Hacerse cargo del pasado cercano también es una responsabilidad política.

Analizando las declaraciones de la concejal Cristina Labernia, perteneciente a la UCR, quien en su análisis del discurso de la Presidenta de la Nación en la apertura de la Asamblea legislativa, dice “habló del pasado, poco del presente y muy poco del futuro”, se nos ocurren algunas reflexiones: Los que hemos tenido responsabilidad política durante muchos años en este país no podemos negarnos a analizar el pasado y sobre todo el pasado tan cercano del que hemos sido parte y que nos dejó un país destruido que costó mucho esfuerzo a este gobierno y a todos los argentinos volver a reconstruir.
No podemos olvidarnos de un país que se incendiaba en el año 2001-2002 con un gobierno del mismo signo político de los que hoy critican. Continuidad de otro de 10 años que también usó las mismas recetas. ¿Nos olvidamos del quiebre institucional con la renuncia de un Vicepresidente que se fue por no poder vencer la corrupción instalada en el Senado de la Nación, que denunció y no tuvo respaldo para sanear? ¿Nos olvidamos de los ajustes permanentes que ese mismo gobierno, que se fue en helicóptero, realizó con los que menos tienen: ajustó el presupuesto de educación, quitó el 13 % de sus haberes a jubilados y trabajadores, cumpliendo a pie juntillas con las recetas del Fondo Monetario Internacional, continuando con la aplicación de un modelo económico neoliberal que ya había devastado el país con la teoría de la regulación del mercado y la desaparición del estado?. ¿Nos olvidamos de que este país saqueado, donde se destruyeron las fuentes de trabajo, donde la desocupación era mayor al 22%, donde la pobreza y la desprotección social alcanzaron a más del 50% de los argentinos, es el que tuvo que asumir el Frente para la Victoria en el año 2003? ¿Nos olvidamos de que una vez más se habían quebrado las esperanzas del pueblo, que saliendo a la calle defendiendo su derecho tuvo sus muertos por la represión? Que la Presidenta recuerde estos últimos 6 o 7 años de nuestra historia ante una crisis que si bien no fue generada por los argentinos, nos puede tocar fuerte, para mostrar entonces que salimos de aquella, con responsabilidad, con esfuerzo, con inteligencia y, sobre todo, con cooperación y solidaridad, también hoy podemos demostrar que lograremos seguir creciendo, seguir siendo respetados como país con un modelo que dio los resultados hoy reconocidos por los argentinos. Todos sabemos que si no podemos analizar el pasado, no tendremos futuro. ¿Es realmente hablar poco del presente cuando se describe la situación actual del país que a muchos les cuesta reconocer? ¿Es poco describir en este momento de crisis mundial el estado de nuestra economía, con un crecimiento consecutivo desde el año 2003 al año 2008, el más importante de los últimos 200 años; un país que pasó de una tasa de desempleo del 25% a un 7,3%; un país en el que, por primera vez en la historia, sus jubilados no fueron variable de ajuste sino por el contrario recibieron un aumento más que justo, como los que se vienen produciendo a lo largo de estos 6 años. Un país que pudo rescatar con su ley de moratoria previsional más de 1.800.000 ciudadanos a los que los modelos anteriores habían dejado fuera de la producción y el trabajo y, por ende, con la imposibilidad de jubilarse. Un país que logra por primera vez una Ley de financiamiento educativo y una nueva Ley de educación nacional que es reconocida como de avanzada donde los docente pueden discutir en paritarias el salario digno que merecen, donde se inauguran nuevos edificios escolares todos los días, donde la calidad educativa se prioriza por sobre los ajustes de presupuesto. ¿Qué canal estamos mirando cuando decimos que no nos ocupamos del presente? Quedan deudas pendientes, eso es real, producto del estado en que se recibió el país y del modelo que se aplicaba. No es raro entonces que desde 2003 a la fecha el presupuesto de políticas sociales de inclusión se haya incrementado en un 510%: más de 10.000 millones de pesos para el corriente año. Un país donde se ha puesto en marcha el plan de obras públicas más importante de la historia como parte de la reactivación del empleo y del que, sin dudas, Saladillo será parte. Y hablar del futuro ¿Qué no quedó claro? Que estamos ante la crisis más profunda en el mundo de los últimos 100 años y que sí podemos salir, si nos unimos con responsabilidad, vocación, sin mezquindades políticas. Es aquí donde la dirigencia política de todos los sectores tendrá que apostar a dejar de lado los intereses partidarios para priorizar los intereses de todos los argentinos; muy mal nos irá si no asumimos que no podemos apostar al desgaste del gobierno sino a consolidar, desde todos los ángulos, las instituciones democráticas. Si bajamos estas reflexiones al nivel local, también los legisladores locales necesitamos recorrer. Recorrer los barrios donde la obra pública es escasa, más del 40% de la población aún no cuenta con servicio cloacal, falta asfalto, las calles de tierra necesitan mantenimiento. Los canales a cielo abierto contaminan y son un peligro para la salud de la población. La prevención en salud está limitada a campañas gr{aficas. La inseguridad que genera la violencia social está a la orden del día; las políticas públicas para la niñez y adolescencia integrales e integradoras no se terminan de programar; los planes de vivienda y compra de terrenos aparecen sólo en el presupuesto, los programas de inclusión social quedan limitados a la asistencia individual, la generación de emprendimientos y PyMes se reemplazan por el apoyo a grandes emprendimientos que no cumplen con las fuentes de trabajo que prometen o se van del distrito. La única empresa municipal, el Vivero, ha sido prácticamente destruido. Todo esto desde un gobierno que lleva casi 20 años en el ejercicio de sus funciones, preguntamos, ¿los niveles locales no son responsables de la calidad de vida de sus vecinos? Esto nos tendría que llevar a entender que si reclamamos a un gobierno que lleva 6 años de gestión, tener saldada la deuda social y en el nivel local todavía nos quedan muchas deudas pendientes, éstas también pueden ser producto del análisis del pasado. Creemos que llegó la hora de plantearnos que la política pública concertada con la participación de la ciudadanía es la herramienta para los grandes cambios. La política partidaria será conveniente exponerla y cumplirla en el momento en que los ciudadanos deban elegir en las urnas. La crítica despiadada, los anuncios de catástrofes a diario y la oposición sin análisis o fundamento a cualquier iniciativa del Gobierno nacional, parece ser el camino que eligieron muchos de los responsables de una situación de la que pretenden culpar a la actual administración. Afortunadamente, las profecías temerarias e incumplidas de un sector de la oposición, precisamente, al que pertenece Cristina Labernia, se siguen acumulando y están a la vista de quienes decidirán, una vez más, apostar por la mesura, el desarrollo, el crecimiento y la profundización de un modelo que, aún ante las mayores dificultades, ha sabido administrar, enmendar, corregir, transitar y avanzar en el camino elegido.

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