Hallaron cocaína camuflada en un vehículo de la Secretaría Antidrogas

Se trata de 8 kilos que pertenecen a una partida de droga que debió haber sido quemada. Está comprometido el chofer de José Granero, jefe de la oficina contra el narcotráfico que depende directamente de Cristina.
Ocho kilos de cocaína fueron encontrados en una camioneta de la Secretaría de Drogas y Lucha contra el Narcotráfico, que depende de la Presidencia. El juez federal de Quilmes, Luis Armella, investiga cómo y por qué 14 paquetes de la sustancia estaban camuflados en la carrocería de la Peugeot Partner, a cargo de Carlos Alberto Oreiro, chofer de José Ramón Granero, el titular de la Sedronar y odontólogo del ex presidente Néstor Kirchner desde que se hicieron amigos en Río Gallegos. Según se puede apreciar en las fotos del expediente judicial –al que tuvo acceso exclusivo Crítica de la Argentina– los “panes” de droga tienen marcas que indican que fueron parte de un decomiso, o sea que habrían sido robados de una partida que debería haber sido destruida. La cocaína fue encontrada el 30 de octubre pasado por Ángel Bay, cuando iba a refaccionar el asiento del conductor del vehículo en la tapicería El Porve, de Avellaneda.

EL HILO VERDE. Fue sólo tirar del piolín. Ángel Bay, un tapicero joven que solía hacer trabajos para un empleado de la Sedronar, había recibido la mañana del 30 de octubre el encargo de reparar el asiento del conductor de la camioneta blanca. Comenzó por retirar la butaca para hacer su trabajo. Como se le complicó la maniobra, levantó la alfombra del piso y fue entonces cuando vio que del zócalo izquierdo de la Partner, por una hendija calada en la chapa, salía un hilo plástico de color verde. Le llamó la atención; tiró de él. A unos veinte centímetros del extremo de la piola apareció un paquete envuelto en cinta de embalaje marrón, con la forma de una flautita. Bay no dudó. Se trataba de un pan de cocaína. Tiró un poco más, detrás de este primer paquete, había otros. Acomodados a lo largo del zócalo parecían ser varios, unidos por el hilo, como una ristra de chorizos.

Bay le avisó a Hernán Claudio Aboy, el chofer de la Secretaría, que había encontrado algo raro en la camioneta a su celular. A los diez minutos Aboy estaba en la tapicería comprobando que en efecto, eso parecía cocaína. Se comunicó entonces con su jefe, Oreiro, un hombre de 69 años que lleva cuatro como jefe de Automotores de la Sedronar. Y con otro chofer del grupo, Fernando Salcito, de 43, empleado hace 14 años en el organismo. “Oreiro pidió que alguno de los muchachos de la Federal que trabajan en la Sedronar fuera para traerse la camioneta porque había tenido un problemita. Pero cuando en la Federal supieron que eran ocho kilos de merca, llamaron a los jefes. Desde Operaciones Federales tuvieron que avisarle al juzgado, pero eso fue recién a media mañana”, contó una fuente. Cuando a las 12 el personal del juzgado de Quilmes se presentó en El Porve, el local de la calle Cabildo 1921, de Avellaneda, la policía que ya había iniciado una investigación por el asunto.

“Primero Oreiro intentó irse del lugar con el vehículo como si nada hubiera pasado, aduciendo que esa droga había sido un olvido porque la Partner era un bien decomisado a un narcotraficante en Santa Fe”, contó una fuente presente esa mañana a Crítica de la Argentina. Pero el oficial de la Federal destinado a la Sedronar entendió que la situación ameritaba la formación de un expediente. Llamó entonces a un camión con un escáner que detecta la presencia de material biológico detrás de superficies como la chapa de los autos. En la causa se puede ver la fotografía en la que ambos costados de la camioneta aparecen rellenos con los paquetes de cocaína.

OLVIDAR. Los empleados de la Secretaría se apresuraron a aclarar que no había nada raro en el hallazgo porque esa camioneta había sido cedida a la Sedronar tras haber sido secuestrada por la Gendarmería a un narcotraficante boliviano hacía más de un año, el 15 de octubre de 2007, en San Lorenzo, Santa Fe. Era, seguramente, dijeron, un olvido de los que hicieron aquel procedimiento. Revisada la Partner finalmente los investigadores del juzgado federal contaron 14 envoltorios: “Ocho en el lateral izquierdo, seis en el lateral derecho y dos tizas entre un panel plástico del lateral y la chapa del chasis”. Cada uno de los panes pesaba alrededor de medio kilo. Las dos tizas, 10 y 15 gramos. En total, poco más de ocho kilos.

El mismo 30 de octubre de manera oficial un funcionario de la Sedronar, Gabriel Abboud –ex subsecretario de Narcotráfico– redactó una carta dirigida al comisario Carlos Gorosito, superintendente de Drogas Peligrosas de la Federal. En ella le cuenta el episodio de la camioneta “la cual en el proceso de recuperación para su puesta en funcionamiento presentó novedades que podrían estar vinculadas a la causa que le diera origen a su secuestro”. Abboud, alejado de su puesto en Narcotráfico, firma como miembro de la Comisión Mixta de Registro, Administración y Disposición.

Se trata del organismo integrado por gente de la Sedronar y de la Corte Suprema de la Nación que es la “encargada de administrar los beneficios económicos a los que se refiere el artículo 30 de la ley de estupefacientes, los bienes decomisados mediante sentencia condenatoria y los respectivos producidos de sus ventas, así como las multas que se recaudaren por aplicación de la ley”, según figura en documentos de la Secretaría. La ambigua sugerencia de Abboud –quien supo trabajar en un juzgado federal antes de incursionar como mano derecha de Granero en la Sedronar- no le alcanzó al juez Armella para explicar semejante hallazgo de droga. Así que pidió que le remitieran copia de aquella causa en la que habían secuestrado la camioneta.

OTRA DROGA. En ese expediente consta que el 15 de octubre de 2007 en la ruta 34, cerca del pueblo santafecino de Luis Palacios, una patrulla de Caminos detuvo la marcha de la camioneta Partner blanca patente DSN 123 para un control de rutina. Los gendarmes notaron que en el lateral del conductor faltaban dos tornillos y que el cinturón de seguridad estaba trabado. Por eso revisaron el vehículo y descubrieron que el chofer, un boliviano de Santa Cruz de la Sierra, transportaba 26,450 kilos de cocaína. Con detalles describen cómo retiraron los ladrillos de aproximadamente un kilo cada uno de los mismos lugares de donde ahora, un año después, fueron sacados estos otros ocho kilos. “Ya quedó claro que no es la misma droga”, le dijo una alta fuente judicial a este diario.

En el juzgado estudiaron con detalle las declaraciones de los gendarmes de San Lorenzo que les envió el Tribunal Oral Federal Nº2 de Santa Fe. Y las fotografías de aquellos 26,450 kilos en las que es notorio que se trata de objetos diferentes: los de Santa Fe pesaban casi un kilo, éstos poco menos de medio.Los jueces santafecinos condenaron al boliviano que manejaba la camioneta, Nicolás Bustamante Acuña, el 28 de julio. El 19 de agosto pusieron la Partner a disposición de la flamante Comisión Mixta. El 4 de septiembre la Sedronar mandó a sus hombres a buscar la camioneta a la DDI de San Lorenzo, donde permaneció durante un año, mientras se terminaba el proceso judicial. El encargado no fue cualquier chofer, sino el jefe de Automores, Oreiro, quien declaró que además de encargarse del “contralor de los vehículos, el contralor del destino de los mismos y el del estado de los móviles para su reparación” también “se desempeña como chofer del Sr. Secretario de Estado”, en referencia a José Ramón Granero.

COARTADA PERFECTA. “Esta causa está llena de incógnitas que vamos a resolver con investigación”, le dijo a Crítica de la Argentina una fuente del juzgado federal de Quilmes. Creado este año, es el más nuevo de la Argentina. En la causa por ahora caratulada NN/ sobre infracción ley 23.737, los empleados de la Sedronar podrían tener que responder por el delito de transporte de estupefacientes cuya pena va de cuatro a quince años de cárcel. El juez Armella piensa avanzar con paso seguro y lentamente. Está a punto de recibir el resultado de las pericias químicas que le encargó al laboratorio de Policía Federal. Pidió que le informen la antigüedad de la droga hallada en la camioneta, la composición y la sustancia de corte usada en el clorhidrato.

Uno de los detalles que más llama la atención de los investigadores judiciales es que los 14 envoltorios con cocaína estaban señalizados con inscripciones en los que se leen una letra y un número –A1, por ejemplo–. Ése es el código usado por lo general para marcar la droga secuestrada. Los narcos la marcan, pero con un mismo signo a varios paquetes, para indicar la procedencia o la calidad de la sustancia. Ante esa evidencia en la justicia federal quieren saber “si guarda similitud con algún otro secuestro periciado por ese laboratorio químico”. En criollo: el juez quiere saber si esa cocaína fue robada con la complicidad o no de alguna fuerza de seguridad de una partida que debería haber sido quemada. El juez Armella pedirá además que le envíen información sobre la flota de móviles de la Secretaría, sus destinos y movimientos, y si la Sedronar ha participado en procedimientos de drogas en el último año. “Lo más inquietante de esto es que movilizar droga en un móvil de la Sedronar es la coartada perfecta. ¿Quién podría registrar una camioneta que lleva cocaína si la lleva la Secretaría de Lucha contra el Narcotráfico?”, planteó un investigador.

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