Qué hacer en el Congreso

Qué hacer en el Congreso
La división de las fuerzas de centroizquierda en Diputados al momento de elegir las autoridades de la Cámara generó una polémica que se reflejó en estas páginas con las opiniones de Alcira Argumedo y Rubén Dri. Dos diputados continúan el debate.
Por Victoria Donda *

Es posible vivir en un país más justo

Todos sabemos que nuestro país atraviesa una etapa crucial de su historia.

Por un lado, un gobierno nacional preso de las condiciones que la estructura del Partido Justicialista le impone. Por el otro, diversas expresiones de la derecha que buscan el modo de reconstruir consenso social alrededor de los intereses de las minorías poderosas.

No obstante, estas viejas y tradicionales organizaciones políticas, no parecen tener claro que en la conciencia de las mayorías de nuestro pueblo aún está fresco el masivo repudio a sus recetas y prácticas. Situación que estalló en las históricas jornadas de 2001 y que acompañó el ascenso y descenso de un proyecto "nacional", que si bien dijo mucho, hizo bien poco para renovar la política, promover la participación popular y construir un instrumento político transformador.

Las organizaciones como a la que pertenezco, trabajan hace años contra viento y marea por construir en la Argentina una fuerza popular capaz de desarrollar poder desde abajo. Lo hacemos en dirección de recuperar nuestra soberanía como Nación, revertir la injusta distribución del ingreso y retomar el control de nuestros recursos estratégicos. No podemos de ninguna manera inmovilizarnos o resignarnos.

En las últimas elecciones, más de un millón de argentinos y argentinas dieron fe en las urnas de la falsedad del silogismo "K o la derecha". La actual composición del Congreso lo refleja con claridad: sin el progresismo, sin las fuerzas del campo popular, no podrán aprobar proyectos, ni el PJ ni el amplio espectro que podríamos situar a su derecha, salvo claro está, que se pongan de acuerdo entre ellos.

Porque, a decir verdad, el kirchnerismo le hizo un favor en estos días al macrismo para que no pierda el control de las comisiones estratégicas en la legislatura porteña. Al mismo tiempo, la UCR acordó con el PJ-kirchnerista una reforma política proscriptiva en la provincia de Buenos Aires. También por estos días. Y por qué no decir, por último, que existe una extraña similitud entre las declaraciones del nefasto nuevo ministro de Educación de la ciudad, el señor Posse, y el espíritu del Código Contravencional, persecutor de pobres y rebeldes, del gobernador K, Daniel Scioli.

Nos invitan a sumarnos al coro de abyectos y observadores temerosos de un país en donde los que sufren a esta clase dirigente son los más humildes.

Gracias, pero eso no es lo nuestro.

* Diputada nacional. Movimiento Libres del Sur.

Por Ariel Basteiro *

La trampa del método

Generó sorpresa ver a la novel diputada Alcira Argumedo reconocerse –sin ruborizarse– parte de esa "heterogénea y contradictoria oposición", ese conglomerado de liberales de derecha, peronistas disidentes, pros, radicales de distinta cepa, procesistas, demócratas progresistas, demócratas mendocinos, algunos socialistas, duhaldistas, etc. A confesión de parte relevo de prueba, diría un abogado.

Lo anterior es más que contradictorio y ello se vincula directamente con la cuestión del método, con esto de que el fin justifica los medios. La conformación de esa alianza parlamentaria –porque eso es lo que es– sólo tuvo por objeto hacerse de alguna presidencia de comisión, creyendo que con eso podrán cambiar de un día para otro la realidad de la Argentina. No saben que lo que están abriendo es la posibilidad de que estos sectores manejen los destinos del Parlamento.

Para nosotros, para quienes hemos hecho todos los esfuerzos posibles para avanzar en la unidad de las fuerzas de izquierda representadas en el Parlamento, para quienes quisimos conformar un bloque grande, fuerte, autónomo y con capacidad para forzar el corrimiento a la izquierda de la agenda y las políticas públicas impulsadas por el Gobierno, la "metodología" que agrupa a esa oposición sólo contribuye a fortalecer las posturas de aquellos que critican al oficialismo por sus aciertos, los que con dilaciones y evasivas se resisten a atacar algunos núcleos duros del poder, los que piensan un país con monopolio comunicacional, sistema previsional privado, liberación de la exportación de materias primas y represión para los que vayan quedando fuera de dicho modelo.

Ahora bien, entendemos que no somos nosotros los dueños de la verdad y, por tal motivo, no buscamos enfrentarnos con quienes actúan según esta estrategia, sino con nuestros verdaderos enemigos. Es por ese motivo que sorprende la nota de Argumedo, su tono, su inquina, su nula vocación de construcción.

La incomprensible ingenuidad con que contribuye a construir un mundo dividido entre kirchneristas y no-kirchneristas es tan difícil de creer como de aceptar. Este surgimiento de un macartismo vernáculo es un riesgo enorme y aparece –como todo macartismo– absolutamente divorciado de la realidad: en un contexto latinoamericano de reposicionamiento de los sectores populares frente a la reacción de la derecha, es el momento para acumular y crecer, no para generar divisiones ficticias que obstaculizan toda posibilidad de avances relativos.

Cuesta no sentir bronca ante ciertos juicios de la novel diputada, difícil no leerlos como un desprecio a los 30 años de lucha ininterrumpida, de defensa de la clase trabajadora, el patrimonio nacional y los recursos naturales, de compromiso inquebrantable, de apuestas en tantos frentes de izquierda y de esfuerzos por construir la unidad de los sectores populares que tenemos sobre nuestras espaldas muchos de los legisladores que ella descalifica. Ella recién se sube a la palestra política y ya forja acuerdos con la derecha, cosa que jamás hicimos los socialistas bonaerenses. Por momentos, asoma cierta falta de humildad en algunas actitudes, como si quien recién desembarca en la arena política tras años de actividad académica no tuviera nada que aprender y, encima, pudiera dar cátedra de ética e ideología.

Tenemos un gobierno que –con contradicciones, vaivenes, debilidades– ha permitido cierta recuperación en temas tan importantes como el rol del Estado en la regulación de la economía, los derechos humanos y hasta en la instalación en la agenda mediática de la cuestión de la distribución de la riqueza. Paralelamente, enfrentamos un reagrupamiento cada vez más marcado y agresivo de la derecha vernácula, que ataca por todos los frentes, que hace constantes esfuerzos por imponer su discurso. Lo hace con Abel Posse, también con el código contravencional de Scioli.

Ante este escenario, las fuerzas progresistas y de izquierda tenemos la responsabilidad histórica de no permitir el avance de la derecha, así como también de profundizar las transformaciones iniciadas en los últimos años. Pero si perdemos nuestro tiempo y energía en una disputa entre nosotros, entonces perderemos todos, y cuando todos perdemos ya sabemos quiénes ganan.

Alguna vez el Che, icono de la lucha armada, le regaló un libro a Salvador Allende, icono de la lucha democrática, y en la dedicatoria le escribió: "a Salvador Allende, quien por otros medios busca lo mismo". Quizás en estos tiempos, que demandan temple e inteligencia, sería bueno volver a las fuentes.

* Diputado nacional. Bloque Encuentro Popular y Social.

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