Haití: se demora la ayuda y reina el caos

Haití: se demora la ayuda y reina el caos
Sin coordinación y con una infraestructura arrasada, la asistencia humanitaria llega con mucha dificultad; empiezan los saqueos
PUERTO PRINCIPE.- En una frenética carrera contra la muerte, tropas y aviones con toneladas de alimentos y medicinas intentaban ayer sortear gravísimos problemas de logística en la arrasada capital de Haití para asistir a los millones de víctimas del terremoto que estremeció a la isla el martes pasado y que habría provocado unos 100.000 muertos.

A 48 horas del violento sismo que sacudió al país más pobre de América, miles de haitianos continuaban ayer sepultados bajo toneladas de escombros, la mayoría en Puerto Príncipe, mientras los sobrevivientes comenzaban a recibir lentamente la asistencia de los varios contingentes internacionales que aterrizaron en el desbordado aeropuerto de la capital.

Ante la dramática situación, Estados Unidos asumió ayer el control de la terminal aérea, por donde llega la ayuda, informó en Washington el Departamento de Estado. "Tomamos la responsabilidad del control aéreo. Tenemos mucho personal que ayuda en las cargas y las descargas", declaró el vocero Philip Crowley.

Según datos de organismos internacionales como la Cruz Roja, habría por lo menos 50.000 muertos por el sismo, mientras que funcionarios del gobierno haitiano sostienen que hay más de 100.000 víctimas fatales y 3.000.000 de personas sin refugio.

Los equipos de Francia, China, Estados Unidos, Gran Bretaña y España trataban ayer de eludir el caos y la falta de coordinación para acelerar la asistencia humanitaria y el rescate de miles de personas que permanecían atrapadas debajo de los edificios colapsados. También Alemania, Canadá, Japón, China, Indonesia, México y Cuba, entre otros países, mandaron equipos de socorro y rescate, así como material de primera necesidad y alimentos. La Argentina envió ayer un avión Hércules de la Fuerza Aérea con insumos y personal para el hospital de nuestro país en la devastada capital haitiana.

Reconvertido en un gran campo de refugiados, Puerto Príncipe y sus suburbios eran una pesadilla logística para los rescatistas, con caminos atestados de personas hambrientas o bloqueados por árboles, un puerto en ruinas, el aeropuerto colapsado, escasa maquinaria pesada y pocos teléfonos en funcionamiento.

"La gente se está peleando por el agua", dijo el socorrista Fevil Dubien, mientras distribuía el precioso líquido desde una camioneta en un barrio del norte de Puerto Príncipe.

Fuera del Hospital General de la capital, en la playa de estacionamiento, se armó un depósito de cadáveres improvisado con cientos de cuerpos.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió que los trabajadores de ayuda encuentran enormes desafíos para tratar de localizar a las personas atrapadas bajo los escombros y alimentar a los sobrevivientes hambrientos. Los camiones que transportaban policías y trabajadores del organismo se quedaron atascados en las calles colmadas de camionetas, automóviles y peatones malheridos.

La vocera de la ONU, Elisabeth Byrs, calificó al terremoto como "una pesadilla logística" para las fuerzas de rescate. "Es un caos", agregó. La ruta que une Puerto Príncipe con la vecina República Dominicana es estrecha y ayer se encontraba saturada de camiones. Las entregas por mar eran imposibles de desembarcar debido a los daños sufridos en la infraestructura del puerto de la capital.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) informó que el aeropuerto de la ciudad está abierto, pero que tiene problemas para ocuparse de las decenas de vuelos entrantes con suministros y rescatistas ante las demoras en los despegues y aterrizajes. Sin instrumental de vuelo operativo en tierra, los pilotos se zambullen en la única pista de la capital con el solo respaldo de su pericia.

El contingente chino fue el primero en llegar, seguido por tres aviones militares franceses. España ya envió cinco aeronaves con suministros. Los 71 rescatistas británicos, con perros y equipos de alta tecnología, se trasladaron desde República Dominicana por vía terrestre.

En tanto, los haitianos realizaban ayer esfuerzos frenéticos para salvar a los heridos y buscar sobrevivientes, al transformar camionetas en ambulancias y puertas en camillas.

En medio de la desesperación, los improvisados voluntarios utilizan mazas, pedazos de madera y hasta las propias manos para excavar. En Petionville, al lado de la capital, las personas buscaban artículos en un centro comercial derrumbado, sacando colchones y artículos de oficina. En las cercanías, unos 200 sobrevivientes, incluyendo niños, se agruparon en un estacionamiento donde construyeron carpas precarias para escudarse del sol y las altas temperaturas.

Gran fosa común

En el aeropuerto, donde estableció la sede del gobierno tras el colapso del Palacio Presidencial, el presidente haitiano, René Préval, anunció que unas 7000 personas ya habían sido sepultadas en una gran fosa común. Sin embargo, las pilas de cadáveres en las esquinas de la capital continuaban creciendo, con más cuerpos.

No obstante, también hubo lugar para la esperanza, al producirse ayer dos rescates milagrosos: Tarmo Joveer, un empleado de seguridad estonio de la ONU, fue rescatado de entre los escombros del edificio principal de la organización, donde todavía hay unos 100 empleados atrapados. Y Gladys Louis Jeune fue sacada de entre las ruinas de su hogar en Puerto Príncipe 43 horas después del sismo.

Otro desafío que acosaba a las fuerzas de rescate al caer la noche de ayer fueron los cada vez más numerosos incidentes de inseguridad en los barrios y en la periferia de Puerto Príncipe, en su mayoría relacionados con actos de vandalismo.

Saqueadores irrumpieron en un supermercado en la zona de Delmas y se llevaron electrodomésticos y bolsas con arroz. Otros sacaron combustible de un camión cisterna chocado. "Todos los policías están ocupados rescatando o sepultando a sus propios familiares", dijo el propietario de una fábrica de azulejos, Manuel Deheusch. "No tienen tiempo para patrullar las calles", añadió.

Las fuerzas de la ONU temían ayer que la población, exasperada por la falta de ayuda, intentara apropiarse de los arsenales del contingente de paz.

Comentá la nota