No habrá interpelación a Silva, ni a nadie, porque el FCS no dialoga con nadie

Las interpelaciones no son más que trámites por lo que una Legislatura obtiene información directamente de un funcionario del Ejecutivo, sobre una situación o la política del gobierno o de tal ministerio en algún campo; sobre esa posibilidad prevista constitucionalmente nada habría que objetar. El FCS objeta a la oposición.
De más esta decirlo, hoy no habrá interpelación al ministro Javier Silva, porque el oficialismo negociará la ausencia de algún diputado "opositor" o porque sencillamente el joven ministro no se presentará.

Pero más allá de la razón puntual por la que Silva vuelva a negarse a exponer ante los diputados de la provincia sobre la situación o la política del gobierno en materia de seguridad o de otras cuestiones eminentemente políticas, como puede ser la situación conflictiva en varios municipios del interior, sobre lo que no hay nada que objetar, el FCS si objeta una cuestión básica a la oposición.

Las interpelaciones no son más que tramites por lo que una Legislatura obtiene información directamente de un funcionario del Ejecutivo sobre una situación o la política del gobierno o de tal ministerio en algún campo; sobre esa posibilidad prevista constitucionalmente nada habría que objetar.

Las interpelaciones, entre otras formas de entendimiento político, fracasan en la Legislatura catamarqueña porque el Frente Cívico, la dirigencia radical que gobierna la provincia desde 1991, le niegan a todo el que piense distinto la posibilidad de hacer oposición constructiva para el bien común de la provincia.

Se equivoca cuando generaliza, en algunos casos tendrá razón, pero es el oficialismo quien debe aclarar a quien se refiere, al peronismo barrionuevista, al saadista, al kirchnerista o ahora al jalilismo radical; Gigantino mismo podría tener alguna posición diferente al rancio radicalismo que gobierna la provincia.

El gobierno radical aspira al diálogo político de sordos y mudos, uno en el que la oposición, para ser decente, no cuestione nada, un dialogo en el que los gobernantes no escuchan nada.

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