Hacia una visa común para América latina

Por Andrés Oppenheimer

MADRID.- Mientras los 27 países de la Unión Europea acaban de aprobar la creación de un servicio exterior común con embajadas en todo el mundo, la mayoría de los países latinoamericanos no pueden ponerse de acuerdo en ofrecer una visa común para los turistas de otras partes del mundo a tiempo para el campeonato mundial de fútbol de 2014 en Brasil. ¡Qué ironía!

Cuando leí la noticia sobre la inminente creación del servicio exterior común de la UE, no pude evitar comparar lo que ocurre en Europa con lo que pasa en América latina. En el Viejo Continente, durante una reunión en Luxemburgo la semana pasada, la UE acordó los primeros pasos para la constitución de un Servicio Exterior Europeo, que sería el cuerpo diplomático más grande del mundo. El servicio tendría 5000 diplomáticos y funcionarios y un presupuesto de 75.000 millones de dólares para sus primeros tres años.

La UE ya permite en su territorio la libre circulación para sus ciudadanos y turistas extranjeros, tiene una moneda común y está a punto de designar al primer presidente europeo. En nuestra región, hay países que ni siquiera mantienen relaciones diplomáticas con sus vecinos o están tan peleados que no tienen relaciones comerciales.

Ecuador rompió relaciones con Colombia en 2008 tras la incursión colombiana contra un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano. Chile y Bolivia sólo mantienen relaciones consulares desde 1978. Perú retiró recientemente a su embajador en Bolivia por comentarios insultantes de Evo Morales y llevó a la Corte Internacional de La Haya una disputa territorial con Chile.

La Argentina y Uruguay prácticamente no se hablan por el conflicto en torno a una planta papelera en Uruguay. Venezuela retira periódicamente a sus embajadores de Colombia, Perú y otros países.

Lamentablemente, estos y otros conflictos derivan en un alarmante aumento del gasto militar y en un freno al comercio regional.

El gasto militar en la región ha aumentado un asombroso 91% en los últimos cuatro años, hasta alcanzar el año pasado los 47.200 millones de dólares, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres.

Los países latinoamericanos también pagan un alto precio comercial debido a su mutua desconfianza. Durante una visita reciente a Perú, un ministro me decía que ese país está a punto de empezar a exportar gas natural a México. Su vecino, Chile está por importar gas natural de Indonesia. La disputa fronteriza entre ambos países ha dificultado la exportación de gas entre ellos.

En América Central, cinco países tienen monedas y reglas comerciales diferentes. Lo que es más absurdo aún, muchos países latinoamericanos ni siquiera tienen acuerdos que permitan que turistas de otras partes del mundo puedan visitar la región con una visa única.

La Organización Mundial de Turismo estima que para 2020 habrá 100 millones de turistas chinos por año. Pero muchos expertos en turismo coinciden en que América latina, probablemente, se pierda la avalancha de turistas chinos debido al problema de las visas: muchos chinos que barajen la posibilidad de viajar a la región querrán visitar más de un país y, tal vez, sean desalentados por el costo de obtener varias visas diferentes.

Mi opinión: En vez de firmar declaraciones grandilocuentes proclamando la definitiva integración latinoamericana, los líderes latinoamericanos deberían seguir los pasos de Europa.

La UE se inició con acuerdos concretos de intercambios comerciales de carbón y de acero, que luego fueron ampliados para incluir cada vez más productos. Luego se acordó la libre circulación de personas, la moneda común y ahora se crean un servicio exterior y una presidencia común. Los países latinoamericanos, con su potencial turístico, deberían emitir una visa común antes del Mundial de 2014, como preludio necesario para atraer millones de turistas asiáticos más adelante. Eso serviría más para crear empleos y reducir la pobreza que miles de discursos.

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