Habla el dueño de Fönster: “Yo fui el más perjudicado por el cierre”

Dijo que nunca tuvo la intención de vaciar la empresa y fugarse. Acusó a un grupo de empleados por el destino de su metalúrgica y dice que va a revertir “la imagen de delincuente que me crearon”.
El empresario Carlos Culasso Forsberg saltó a la fama el 20 de noviembre pasado, cuando su fábrica de aberturas de aluminio Fönster apareció cerrada y con un cartel en su portón central señalando que se estaba realizando un balance.

Los empleados llegaron hasta el lugar y denunciaron el vaciamiento de la empresa.

Desde ese día, el dueño de la metalúrgica desapareció, agigantando la versión de los trabajadores. Pero en una nota exclusiva con PUNTAL, Culasso Forsberg -tal como figura en su documento- da otra versión de los hechos, arremete contra un grupo de empleados y dice que la administración y el control de la fábrica se le fue de las manos. Además, asegura que perdió todo y que él fue el más perjudicado por el cierre.

Denunció que recibió amenazas, y adelantó que demandará a algunos de sus ex empleados.

“Me gustaría empezar a contarle cómo llegué hasta acá”, arranca el hombre de gran contextura física y ojos celestes. “En 2001 comencé con el aluminio como vendedor para otras empresas. En realidad siempre fui vendedor, fui empleado toda mi vida. No vengo de una familia adinerada. Lo que tengo hoy, que casi es nada, fue ganado por mi propio sudor. Después en el 2005 comencé a fabricar con un solo empleado en mi casa de calle Mozart. Agarramos varias obras lindas y crecimos rápidamente, tanto que a los cuatro meses tenía cuatro empleados y una administrativa. Al poco tiempo nos empezó a quedar chico el lugar. Yo siempre dije que la fábrica me empujaba por el crecimiento durante el boom de la construcción. Y llegó el momento de decidir alquilar otro galpón, tuve que formalizar la situación empresarial y crear la SRL. Iniciamos la actividad el 3 de diciembre de 2007”, recordó.

Y continuó: “Allí montamos una estructura administrativa, contable, oficina técnica, ya teníamos máquinas de la Mozart y compramos más herramientas manuales de instalación porque antes tenía cinco empleados y en menos de tres o cuatro meses ese número se triplicó. Con ese personal tendría que haber tenido un nivel de producción de 40 o 50 aberturas diarias. Pero eso nunca se alcanzó y fue un gran error mío: los empleados no rindieron como debían. Hacían mal las cosas, hacían lo que querían y a mí se me fue de las manos el control. Ya no era yo el que manejaba todo.

¿Quién manejaba?

Algunos empleados me ocultaron información, hacían compras por debajo del telón, y yo algo olfateaba pero nunca me imaginé que esto iba a terminar como terminó el 19 de noviembre, con un descontrol por falta de información, gastos excesivos, sobresueldos.

Pero antes hubo despidos...

Hubo despidos y gente enojada por esas decisiones que decidieron difamarme y difamar a la empresa con proveedores y clientes. Hacían trabajos bajo el telón y empezó a haber una relación laboral desleal. Cuando espontáneamente renuncian dos personas importantes empiezo a descubrir un montón de cosas: falta de materiales, herramientas, dinero.

¿Y usted no se daba cuenta?

El faltante de materiales no es fácil advertirlo. Una de las cosas que informamos al fiscal es que una de las vías de robo hormiga que había era que trozaban aluminio nuevo y vendían entre siete y ocho bolsas por día de esos recortes. El perfil de aluminio vale $30 y el recorte $4. Me sentí muy defraudado. Además, otros seis equipos de herramientas de instalaciones fueron robados entre el miércoles 19 y el jueves 20. Cada equipo cuesta unos 4 mil pesos.

¿Pero usted se llevó herramientas, maquinarias y aluminio?

Y también dijeron que mi intención fue vaciar la empresa y fue todo lo contrario. Yo fui el que puso el cartel de cerrado hasta el 30 de noviembre por balance. Y ésa fue mi intención porque llegó al día miércoles una situación de descontrol y de sálvese quien pueda, que me hizo acordar a los saqueos de supermercados. Ese día estaba en un pueblo y me llama llorando una de las chicas administrativas que estaba en las oficinas diciendo que había gente que entraba y le estaban sacando todo el material.

Me tuve que volver del pueblo, el mismo 19, donde estaba instalando aberturas. Eran clientes que habían llegado en algunos casos con fleteros y hasta camiones para cargar. Le dije que tomara nota y que hiciera remitos. Eso fue consecuencia de toda una tarea de difamación de gente que trabajó en la empresa. Y es gente que está identificada. Ahora vamos a iniciar las acciones judiciales correspondientes. El que difamó, que está bien identificado quién es, a quién llamó y cuándo, se encargó sistemáticamente de llamar cliente por cliente y proveedor por proveedor. Esa persona le hizo un gravísimo daño a la empresa, algo que comenzó en marzo.

¿Fue una sola persona?

Un matrimonio que por cosas sospechosas despedí.

¿Y entonces qué pasó?

Me generó una caída en las ventas impresionante, algo así como del 80%. Y fue de un mes al otro, de junio a julio. Yo pensé en ese momento que podía ser por el coletazo del paro, porque la Municipalidad prohibió nuevas obras, por las malas cosechas. Pero no, fue todo un complot que se armó desde adentro, a lo que se sumó ese contexto. En las últimas dos semanas se me sublevaron los empleados porque estaba atrasado en un mes y medio de sueldos. Yo vendí un terreno y me desprendí de los ahorros de siete años para afrontar los costos. Fueron muchos errores administrativos, productivos, yo no controlé, no sabía controlar. Y se me fue de las manos.

¿Pero qué pasó el 20?

Puse ese cartel con la finalidad, justamente, de poder organizar lo poco que me había quedado. Sí me llevé las cinco máquinas que había comprado cuando todavía estaba en la Mozart. Si hubiese tenido intención de esconder las máquinas no me las hubiese llevado a mi casa.

Pero además se llevó herramientas, accesorios y materia prima...

No, no. Esas son todas mentiras. En la camioneta que tenía, que no era mía porque la estaba pagando y la tuve que devolver, me llevé esas cinco máquinas que eran de mi propiedad. Y la mayoría no estaba en uso, estaban en cajas.

¿Y el aluminio que encontraron?

El que encontraron en la calle Mozart era para una obra grande de una piel de vidrio de 800 metros cuadrados que como no tenía lugar en la Sabattini, lo descargaron directamente en la Mozart. Entonces no me llevé aluminio yo, y maquinarias solamente las que eran mías.

¿Pero no avisó?

Yo avisé a algunos empleados para que avisen a los demás. Y se ve que no fueron informados, que sé yo. El resto del aluminio se lo entregué yo a los clientes el miércoles 19. Yo sé que el 19 los empleados se llevaron varias herramientas, aprovechado la situación.

¿Cómo vive hoy?

Dependo de gente que está manteniendo a mi familia y yo no veo un mango desde hace 20 días. Mi situación es muy crítica. Desmiento la teoría de que me fugué porque estuve desde el 19 en Río Cuarto y a disposición del fiscal.

¿Quiere volver a producir?

Maestro, yo vivo de la carpintería, si me sacan esto me tengo que ir a vender ballenitas a la plaza. Mi medio económico era la fábrica. ¿De qué voy a vivir si no tengo la fábrica? Yo fui empleado toda mi vida, no tengo casa propia. En ningún momento fue mi intención decir ‘me las tomo’. Así, con una mano atrás y otra adelante, ¿de qué sirve?

Yo fui más perjudicado que todos mis proveedores y acreedores. Yo a esto no lo busqué, no lo hice a propósito. Hoy estoy con una mano atrás y otra adelante y quiero revertir la imagen que crearon de mí como un delincuente. Si yo fuera un delincuente ni estaría acá.

Gonzalo Dal Bianco

gdalbianco@puntal.com.ar

“Recibí amenazas y tuve que sacar a mi familia de Río Cuarto”

“Empecé a recibir amenazas, por eso no aparecía. Estaba asustado, tuve que sacar a mi familia de Río Cuarto. Mi esposa tuvo que dejar de trabajar, mis hijos dejaron la escuela. La situación de la empresa a mí no me benefició en absoluto, me quebró al medio, en lo personal y lo familiar. Hace 20 días que sólo estoy en contacto con mi abogado y el fiscal”, advirtió el empresario Carlos Culasso Forsberg.

¿Para qué se llevó las máquinas a la calle Mozart?

“Llevar las maquinarias a Mozart tenía como finalidad fabricar allí cortinas de aluminio, y las obras chicas para dejar las obras más importantes en la Sabattini porque no había más lugar”, respondió el metalúrgico que está imputado por el fiscal Javier Di Santo por defraudación.

“Suponemos que hubo gente que se dio cuenta de la falta de control que había en la empresa y empezaron a hacer las cosas como les parecía o les convenía”, contó su abogado José Luis Fruttero, quien lo acompañó durante la nota con PUNTAL.

¿Después del cierre no se distribuyó nada?

No. Y quedó un montón en la planta, con herramienta y maquinaria. No sé qué quedó después porque yo no pude volver, concluyó el empresario.

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