"No habrá bases de EE.UU. en Colombia"

Lo dijo el viceministro de Defensa a LA NACION
Nada más lógico, para Bogotá, que fortalecer una cooperación militar fructífera con Washington que lleva años en vigor. Nada más lógico, para Caracas, en la mira tras el descubrimiento de que las FARC tenían armas venezolanas compradas a Suecia, que intentar desviar el foco del debate y denunciar como una "amenaza" a su soberanía el establecimiento de bases norteamericanas en Colombia.

Pero ambas lógicas, de naturaleza muy diferente, obligaron a Bogotá a lanzar un esfuerzo diplomático inusual para tratar de explicar a los gobiernos de la región en qué consiste el aumento de la ya profunda cooperación militar que mantiene con Estados Unidos.

También para intentar poner de nuevo sobre la mesa el debate sobre los lazos entre Venezuela y las FARC, según admiten altas fuentes del gobierno colombiano, que citan permanentemente el artículo de The New York Times que acaba de denunciar que el presidente venezolano, Hugo Chávez, sigue cooperando con los guerrilleros colombianos, incluso en la compra de armamentos.

"No va a haber ninguna base norteamericana de ningún tipo en Colombia", dijo a LA NACION desde Bogotá el viceministro de Defensa de Colombia, Sergio Jaramillo. "Las bases seguirán siendo controladas por un comandante colombiano; habrá seguridad colombiana y la propiedad seguirá siendo colombiana, ni siquiera se trata de un comodato. El acuerdo supone permitirle a Estados Unidos utilizar las instalaciones. Nada más", añadió.

En la misma línea, el ministro de Defensa interino, general Freddy Padilla, había afirmado anteayer, durante la Conferencia de Seguridad de América del Sur, que "nadie, salvo los terroristas y narcotraficantes", debe temer por la cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos. También señaló que de las siete bases a las que tendrían acceso las fuerzas estadounidenses, la de Palanqueros sería la que se utilizaría como centro de operaciones.

Malestar con Brasil

Pero, terciando en el constante conflicto bilateral colombiano-venezolano (trilateral, si se considera a Ecuador, aliado de Caracas), apareció de improviso Brasil, que también cuestionó el acuerdo negociado por Bogotá y Washington y que se presenta, desde Colombia, como "la profundización natural del Plan Colombia" (unos 700 millones de dólares al año aportados por Washington) y como la cobertura del "agujero negro" que dejó el cierre intempestivo de la base de Manta, utilizada para la lucha antidrogas, por parte del gobierno ecuatoriano.

En Bogotá se lee la actitud de Brasil como una muestra de sus ambiciones de liderazgo regional. También hay cierta molestia en Bogotá con el gobierno de Lula porque, según afirman las fuentes, "regionalizó" una polémica con Venezuela al llevar el tema a la Unasur.

Otro cantar hubiese sido, según recalcan, si Brasil hubiera pedido más información por los canales diplomáticos. También les molestó la acusación de "militarista", que ha sobrevolado en estos días en referencia a Bogotá.

Colombia tiene fragatas alemanas de 30 años de antigüedad y aviones israelíes de la vieja generación, mientras que "Brasil quiere desarrollar un submarino nuclear y cazabombarderos de quinta generación", afirman las fuentes en Bogotá.

"Pero lo que es sumamente preocupante es el armamento de Chávez, y Brasil ni siquiera ha hecho un comentario de eso -añaden-. Por ejemplo, los misiles tierra-aire SA-24 rusos en poder de Venezuela son de los más avanzados, y nos preocupa que terminen en poder de las FARC."

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