Evo hace huelga de hambre para presionar por una ley electoral

El presidente boliviano busca forzar al Congreso, que debe aprobar la norma que habilita las elecciones adelantadas de diciembre. Estos nuevos comicios fueron aprobados por el 62% durante el referéndum constitucional de enero pasado.
Afecto a las jugadas de alto impacto, el presidente Evo Morales no sólo se declaró ayer en huelga de hambre -junto con decenas de dirigentes campesinos- sino que transformó al señorial salón rojo del Palacio Quemado en la sede de las protestas para que el Congreso boliviano apruebe una ley que habilite las elecciones adelantadas de diciembre próximo. "Frente a un grupo de parlamentarios neoliberales no nos quedó otro remedio", arengó el mandatario, quien suspendió un viaje programado a Cuba. Y en pocas horas, las aceitadas maquinarias sindicales y vecinales -apoyadas por una red de medios de comunicación estatales y comunitarios- se pusieron en marcha para llenar el país de piquetes de huelga, encendidos discursos contra los "oligarcas" y amenazas contra los parlamentarios.

Anoche la ley fue aprobada en general pero la oposición abandonó el recinto para frenar la votación definitiva. Aunque pintoresca para un presidente, el actual mandatario indígena no es el primer líder boliviano en apelar a esta medida extrema. El nacionalista de izquierda Hernán Siles Zuazo recurrió a ella dos veces, la última, en los convulsionados años ochenta para que lo dejaran gobernar.

"De repente el presidente Morales está un poquito gordo y su ropa de 1.500 dólares no le queda, por eso hace la huelga", se mofó el secretario de Autonomías de la Prefectura del departamento de Santa Cruz, Carlos Dabdoub. El nuevo presidente del Comité Cívico cruceño, Luis Núñez, dijo que Morales "instaló un circo de quinta categoría" y repitió una vez más que en Bolivia se está instaurando una dictadura "como en Cuba y Venezuela". El nuevo contrapunto entre el gobierno y la oposición surgió al momento de sancionar una nueva ley electoral que reglamente las disposiciones de la nueva Carta Magna, refrendada el 25 de enero pasado con el 62% de los votos. Los parlamentarios permanecieron encerrados en el Congreso por casi 24 horas en una sesión maratónica que incluyó insultos y golpes. Los opositores condicionan los comicios a la elaboración de un nuevo padrón electoral -al actual lo consideran fraudulento, pese al aval que recibió de los organismos internacionales-, rechazan que los residentes en el exterior voten el 6 de diciembre y buscan reducir el número de circunscripciones indígenas previstas en la nueva Carta Magna.

Pero desde el oficialismo consideran que es imposible reempadronar hasta fin de año a todo el país y acusan a la derecha -debilitada después del revocatorio, cuando Morales fue ratificado con el 67% de los votos- de buscar la suspensión de las elecciones por no contar con candidatos de peso nacional. Ayer, mientras ambos bandos se pintaban la cara para el combate, el ministro de Autonomías, Carlos Romero, informaba "acercamientos sustanciales" en la comisión de concertación. Pero en la tarde, el oficialismo forzó una votación en general y, en medio de insultos, la oposición dejó la sesión sin quórum. "Hay un chantaje de grupos radicales, respetaremos los acuerdos en la votación en detalle", buscó calmar los ánimos el vice boliviano y presidente del Congreso Álvaro García Linera.

Aunque el gubernamental Movimiento al Socialismo tiene mayoría en Diputados, la oposición controla la Cámara Alta, lo que le da capacidad de veto y de dejar sin quórum a la Asamblea Legislativa.Como forma de presión a un Congreso que caducará a fin de año, los parlamentarios oficialistas firmaron sus renuncias, con la amenaza de dimitir colectivamente y propiciar el cierre del Parlamento si se frena la norma electoral. De todos modos, Morales descartó ayer convocar a elecciones mediante un decretazo.

En medio de la polémica, el politólogo Carlos Cordero consideró a la decisión de Evo Morales una "extraordinaria jugada política", que reemplazó el típico cerco físico de los campesinos al Congreso por un "cerco psicológico", al menos por el momento. "Evo sigue los pasos de Cristo, se juega por los pobres", declaró un dirigente oficialista algo despistado: por primera vez, en los actos de esta Semana Santa no participarán las instituciones estatales dado que la Nueva Constitución boliviana establece el Estado laico.

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