Hacia nuevas formas de participación

Contra las apariencias, los gobiernos de Carlos Menem y los Kirchner muestran varios parecidos, incluyendo la costumbre de colocar en puestos clave a jóvenes modernos, sonrientes y neoliberales; y la vocación por decidir en secreto, sorpresivamente, y de espaldas a la sociedad.

Luego de la reciente debacle electoral, la Presidenta insistió con el primer parecido, pero (oh sorpresa!) convocó ayer -sorpresiva y discrecionalmente ¿ al diálogo político. Un punto a favor de la Presidenta.

Se trata de una iniciativa que contradice las primeras y penosas reacciones post-electorales (reivindicación del INDEC, sostenimiento de las figuras más insostenibles del gobierno), y merece por tanto una bienvenida. Sin embargo, cabe marcar algunas salvedades.

En primer lugar, este gobierno ya hizo algún otro llamado al diálogo (luego de la derrota de la resolución 125), que por su propia responsabilidad se disolvió en instantes.

En segundo lugar, en su brevedad, este llamado insiste con una idea poco atractiva (aunque reivindicada por algunas de las principales espadas del gobierno, incluyendo al vicejefe de Gabinete, Abal Medina): el sistema político funciona mal porque los partidos políticos se han debilitado, y por lo tanto, para que funcione bien, corresponde fortalecer a los partidos. Por supuesto, debemos alentar toda medida que ayude a democratizar a los partidos, pero sin equivocarnos.

El nacimiento, auge y actual crisis de los partidos se deben a razones históricas irreversibles. Hoy, como en el tiempo por venir, la política va a girar sobre todo por fuera de los partidos, y no hay que alarmarse con ello.

Más que atrasar el reloj, corresponde abrir las puertas a las nuevas formas que asuma la participación ciudadana.

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