“Haciendo Buenos Aires” con el sello Macri

A un año de la asunción del líder de PRO como jefe de gobierno, dos especialistas analizan lo que prometió, lo que hizo, lo está haciendo y lo que dejó pendiente en materia de obras y servicios públicos. Más en el debe que en el haber.
El día anterior a que Macri fuera a la Legislatura el 1° de marzo a inaugurar las sesiones ordinarias, había llovido torrencialmente en Buenos Aires, inundando diversos barrios de la ciudad. En esa ocasión prometió resolver cuanto antes la situación. Hace menos de un mes llovió menos que aquel día y el resultado no pudo haber sido peor: hubo más barrios inundados y en algunos de forma más aguda. Este sería el rasgo más perdurable de este año de gestión: la enorme distancia entre la palabra y la acción sumado a querer justificar dicha inoperancia ligándola a una conjura global pergeñada por el gobierno nacional, los sindicatos, la Justicia local y los movimientos sociales. El segundo rasgo distintivo es haber subejecutado las partidas de inversión pública y haber incrementado fuertemente el gasto corriente.

Después de un año de administrar la Ciudad, las obras hidráulicas en ejecución son mínimas y corresponden a licitaciones realizadas en gestiones anteriores y las que debían de estar en ejecución han sido postergadas. Tal es el caso de las obras sobre el arroyo Maldonado. En cuanto al Riachuelo, sólo dos obras se encuentran actualmente en ejecución: los aliviadores San Pedrito y Erézcano, que fueron licitadas en la administración anterior. A esto se suma la falta de obras en la defensa costera; la no ejecución de los planes de viviendas; los pocos centímetros de subterráneo que construyó (prometió diez kilómetros por año) y la falta de mantenimiento edilicio tanto en hospitales como en escuelas.

Respecto de infraestructura sanitaria, es evidente la fuerte subejecución del presupuesto. Para este año dispuso en obras y equipos para hospitales 210 millones de pesos y sólo ejecutó al 30 de septiembre 30 millones. Esto se refleja en los gravísimos problemas que existen en los hospitales porteños. Si bien muchos venían de antes, con esta administración se agudizó la crisis. Por ejemplo, con la centralización de las compras de medicamentos que implicó el desabastecimiento de los mismos en lugar de la baja en sus costos.

Igual o peor es la subejecución de obras en las escuelas, donde cuenta para este año con un presupuesto para construcción de 247 millones de pesos y sólo se ejecutaron 49 millones. Macri solicitó a la Legislatura superpoderes para acelerar las obras por la supuesta emergencia edilicia, que hoy sigue sin solución. Así, para 2008, con un presupuesto para inversión de más de 3000 millones de pesos, en el mejor de los casos, ejecutará solamente la mitad. ¿Esto era PRO?

Por el lado de los ingresos, la recaudación ha crecido en lo que va del año un 40 por ciento respecto de igual lapso del año pasado, razón por la cual el gobierno de Macri cuenta con una importante masa de recursos. Sin embargo, se invierte poco en obras y se gasta mucho en sueldos, fundamentalmente en funcionarios. En efecto, mientras se subejecutan obras, se ha aumentando la planta de funcionarios y de gabinete (asesores), cuando no se tiene la misma política de incentivos respecto del personal no jerárquico. Así se incrementó al doble el número de funcionarios, que eran 346 en el año 2005, para llevarlo a 608 en el año 2009.

Los incrementos también se presentan en los pagos a la recolección de residuos, que subieron en más de tres veces. De los 352 millones de pesos que se pagaban en el año 2005, a 1118 millones presupuestados para el año 2009, no existiendo ningún índice inflacionario que pueda justificar semejante aumento del gasto. En definitiva, el primer año de gestión Macri demuestra que:

- Es ineficaz: ni siquiera hace las obras para las que tienen presupuesto.

- Es ineficiente: gasta muchos recursos en funcionarios que no ejecutan obras ni dan respuestas a las demandas sociales y sectoriales del distrito y paga altos precios por servicios de dudosa calidad.

- No tiene ningún interés en mejorar la distribución del ingreso en la ciudad proveyendo de más y mejores bienes públicos (salud, educación, vivienda, cultura, trabajo, obras de infraestructura) a los habitantes que más los necesitan.

Tanto prometer sin cumplir como desentenderse de los problemas de los habitantes que menos tienen es grave, ya que luego de la crisis del 2001 los argentinos estamos tratando de revertir aquel divorcio entre la política y la sociedad, generada entre otras cosas por aquello de “si decía lo que iba a hacer no me votaba nadie”. En estos días estamos festejando la etapa más larga de un período democrático de nuestra historia. Que el gobierno de Macri y Michetti no implemente las políticas públicas que prometieron en la campaña electoral no ayuda en nada a la tarea en que todos debemos estar empeñados: recomponer la legitimidad del sistema democrático y construir ciudadanía, una dimensión donde reparar veredas es sólo una baldosa del desigual mosaico social porteño.

* Presidente de Fundación Fetyp - www.fetyp.org.ar

Sin lugar para participar

Por Carlos Fidel *

Las expresiones de la publicidad, con un sistémico desparramo, están desplegadas por todas las calles de la ciudad de Buenos Aires, sus mensajes son parecidos, con alguna pincelada que las diferencian. Un cartel que está por todos lados llama la atención. Es el amarillento Haciendo Buenos Aires. Lo primero que sugiere es que el mensaje quiere decir que el gobierno de la ciudad está haciendo la urbe de la nada, de cero, y por lo tanto, fundando un nuevo diseño físico y eslabonamiento social urbano. De ser así, sin duda es un significado insostenible, omnipotente y desconocedor de la valiosa historia de la ciudad.

Tal vez será que significa mantener y hacer veredas, calles, recortar árboles, actividades culturales, Hacer algunos controles del tránsito. Hacer nuevos aparatos gubernamentales destinados a controlar la seguridad urbana. Hacer funcionar o mantener los imprescindibles servicios públicos, como espacios verdes, escuelas y hospitales. O será que significa que están terminando de hacer algunas construcciones, como el transporte público subterráneo y empezar nuevas (aunque las obras nuevas no aparecen).

Puede ser que la H quiera transmitir la sumatoria de todos los aspectos anteriores. De ser así debería agregar maestros y alumnos protestando sin ser escuchados y maltratados en las calles, grupos de vecinos reunidos molestos por lo que están haciendo en sus barrios, edificios que son parte del patrimonio histórico demolidos, viviendas de los desposeídos sin una política para mejorar su situación del hábitat, el tránsito (a pesar de que su ordenamiento tiene casi costo nulo) sin política especifica, las personas que viven en las calles sin políticas de atención, los movimientos sociales sin respuestas de políticas urbanas, las fuentes de contaminación ambiental sin políticas, la recolección de la basura sin políticas... “no puede ser que haya un poco de viento o lluevan dos gotas y la ciudad se quede sin respuesta” (algo así proclamó en su campaña el jefe de gobierno). Se puede continuar, pero conviene examinar el tema abarcador de la estrategia concreta de la política urbana del actual gobierno de la ciudad.

A un año desde el comienzo del gobierno conducido por Macri, es un buen momento para sopesar su gestión. Centrando el eje de la reflexión en la política urbana, hay que resaltar que dicho gobierno es sin la menor duda de origen democrático. Siguiendo a Alicia Ziccardi, hay dos formas de democracias urbanas: las de tipo “representativas” y las “participativas”. En la primera se gobierna exclusivamente a través de los representantes electos por la población, mientras que en la segunda, la relación ciudadano/gobierno transita por senderos de relaciones más directas y prima la cercanía en la toma de decisiones.

Desde que la ciudad de Buenos Aires alcanzó la autonomía (1997) se avanzó en el diseño y se aprobó en el espacio legislativo una serie de iniciativas que abrieron un amplio e interesante abanico de posibles acciones que hubiera posibilitado recorrer en el segundo itinerario. Hacemos referencia, entre otros, al proyecto de la organización de las comunas, ampliar la descentralización de la gestión e iniciativas de planificación económico/social, donde en algunos casos puntuales se registraron acciones con la plena participación de los habitantes, y la propuesta de la aplicación del presupuesto participativo. Las anteriores fueron proposiciones fallidas y/o están sumergidas en el sombrío olvido intencional de los políticos y funcionarios.

El Gobierno de la ciudad desde un inicio optó por el primer sendero, con amplia mayoría en la representatividad no estuvo dispuesto a consultar ni a abrir a la participación a la población de sus decisiones políticas, esta estrategia se verifica en todos los campos, especialmente en los temas que denominan orígenes y destinos de la plata. Como si el ingreso de los ciudadanos fuera del gobierno, y por eso quieren decidir incosultamente cómo recolectar y qué hacer con ese patrimonio que es del conjunto de habitantes de la ciudad. Con esa táctica de acción, armaron grupos de técnicos, supuestamente recién llegados a la política o apolíticos, pero eficientes para configurar intervenciones puntuales en el territorio o en otras áreas. Con su manera de concebir los problemas, de cómo y dónde actuar, intervienen con la peculiaridad de un estilo de hacer política en Buenos Aires, avanzan y avanzan; a veces sólo se detienen o cambian el rumbo si encuentran resistencia activa y/u organizada de los habitantes.

* Economista especialista en temas urbanos - Docente investigador de la Universidad Nacional de Quilmes.

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