Haití, ahora o nunca

Por Andrés Oppenheimer

MIAMI.- Barack Obama y otros líderes mundiales reaccionaron rápidamente tras el terremoto que destruyó la capital de Haití y que puede haber causado 200.000 muertes. Pero, considerando la magnitud de la tragedia, lo que han ofrecido hasta el momento son migajas.

La promesa inicial de 100 millones de dólares por parte de Obama, de 10 millones de dólares por parte de Gran Bretaña, de 4,3 millones de dólares de España y de un millón de dólares de China constituye un diminuto porcentaje del dinero necesario para reconstruir Haití.

Hasta los 550 millones de dólares pedidos a la comunidad internacional por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pueden representar menos del 10% de lo que costará la reconstrucción.

Para poner las cosas en perspectiva, cuando el huracán Mitch azotó América Central en 1998 y produjo 9000 muertes -una pequeña fracción de la cifra que se estima en Haití-, la comunidad internacional terminó desembolsando 6300 millones de dólares.

¿Será el mundo tan generoso con la pequeña Haití como lo fue con América Central? Obama, en un emotivo discurso en las primeras horas del desastre, le dijo al pueblo haitiano: "No los abandonaremos. No los olvidaremos".

Pero entre los diplomáticos y expertos internacionales con los que hablé durante la semana noté una buena dosis de ansiedad. Muchos temen que, cuando la catástrofe deje de ser noticia, el mundo le dé la espalda a Haití, porque se trata de un país de poca importancia diplomática o estratégica.

Consideremos el ejemplo del huracán Mitch. Cuando ocurrió ese desastre, Estados Unidos y otros grandes países donantes tenían un interés especial en ayudar a América Central, entre otras cosas porque acababan de invertir enormes cantidades de dinero y energía en los acuerdos de paz para reconstruir la región tras las guerras de Nicaragua y El Salvador.

América Central había ocupado un lugar central en los últimos años de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética.

Cuando el huracán Mitch azotó la región, el 21 de octubre de 1998, a Estados Unidos y otros países donantes les tomó menos de seis semanas reunirse en Washington y acordar su promesa de una ayuda de 6300 millones de dólares.

Comparativamente, cuando cuatro tormentas tropicales sacudieron a Haití en 2008 y causaron daños estimados en 900 millones de dólares, a los donantes les llevó casi un año reunirse y contribuir con 353 millones de dólares.

"Estoy preocupado", dice Mark Schneider, un ex funcionario de ayuda exterior del Departamento de Estado norteamericano que ahora es vicepresidente del Grupo de Crisis Internacionales.

"Dada la magnitud del desastre, el tipo de respuesta inmediata y masiva que hemos visto durante la etapa de salvar vidas debe ser seguida por la inversión a largo plazo más grande que se haya hecho nunca en un solo país de este hemisferio", agregó.

¿Cuánto dinero hará falta? Dora Currea, directora para los países caribeños del Banco Interamericano de Desarrollo, me dijo: "Tendremos que hablar de algo comparable, si no superior, a lo que se gastó después del Mitch".

Francis Ghesquiere, el principal especialista en control de desastres naturales del Banco Mundial, coincidió en que harán falta "miles de millones de dólares".

Otro funcionario de alto rango de una institución financiera internacional me dijo que teme que el actual esfuerzo dure sólo un año. "Me temo que después la gente se olvidará. La tragedia de Haití es que no tiene el peso político para concentrar la atención mundial de una manera constante", dijo.

Mi opinión: el momento para que Estados Unidos y el mundo adopten medidas concretas para garantizar que Haití no sea olvidado es ahora. Obama dio un buen paso al conceder estatus inmigratorio temporal a los más de 100.000 indocumentados haitianos que viven en Estados Unidos, lo que se traducirá en remesas a sus familiares en Haití.

Pero serán necesarias medidas de largo plazo más ambiciosas. Haití necesita un Plan Marshall internacional. Y es preciso que ese fondo se constituya ya mismo, porque ustedes y yo sabemos que muy pronto, cuando la noticia de Haití desaparezca de los titulares y sea reemplazada por una nueva tragedia personal de alguna estrella de Hollywood o una nueva crisis internacional, nadie lo recordará. Es ahora o nunca.

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