Hace 35 años que gobierna un pueblo de Córdoba y los vecinos piden que se quede

Antes del Juan, todo esto era puro monte, un rancherío lleno de vinchucas. Ni luz ni agua teníamos", rememora Lucía "la Luchi" Basualdo de 69 años, una de los 480 habitantes de Los Molinos: la polvorienta localidad a 60 kilómetros al sur de Córdoba, en el Valle de Calamuchita.
"El Juan" es don Juan Carranza: un hombre que cumplirá 71 años en julio, y que desde hace 35 "desde el gobierno de (Héctor) Cámpora", es el presidente de la comuna. Toda una rareza en tiempos de candidatos que se postulan y hasta ganan cargos que saben a priori no asumirán, u ocuparán por pocos meses antes de saltar a otro. Pero la constancia no es el único mérito de Carranza: este vecinalista que tiene "un problema en los ojos" --una especie de fotofobia permanente que le impide ver bien- logró cambiarle la cara a su aldea "administrando el presupuesto de la coparticipación sin salirse de la raya". Carranza ejemplifica que "cada año, cuando van a empezar las clases, le pido a la directora que me escriba una lista de todo lo que va a necesitar. Vamos a una librería grande y compramos todo".

Así, de modo simple, el presidente comunal cuenta, mientras camina por el pueblo con un gigantesco llavero en mano, cómo remodeló la única escuela primaria; levantó el dispensario donde se provee de medicamentos gratuitos y construyó el salón comunitario "donde la gente se casa, baila, damos catequesis y velamos a los muertos". Cuando Carranza abre las puertas de la Iglesia que data de 1751, la cara se le ilumina: "También la restauramos. Aunque aquí tuvimos una baja -bromea¿ una pastilla de gamexane que usamos en la campaña contra los murciélagos nos quemó una virgencita".

Según Lalo Griffa, un contador cordobés que tiene en las afueras del pueblo su casa de fin de semana, "lo que le ha dado aún más apoyo de la gente es la gestión que hizo ante varios gobiernos para que se construyera el hotel". Se trata de un gigantesco, lujoso complejo de 4 estrellas rodeado de un campo de golf de 18 hoyos, en el que trabajan unas 60 personas de Los Molinos.

Un día en Los Molinos significa encontrarse con Rocío (12), que cuenta orgullosa que su mamá Victoria es moza en el hotel. Y poco después con la propia Victoria que, mientras sirve café en el lobby, completa la historia familiar.

En Los Molinos, el tema habitacional domina las discusiones. Los planes de vivienda que tantísimos gobiernos dejaron inconclusos, o sólo en promesas; encontraron en este hombre soltero, criado en una estancia de la zona, a la persona que les dio el soporte real para terminar la casa propia.

Ema de Martínez, que crió 8 hijos y tiene 65 años, agrega: "Mire, acá todos sabemos que cuando alguien necesita techar o para ladrillos; el presidente les presta su propia tarjeta de crédito. La gente saca de una ferretería donde "el Juan" tiene cuenta, y después le van devolviendo en cuotas". Así se levantó la casa "el Chavo" Peralta, un peón de campo a quien nadie hubiera dado un crédito. Ema es puro agradecimiento: "El Juan es de ésos que tienen que seguir vivos de por vida".

En 2002, cuando la crisis arreciaba, Carranza creó también el Banco de la Gente, que otorgó préstamos para microemprendimientos, hasta que la reserva final se destinó a la capacitación hotelera de 50 personas en una universidad cordobesa. Por estos días, este hombre que está más allá de una clase política donde el oportunismo y lo efímero parecen regla; está construyendo una terminal de ómnibus: está convencido de que "la puerta de una casa dice mucho de quienes viven adentro".

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