace tiempo por subsistir en un hogar marcado por la marginación y el desempleo.

Son hermanos de María Rosa, la chiquita de seis años, que murió en 2002 víctima de una severa desnutrición cuando iba camino a la consulta. Como ella, los chicos padecen parálisis cerebral, lo que agrava las cosas porque la enfermedad les impide tragar normalmente. No faltan las situaciones en las que Pablo, el padre, debe recurrir al hospital para alimentarlos a través de sondas, sueros o jugos y evitar así que se descompensen.

Este hombre, de 44 años y de contextura delgada, vive de "changas" desde que era niño porque a raíz de su analfabetismo no consigue un empleo formal. Llama la atención la confianza y entereza que muestra cuando habla de sus hijos y recuerda el mal trago que le dejó la vida cuando perdió a María Rosa: "Se nos fue una chiquita, pero gracias a la Virgen nunca más he sufrido. Fue muy difícil salir de eso. Ellos son mi vida ahora", expresa. "Todo lo mejor es para mis hijos, que demandan a diario mucho cariño", prosigue.

A veces la misma adversidad es lo que lleva a personas como Pablo a mirar para adelante y encarar la vida desde otro lugar. Pese a su extremada pobreza, se muestra esperanzado y piensa que algún día alcanzará la estabilidad que hoy no tiene. Mientras tanto, se preocupa por que a sus hijos enfermos no les falte nada y se alegra tan sólo cuando descubre en ellos leves mejorías.

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