Hacia dónde va la economía argentina en perspectiva global

Por Eduardo Luis Curia

Economista

A nivel mundial, da la impresión de que la crisis se acercó a su piso, atisbando algunos rebotes localizados. Claro, los mercados especulativos tienden, por momentos, a sobreactuar al respecto. Se daría una desaceleración de la caída de los indicadores, aunque esta lectura no es compacta ni el cuadro mundial homogéneo. De cualquier manera, sin mucha precisión de entidad y de plazo, podría arriesgarse la hipótesis de un leve repunte en el ámbito internacional a cierto tiempo vista.

¿Qué implica esto para nosotros?. En rigor, el mejor criterio sería que apuntáramos a acoplarnos lo más adecuadamente que fuera posible a ese fenómeno buscando, de paso, atender a nuestros objetivos domésticos. Aun enfatizándose éstos, nuestra inserción mundial, y en especial la fórmula aplicada, es un tópico esencial.

Lo que es evidente es que el concretar aquel criterio no es algo automático ni un corolario de la instancia mundial. El sobrecrecimiento de 2003 (2002)-2007, aun ayudado por las circunstancias mundiales, se asentó sobre la convicción propia asociada al modelo competitivo productivo. A la vez, el proceso de desgaste ulterior, que marca una fuerte desaceleración -ubicada en una zona intermedia entre los datos que buscan forzar el optimismo y los que traducen una acuarela trágica-, no es enteramente imputable a resortes exógenos, sino que también reconoce causales endógenas. Ya antes de la radicalización de la crisis el modelo venía rengueando y, en cuanto a la pronunciada fuga de capitales, parte de la responsabilidad es nuestra.

Lo ideal es intentar un repechaje interno que decantara en un acople con ese posible repunte externo. Esta sería la ‘línea de trabajo’ para el sistema político a partir del 29 de junio. En rigor, el reto económico perfilado es muy recio. Llegamos justo a los comicios, con un equilibrio de vuelo bajo y hasta transitorio. No hay que descartar que la caída económica esté atenuándose (la recaudación de mayo ofrece algunos puntos para reflexionar), pero, finalmente, el desafío se ventila post comicios.

Hasta tal punto importa la instancia post electoral que, incluso algunos aspectos que funcionaron relativamente bien en el contexto, como la conducta del empleo, pueden verse mas afectados hacia delante sino se actúa rápida y adecuadamente. Recientes datos oficiales sobre el empleo-desempleo ‘cierran’ en tanto el cuentapropismo se erigiera en el colector universal de los deslizamientos ocupacionales sucedido en otros ámbitos. En verdad, aparte del análisis de plausibilidad sobre esta tesis, el tener, en su caso, que bancar más despidos en las áreas más formales no luce entretenido.

Al arrastrar variables desencuadradas, sin olvidar el proceso de fuga de capitales perjudicial para hacer política económica, el carácter de urgencia y de contundencia de las respuestas necesarias es obvio. En el límite de lo malo, tendríamos una anemia muy dolorosa. Tampoco subyuga la tentación del pedaleo buscando minimizar el tratamiento de los desencuadres (incluida la defensa del irrealismo cambiario) gracias a una milagrosa ayuda externa poco condicionada, como discutible método de ganar tiempo. Están también los que predican la vuelta a los mercados y círculos financieros internacionales a modo de una premisa dogmática más que pragmática. Traducido: más que resolver una innecesaria retracción financiera internacional en el plano funcional, lo que se pretende, en perspectiva, es restaurar el negativo esquema noventista del apalancamiento financista externo y del cambio bajo.

En realidad, el reciclaje del modelo competitivo productivo es lo preferible. Una opción, ésta, que no nos está vedada a nivel mundial y que conjuga mejor los objetivos internos -actividad, empleo, etc.- y externos. Pero, el esfuerzo aquí exigido no es trivial: reclama retomar la visión auténtica del tipo de cambio competitivo dentro de un programa global dirigido al reencuadre de variables, a corregir errores y a circunscribir conflictos poco útiles.

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