Habla Mengo: “Soy un chivo expiatorio para ocultar a los verdaderos evasores”

Está acusado de ser el jefe de la banda que reclutaba a indigentes riocuartenses para evadir impuestos del campo. Criticó a Valentinuzzi porque, según dijo, lo inculpó por una llamada anónima y dijo que la Afip no presentó ninguna certeza. Aseguró que no conoce a los demás imputados y que jamás evadió.
“Tengo 48 años, siempre me dediqué a la actividad agropecuaria y no sé qué hago acá”. Atilio Mengo es empresario y está preso en la cárcel de Bouwer. La Justicia Federal de Río Cuarto lo acusa de ser el cabecilla de la banda que reclutaba a indigentes en los barrios periféricos y los usaba como pantalla en la compra y venta de cereales para evadir cifras millonarias en impuestos. Cayó hace 30 días, después de estar prófugo durante cinco meses. Jura que sus empresas, que operaban en Córdoba, no evadían y que sólo es un chivo expiatorio.

Está en el pabellón MD2, en una celda individual, con presos de alto poder adquisitivo. Comparte sus días con dos abogados que le ayudan a estudiar la causa, un fiscal que cayó por la causa del Registro Civil de Córdoba y un médico que mató a su esposa.

Muy cerca, purgan sus penas Luciano Benjamín Menéndez y otros 12 militares encarcelados por crímenes durante la dictadura.

Le dicen “El Tili” Mengo, es de Río Tercero, y llegó a manejar 500 mil pesos por día en sus empresas agropecuarias, FLG y Soybeans, que ahora están sospechadas por evasión. Solía conducir un fastuoso Audi A8 y posee una bella casa en el Cerro de las Rosas, en Córdoba. Asegura que no tiene ninguna vinculación con la gente de Río Cuarto con la que, supuestamente, integró una asociación ilícita durante al menos cinco años.

Son las 14.40 del miércoles. Mengo entra a la sala de abogados donde se hará la entrevista. Nada de fotos, dice el acta que firmó antes de aceptar el diálogo con PUNTAL. Tampoco la jefatura de Bouwer deja que el fotógrafo ingrese al pabellón.

El empresario lleva un pantalón de jogging gris y una remera blanca y gris. Usa zapatillas Nike. Hasta hace cinco meses, tenía una empresa con 20 teléfonos que ardían. Llamaban productores que querían vender cereales y clientes que buscaban comprar. Mengo unía las dos puntas.

- Primero, cuénteme quién es usted

- Tengo 48 años y toda mi vida hice exactamente lo mismo. Siempre estuve vinculado a la actividad agrícola y no sé qué hago acá.

- ¿Por qué cree que terminó preso?

- No sé. Al no haber evasión en el impuesto al IVA, ni el impuesto a las Ganancias ni en el impuesto al cheque, no entiendo. Primero, en cuanto al impuesto al cheque, la alícuota de nosotros, los intermediarios en el negocio de granos, no es del 1,2 por ciento como paga cualquier sujeto común sino del 0,15 por ciento. Cuando te ingresan las cobranzas del comprador del producto, el banco te hace la retención del impuesto al cheque. Cuando emitimos los pagos, ese pago paga el débito correspondiente al impuesto al cheque. O sea que no hay evasión del impuesto al cheque.

Además, cuando el comprador nos paga el producto que recibimos el mandato para vender, el adquirente nos retiene impuesto a las Ganancias. En materia de IVA, la alícuota es del 10 y medio por ciento. De ese total, 8 puntos van con un certificado de retención, un papel, y el resto es depositado en la cuenta de la empresa. Los tres impuestos se derivan inmediatamente al Estado. Es decir, no hay ningún tipo de evasión.

Lo que sí pasaba es que teníamos proveedores que eran monotributistas. Si esos monotributistas representan al verdadero productor que está oculto, ¿quién es el que está oculto? Ese podría ser, eventualmente, el evasor, no nosotros.

- Es el planteo que hicieron sus abogados: que los evasores son los productores que usaron a los monotributistas.

- Exacto. Ese es el interesado de estar oculto. El otro día lo hablaba en Tribunales. El productor necesita ocultarse si quiere evadir impuestos. Si todos los acopiadores o intermediarios les ofreciéramos esa posibilidad de ocultarse, los tendríamos de rehenes a los productores porque, si un día me dejaran de vender, yo podría amenazarlos con denunciarlos a la Afip por su evasión. Como el productor sabe cómo funcionamos los intermediarios, él se oculta. Por eso el cereal del norte se vende en el sur y el del sur en el norte. Así desconciertan a los acopiadores, que no pueden saber quién le vende a quién. Esa es una buena estrategia, determinada por el productor oculto, que es quien, con sus asesores contables, determinará cuánto “esconde” de su producción o no. Le va a confiar a su contador la parte administrativa para ocultarse.

Ese sería el escenario que predomina en estos casos.

- Es decir, hay que buscar la evasión en los productores y en sus estudios contables.

- Seguro. Es que ahí está la evasión. El intermediario no puede evadir. No hay forma. Es más, le pedí expresamente al Juzgado para que contrate, instruya a personal idóneo, a gente independiente, técnicos, contadores o economistas que estén dentro de este tema para que lo analicen. Hace dos años que la Afip no puede determinar ningún tipo de evasión en mis empresas. Entonces, ¿qué puede evadir un intermediario?

- Como posibilidad técnica dice usted.

- Sí, pero también como posibilidad económica. Si me presto para ese juego tengo que tener algún beneficio económico. Si hago todo un show de ocultamiento, me tiene que provocar un rédito extraordinario, tendría que ingresarme una plata marginal a mis bolsillos que no habría manera de justificar.

- ¿Por qué entonces el informe que la Afip presentó ante el juez termina señalándolo a usted como evasor y la Justicia lo instala como el supuesto cabecilla de una asociación ilícita?

- El que firma ese informe es un señor (Sergio) Agatillo que está procesado en la causa. Eso me tiene confundido. Todo es tan confuso que Agatillo y (Sergio) Flores, el jefe de Investigaciones de la Afip, están imputados en la causa por mal desempeño de la función pública. Ellos están imputados y me acusan a mí en potencial, porque no afirman nunca nada. Hay un informe, cuando nosotros denunciamos a la Afip en 2006, en el que la Afip dice que, si bien tenemos proveedores monotributistas, no hay interés fiscal. Consecuentemente, no hay denuncia por evasión. Quiere decir que no encontraron evasión de ningún tipo.

- Según usted, entonces, no hay razones para estar imputado como jefe de la organización.

- Nada. Es más, directamente no conozco a ninguno de los otros imputados, con excepción de mi familia. Con Río Cuarto no tengo ningún tipo de trato. Le pedí a la Justicia que de los 20 y pico de teléfonos que había en mi empresa se hagan todos los cruces posibles para ver si alguno de esos teléfonos se comunicó alguna vez con cualquiera de todos los tipos estos de Río Cuarto. No entiendo qué hago acá, no sé qué hago acá.

- ¿Cree que puede ser una represalia de sus competidores?

- Supongo. El juez dio curso a la acción penal en mi contra por una llamada anónima hecha el 5 de diciembre de 2007. Eso ocurrió cuando estaba (Oscar) Valentinuzzi. Él le dio curso a una llamada anónima. En la causa, el hilo investigativo está todo basado en supuestos. Ni una certeza. El informe que da la Policía Federal, después de llevarse más de 500 kilos de papeles de mi oficina, dice que lo que encontró fueron 11 productores con cartas de porte (documentación habilitante para vender cereales) en blanco. Sí, efectivamente fue así. Esas cartas de porte estaban siendo destinadas, estaban en trámite antes de ser destinada la mercadería. Además, encontraron ocho sobres que iban a ser devueltos porque los productores no estaban en regla ante la Afip. No operábamos con gente rechazada por la Afip. Es como tiene que ser.

Entonces, no hay evasión del IVA, del impuesto a las Ganancias ni del cheque. No conozco a toda la gente de Río Cuarto. ¿Qué hago acá? Supongo que ahora el juez Ochoa resolverá, no sé cuándo, mi situación. Toda esta historia es grave por todo lo que ha ocasionado. Lo comercial no me importa, pero sí el nivel familiar y humano.

Tengo una familia maravillosa. Mis hijas son estudiantes (Francina y Luisina están imputadas en la causa). Entraron en una empresa familiar porque eran chicas y las puse yo para poder terminar de constituir una sociedad anónima. Pasaron por toda esta crisis que realmente es grave y eso es lo que más me aterra y me complica.

- Una de las razones por las cuales le negaron la excarcelación es que estuvo prófugo durante cinco meses. ¿Por qué se fugó?

- Primero, le pedí disculpas al juez porque ésa no era mi actitud normal. Segundo, que... creo que entré en un estado de irracionalidad, por decirlo de alguna manera, cuando la Policía Federal va a buscarme a mi oficina. Cuando me avisan desde mi casa que no sólo me estaban buscando a mí sino también a mis hijas... me asusté.

Por mis hijas. Fue una reacción que haría cualquier padre. Es decir, no les estaban dando un premio sino que las iban a meter presas a dos criaturas que no tienen nada que ver con la actividad comercial. Lo meten preso a mi cuñado (José Antonio Álvarez), que es pintor de obra. Es prestador de servicios y no sabe cómo es una planta de soja.

Yo no lo tenía ni siquiera considerado, si no, lo hubiera llevado conmigo porque José es un gordo bueno. Yo necesitaba constituir una sociedad anónima hace varios años y puse a miembros de mi familia, como tiene que ser. Estaría muy loco si hago una sociedad con mi familia para que vaya presa. No sé si cabe en la racionalidad de un humano: meter presos a tus hijos y a tu familia. Ese fue el motivo por el cual, el 26 de agosto a la tarde, me fui. Pero nosotros habíamos presentado un recurso a la mañana de ese día pidiendo la exención de prisión y la presentación espontánea. El día que me detienen, realmente, a partir de ese día estuve más tranquilo. Estando prófugo uno se siente mucho peor que en la cárcel. Para dormir tenía que tomar una pastilla. Sufría un estado de incertidumbre terrible. Acá, por lo menos, sé dónde estoy. No daba más. El día que me detuvieron me relajé. Ahora, le pregunto a la Justicia qué hago yo acá. Mis abogados le están pidiendo a la Justicia que haga todos los cruces telefónicos, que investigue qué relación tengo o pude haber tenido con la gente de Río Cuarto. En algún momento, si hay una asociación ilícita tiene que haber una comunicación, un vínculo, algo, con los supuestos cómplices.

- Qué opinión le merece la marcha de la causa? ¿Cree que se llegó a fondo en la investigación?

- Absolutamente no. Acá no saben qué están buscando. El productor evadió y no saben quién es. Nosotros no somos. ¿Quién es entonces?

- ¿Teme que su situación apunte a buscar un chivo expiatorio para ocultar a los verdaderos evasores?

- Seguro. Va por ahí. Es una causa que, al leer el expediente, sale naturalmente que no hay un sustento técnico, legal ni fiscal. ¿Por qué soy socio de la gente de Río Cuarto si ni siquiera sé quiénes son?

- Pero en las operaciones de sus empresas había monotributistas. Sus abogados dicen que usted no sabía que eran ilegales.

- No, no. A los efectos fiscales son legales. Es más están con firma certificada ante un escribano público. Lo que surge del expediente es que de los monotributistas de Río Cuarto, sólo una parte operó conmigo. ¿Dónde está el resto? ¿Quiénes fueron los otros acopiadores o intermediarios que operaron con el resto de los monotributistas? Si en Río Cuarto fabricaron, por decir, 1.000 monotributistas y conmigo operaron 15 o 20, ¿dónde está la masa de monotributistas que operó con el resto de los acopios de la zona de Río Cuarto? Tendrían que estar todos los demás titulares de los acopios presos porque serían socios de los que armaron las carpetas.

- Usted además está imputado por la vinculación con algunas financieras, como por ejemplo Gordon.

- Sí, pero no sé quién es Adelcar, quién es Cardoso. Sí sé quién es Gordon porque es una financiera grande de Córdoba. No tengo un trato cotidiano pero he tomado plata en Gordon. Ahí no veo ilegalidad. Hay muchos acopios que operaban con Gordon.

- El caso de Adelcar fue el que destapó el escándalo. Los cheques detectados en el Banco Francés, que se pagaban a monotributistas indigentes, eran de Adelcar.

- Sí, pero en la imputación figuro yo y no conozco el Banco Francés, no tengo cuenta en el Banco Francés. ¿Qué tengo que ver con Adelcar, Cardoso y Gordon? La última vez que fui a Río Cuarto debe haber sido hace 8 años a una carrera del Turismo Carretera y ahora volví preso.

- ¿Espera que la causa sea distinta con el nuevo juez, con Ochoa?

- Pienso que sí. Es otro juez. Es un juez (hace un gesto de picardía) Lo demás era medio...

- ¿Haría algo distinto si mañana tuviera que volver al negocio?

- Primero, quedé afuera del negocio porque en esto se sanciona mucho a un tipo que dejó de existir seis meses en el mercado y, con toda esta cantidad de noticias que salieron, inexorablemente te quedás afuera. Hice un country bastante grande en Río Tercero sobre una propiedad mía de hace 25 años que tuve la suerte de que quedara adentro de Río Tercero. Tiene 500 terrenos. Están hechos de forma legal, como siempre, tienen escritura. Todo impecable. Me quedaré con esa actividad, en la otra no creo que tenga chance para volver. Porque a un sujeto, cuantas más complicaciones se le ven, como es mi caso, menos chances tiene de hacer negocios. Mi condición ante un productor no sería buena, sería condenado al fracaso.

Pasaron casi dos horas. Mengo ya no está nervioso como al principio. Acaba de sacarse un peso de encima, de contar su verdad. Dice que, en las cuatro semanas que lleva preso, se dio cuenta de que sería un gran negocio construir cárceles para presos de alto poder adquisitivo como ocurre en Estados Unidos. Todos, asegura, estarían dispuestos a pagar por tener mejores condiciones de encierro. El privado ganaría plata y el Estado se ahorraría los 5 mil pesos que cada interno le cuesta por mes.

Marcos Jure

mjure@puntal.com.ar

Un mundo de 2.200 presos

La cárcel de Bouwer está a 20 kilómetros de Córdoba. Allí, alojados en pabellones muy alejados unos de otros, hay 2.200 reclusos de distinto grado de peligrosidad. Allí, a diferencia de lo que ocurre en el penal de Río Cuarto, los delincuentes multirreincidentes, con graves antecedentes por homicidio o violación, no comparten la celda con los procesados por delitos menores.

Atilio Mengo está en el pabellón MD2, que ocupan los internos de mayor poder adquisitivo. En ese sector, ubicado a la derecha de la entrada principal, las salas son modernas y limpias. Para llegar al sector de las celdas hay que transitar un largo pasillo por donde entra copiosamente la luz del sol.

Para atender a los 2.200 presos, trabajan 900 empleados del Servicio Penitenciario Provincial. Hay pabellones que son de máxima seguridad y allí están los delincuentes más peligrosos de toda Córdoba. Las distintas dependencias están separadas por grandes extensiones y hay vallas dobles, de más de tres metros, que están electrificadas.

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