Hacia una democracia plebiscitaria en la ciudad

A estas alturas del conflicto que mantiene con el gremio municipal, sólo dos certezas le asisten a Daniel Giacomino: que el 68% de la gente votó contra el Suoem en las últimas elecciones y que, muy probablemente, la democracia plebiscitaria no sea un resorte exclusivo de Hugo Chávez o Evo Morales.
El hecho que haya vuelto a insistir en su proyecto de consulta popular para limitar el poder del Suoem, ilustra sobre el exacto lugar que ocupa esta idea en el diseño del futuro sistema político municipal.

Hace ya tiempo que Giacomino está jaqueado por dos factores interdependientes: el primero, una onerosa planta de personal, claramente sobredimensionada y heredada de Luis Juez; el segundo, una fuerte presión gremial por mantener incólumes sus "conquistas", también robustecidas por el facilismo del ex intendente. Ambos condicionantes le resultan cada vez más difíciles de afrontar, tanto en el campo financiero como en el político. Las pruebas son concluyentes: a menos de dos años de iniciar su gestión, ha tenido que implementar draconianas medidas de contención del gasto y librar una batalla de alcances insospechados con su antecesor para garantizar su propia supervivencia al frente del Ejecutivo municipal.

Hasta el momento, la contienda no le ha sido gratis, pero al menos ha demostrado que es capaz de arreglarse con lo suyo. Si bien es cierto que ha perdido la gran mayoría de los concejales del Frente Cívico y que tan sólo uno de los tribunos de cuentas le responde razonablemente, no es menor el hecho que continúa gozando de un apreciable margen de apoyo en la opinión pública. Y que ha sabido utilizar esta ventaja con habilidad digna de un veterano.

Tanto Rubén Daniele como Juez fueron, en plena campaña electoral, víctimas de esta súbita experticia política del intendente. Supo denunciarlos ferozmente como integrantes de una entente destinada a desestabilizarlo, y hasta logró la hazaña de convencer a buena parte del electorado que el desastre de la ciudad era responsabilidad directa de ambos conjurados. De hecho, Giacomino fue el gran elector de la campaña, un elector negativo, es cierto, pero de importante gravitación en sus resultados.

Dostoyevski desesperado

Pero, y más allá de los aciertos tácticos del intendente, la amenaza de fondo continúa irresuelta. Los reclamos gremiales están lejos de aplacarse y, según pudo escucharse en la asamblea de ayer, su conductor no parecía esforzarse en demasía para recomponer su relación con el titular del Ejecutivo. – "Vayan preparando el Decreto 2228 porque vamos a hacer que se lo pierdan por el culo", fue la amable filípica que sintetizó la vocación de diálogo de Daniele.

Lamentablemente, en esto tiene razón. Si Giacomino no hace nada rápido, tendrá que hacer precisamente lo que el secretario general le sugiere, para espanto de la ciudadanía y angustia de los funcionarios. Hemos advertido en más de una ocasión que, gracias a la estabilidad laboral de raigambre papal de la que gozan los empleados municipales, es prácticamente imposible recurrir a ninguna amenaza viable. Sólo por el hecho de aguantar un poco más y resentir cotidianamente todos los servicios públicos los delegados gremiales se aseguran que, en algún momento, el intendente deba aflojar.

Para desesperación de Fedor Dostoyevski, en la Municipalidad nunca existió algo parecido a aquello de "Crimen y Castigo".

La novedad es que hace rato que Giacomino ha comprendido la esencia perversa de este juego, imposible ganar con el mero hecho de apelar a la institucionalidad. Ni siquiera con la nonata ordenanza de Ramón Mestre, también destinada a limitar el gasto salarial, podría hacer gran cosa, pues el actual quebranto financiero la transformaría en papel pintado a poco de ser aprobada. Nadie puede ayudarlo en serio, excepto los cordobeses. Son los mismos que aceptaron la teoría del pacto Daniele - Juez en las pasadas elecciones.

Chavismo en la lona

Las esperanzas del intendente depositadas en sus conciudadanos no son fútiles. Como bien lo expresara LA MAÑANA en su edición del 29 de junio pasado, una mayoría agravada votó contra el Suoem, eligiendo a candidatos críticos con la metodología gremial y con su benefactor juecista. Si la Justicia Federal no hubiera liquidado las intenciones originarias de llevar adelante la proyectada consulta popular el mismo día de los comicios, el Lord Mayor podría haberles asestado un cross digno de Ringo Bonavena.

Pero la oportunidad de hacerlo se mantiene intacta. Giacomino sólo debe firmar un decreto para convocar a la ciudadanía a expresarse sobre el asunto. El gran límite es fáctico, y consiste en la histórica ineficacia municipal para organizar una votación razonable, pero esto de ningún modo es insubsanable. De yapa, probablemente tendría un buen número de dirigentes de muchos partidos interesados en darle una mano para liquidar el problema. La imposibilidad de ser reelecto lo convierte un inofensivo colega procurando asegurar el bien público, y muchos pueden estar tentados a suponer que esta consulta constituye una inversión de largo plazo para sus intenciones de gobernar una ciudad más sustentable hacia 2011. Tiene que ayudarlos a que le ayuden sin que se note demasiado. Además, es peregrino decir que, en este trance, el Suoem no tendría mayores apoyos.

Por lo tanto, el recurso a una suerte de democracia plebiscitaria es el único expediente que le queda para asegurar la gobernabilidad y mantener las expectativas sobre su gestión. Con el juecismo conspirando abiertamente, el radicalismo pensando en sucederlo y el peronismo preocupado en mantener la provincia en orden, no le quedan más opciones de recurrir a la opinión pública y mantener un diálogo directo con los votantes. A diferencia de Germán Kammerath (también asediado por el Suoem y aislado de apoyos políticos relevantes), el intendente cuenta con un apreciable respaldo popular, y no ha tenido pelos en la lengua para explicar crudamente por qué el municipio se ha vuelto ingobernable. Es como Hugo Chávez, pero en la lona. Aquél legitima sus arbitrariedades con el voto plebiscitario, mientras que Giacomino necesita una muleta pública para seguir caminando. Cosas del destino: mientras que Venezuela y Bolivia piden aclamaciones electorales para avalar verdaderos fait accompli, en Córdoba se necesita consultar al pueblo para mantener a raya a los empleados públicos. Una buena imagen de quienes son los débiles y quienes los poderosos en esta Ciudad desquiciada.

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