Hacete ateo.

BANFIELD 5 - INDEPENDIENTE 0: Gallego dijo que creía en este Independiente pero su equipo cosechó otra goleada, un papelón más y un refrito de insultos. Banfield lo agujereó de la mano de Silva y Fernández y se olvidó del descenso.
No hay milagro que salve a Independiente, porque es imposible que un equipo que no cree en sí mismo pueda ser salvado. Ya es bastante obvio que ni siquiera Américo Rubén Gallego puede purgarle el alma a este grupo que le tiene fobia a jugar de visitante y cada vez que sale del Ducó termina goleado, y golpeado. Porque, ¿qué otra forma hay de explicar esta conducta de un Rojo que vislumbra un renacer de local, pero a la fecha siguiente vuelve a ser un alma errante que no sabe dónde va? Así pasó todo el torneo, y ayer fue más de lo mismo, con la salvedad de que Banfield hasta le tuvo piedad y no le hizo más de cinco goles porque paró la máquina; y porque Maglio fue benevolente al no expulsar a Tuzzio y terminar el bochornoso partido antes de los 45.

A esta altura ya parece patológica la actitud de este plantel en el Clausura. Independiente se volvió a arrastrar en terreno ajeno, en este caso el Florencio Sola. No es casualidad que no haya ganado de visitante en todo el torneo (ojo, este síntoma lo trae del Apertura) y que de las 20 unidades que tiene, 19 las haya sumado de local. No es un capricho del destino que hace más de un año no tenga ni idea de lo que se siente conseguir dos triunfos al hilo. Porque, la verdad, Independiente no tiene identidad. La identidad que mostró Banfield ayer para ser un equipo solidario, compacto y con un objetivo en común: se olvidaron de la Promo. Una muestra: no bien en el Taladro perdían la pelota, todos volvían enseguida para marcar; del otro lado, y ante la misma situación, lo hacían al trotecito y que se arreglen.

Independiente no tuvo actitud ni sacrificio ni reacción, ni siquiera desde la utilería. ¿Cómo se explica que Mancuello haya salido a la cancha con el 28 en el pantaloncito y el 16 en la camiseta? Es más, en el banco se avivaron del error a los cuatro minutos del primer tiempo y lo corrigieron ¡porque el colega de radio La Red le avisó al delegado del plantel por handy! Sí, aunque usted no lo crea. Si hasta al propio presidente se niega a seguir viéndolo...

Y encima, no importa quién juegue, la realidad es pésima. A saber, Gallego usó 29 jugadores en diez partidos y no le encontró la vuelta. Redujo el plantel para trabajar mejor, pero en la cancha no se notó. Y vamos de atrás para adelante para dar ejemplos. La defensa se cansó de meter la pata: Sebastián Fernández picó una, dos, tres y cuatro veces a la espalda de Rodríguez, entró al área, mandó el centro, Gioda se fue al fondo a marcar la nada y lo dejó a Silva solito en la puerta del área chica para que meta el 1-0. Ah, y ¿Tuzzio dónde estaba?). Más, ¿cómo van a dejar en un córner en contra solo a Víctor López que te cabecea hasta una piedra? 2-0. En el 3-0, todos le tomaron la patente a Papelito Fernández y vieron como hacía firuletes ante la salida desesperada de Assmann. Y, para qué contar el cuarto y el quinto si fue más de lo mismo.

Para colmo, el medio de Independiente, que debería ser el punto de equilibrio de un equipo, fue zona liberada para que Bertolo, Bustos, Raymonda y Erviti -que se desdoblan muy bien y son absolutamente solidarios- hagan y deshagan a su antojo. ¿Y arriba? Gandín corría pero no le llegó una. Y Montenegro (el único que salva al Rojo cuando está iluminado) parecía que seguía en Quito: la pelota nunca le dobló.

Claro que, ante este panorama, el Banfield de Falcioni era el Barcelona y Fernández, Messi. Sabía Pelusa que podía pasar por encima a este Independiente si le metía un gol rápido y conjugaba presión en la mitad de la cancha y pases precisos a las espaldas de los defensores. Y así lo hizo. A los ocho minutos ya había dado la estocada y ahí se acabó el partido porque el Rojo se murió.

Tal vez como motivación, Gallego dijo tras la caída en River que creía en este Independiente. Pero, lo dicho, no hay milagro que salve a este equipo que no cree en sí mismo, que hasta sus propios hinchas le perdieron la fe y que en breve quedará desmantelado por este técnico.

Hacete ateo.

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