"Hay que habituarse a vivir con la sequía", dijo Tévez

El funcionario provincial señaló que, para salir de esta grave situación, debería llover 80 milímetros durante 20 días en todo Santiago.
Las precipitaciones siguen sin llegar, y en la provincia – como en todo el país – los efectos de la sequía se hacen ver cada vez en más lugares, y con mayor fuerza. Ayer, el secretario del Agua, Abel Tévez, llamó a "adaptarse a esta circunstancia y hacer un uso racional del recurso". Ante ese contexto, y mientras se espera que el tiempo tenga clemencia con los santiagueños, EL LIBERAL realizó un recorrido por algunas de las localidades más comprometidas para conocer cómo se empiezan a adaptar a las circunstancias, en muchos casos extremas, que ya empiezan a vivirse.

"Parece que Dios se ha olvidado de nosotros", advierte Dardo Juárez, uno de los ancianos de Chaupi Viejo, parado junto al aljibe donde revolotean los nietos de Lidia, la vecina con la que comparte la fuente de agua.

En ese olvidado paraje en uno de los extremos del departamento Banda, el agua entra por una red subterránea dos veces por día a los aljibes. "Ahora hace dos días que no entra agua, y ya casi no queda nada", cuenta Lidia. La mayor preocupación es que "se está acabando el pozo de donde damos de beber a los animales, y tenemos miedo de que se nos empiecen a morir".

Además, en Chaupi Viejo necesitan el agua para regar y aplacar la tierra. "Aunque nos gustaría tener una huerta, pero nunca ha alcanzado el agua para eso", advirtió Dardo, que vivió toda su vida en aquel paraje, y conoce de carencias.

En Chaupi Viejo, a no más de 50 kilómetros del centro de la capital, no cayó una sola gota de la lluvia del viernes por la noche.

Fernández

Más al sur, una de las zonas más urbanizadas que ya empezó a sentir el efecto de la sequía en los hogares es Fernández. Hasta allí llegó EL LIBERAL para realizar un recorrido por los distintos barrios, y conocer cómo se adaptan los vecinos a la nueva realidad.

El barrio de Las Perquitas es uno de los que ya empezaron a sentir los cortes de agua potable. José Marcos Ponce, vecino del lugar, contó que ya se ha empezado a almacenar agua, para evitar el desabastecimiento.

"Aquí nos cortan dos horas a la noche o a la siesta, así que empezamos a juntar el agua en tachos para tener cuando haga falta", explicó Ponce en la vereda de su casa.

Un poco más hacia fuera de la ciudad, en Las Lomitas, Rosaura Pérez vive en una de las localidades donde el servicio de agua directamente se suspendió.

"Hemos estado desde el miércoles hasta el sábado sin nada de agua – contó Rosaura – recién hoy ha empezado a salir un poco y hemos empezado a juntar".

En todos lados, la escena se parece. Hay escasez de agua, y los que tienen, ya empiezan a acopiar. Tachos grandes, pequeños, baldes y botellas. Todo vale para juntar agua para cuando escasee.

Mientras tanto, Abel Tévez insiste: "Hay que hacer un uso racional del recurso. En el momento en que se regularice con respecto al agua para riego hay que aplicarlo como corresponde, pero mientras tanto, debemos evitar derroches innecesarios de agua. Hay que adaptarse a racionalizar el uso y utilizar lo mínimo imprescindible". 

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