Se habría vendido un típico hotel

La versión sobre el añejo edificio circula por Mar del Plata desde hace días e incluso se publicó como noticia en una página web, pero no existe confirmación oficial. Vinculan como comprador a un allegado al ex presidente Néstor Kirchner.

El edificio del Hotel Hurlingham, emplazado sobre Boulevard Marítimo frente a la bahía de Varese, habría sido vendido por 6 millones de dólares y se señala como comprador al ex chofer del ex presidente Néstor Kirchner, Rudy Ulloa Igor. La versión sobre la venta del añejo edificio circula por la ciudad desde hace días, incluso se publicó como noticia en una página web local, pero no existe confirmación oficial. La versión que se escuchó en concurrido café de la zona de la calle Güemes indica que el señorial hotel, que conoció épocas de esplendor, habría sido vendido por el Sindicato de Empleados de Comercio "por muy bajo precio a un tal José, y que ese personaje lo vendió por 6 millones de dólares y fue él que hizo la diferencia". De acuerdo a información recabada en el sector inmobiliario, ese valor se corresponde con "el lote, por la zona en la que está emplazado, porque estructuralmente hay que hacerlo todo nuevo", explicó una fuente vinculada al mencionado ámbito. Incluso, como para afirmar la teoría de la venta, la misma fuente señaló que "no le renovaron el contrato a Jazz", el tradicional bar ubicado pegado al hotel. Según la misma fuente, el futuro de ese predio estaría ligado o con un hotel cinco estrellas o con un shopping y paseo de compras. El establecimiento está emplazado en Boulevard Marítimo Peralta Ramos 4063, entre Carlos Pellegrini y Bernardo de Irigoyen, frente a Varese. La construcción original se levantaba sobre un lote de 1.936 metros cuadrados, con una superficie cubierta de 8.365, poseyendo también frentes sobre las calles Pellegrini y Gascón. En 1948 fue adquirido por el gremio de Empleados de Comercio, ya que en esa época estaba en auge el llamado "turismo social", que se gestó a partir del ´46 con el peronismo en el poder, cuando millones de trabajadores comenzaron a gozar de aguinaldo y vacaciones y lograron cumplir el sueño de instalarse sobre la arena de la casi mítica playa Bristol. Con el advenimiento de los sindicatos, los hoteles gremiales se fueron sumando a las plazas ya existentes en la ciudad, a la vez que el Hurlingham ganaba prestigio con los eventos sociales y espectáculos de diversa índole. Pero como todo tiene un fin, el esplendor del Hurlingham fue decayendo hasta que a principios de la actual década se lo alquilaba a contingentes turísticos del interior del país por medio de agencias de turismo. Ya en la temporada 2004/ 2005 se clausuró ante serias irregularidades edilicias, decisión tomada por la Dirección de Inspección General de la comuna local.

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