La estrella de Peñarol tuvo un primer cuarto estelar y liquidó a Estudiantes de Bahía Blanca en el inicio de la serie por los cuartos de final de la Liga Nacional de Básquetbol. El “Milrayitas” redujo a su rival a una mínima expresión y se adelantó en la serie con total autoridad
Por la paridad que se había manifestado en cada uno de los enfrentamientos por la fase regular, nadie esperaba tamaña paliza de Peñarol sobre Estudiantes de Bahía Blanca. Pero anoche, Leonardo Gutiérrez transformó un compromiso de riesgo en un trámite para Peñarol. Con un primer cuarto estelar, el cordobés liquidó a los bahienses y marcó el camino para una gran actuación colectiva que derivó en un inapelable 84 a 61 a favor de los marplatenses, que redujeron al adversario a una mínima expresión y lideran 1 a 0 la serie por cuartos de final. La mala noticia fue la lesión en el codo izquierdo de Nicolás Lauría, que salió llorando de la cancha.
Peñarol salió a jugar el partido con el instinto asesino que suele mostrar en las instancias decisivas. Impuso de entrada las condiciones a partir de una defensa impecable, con Campazzo aislando a “Pepe” Sánchez y un bloque muy atento a los movimientos de Meyinsse en la pintura. Pero lo del equipo de Hernández no fue sólo anular las principales virtudes del rival. Porque en ataque rozó la perfección y tuvo a su as de espadas encendido como en las mejores noches. Intratable, Leo Gutiérrez metió todo lo que tiró (3/3 en triples, 3/3 en dobles y 2/2 en simples) para convertir 17 puntos en el parcial con goles para todos los gustos. De la mano de su estrella, el equipo marplatense fue una aplanadora que borró de la cancha a Estudiantes (los bahienses probaron con defensa zonal que no les dio resultados) y se quedó con el primer segmento por un implacable 31 a 15.
No le bastó a Peñarol con tamaña demostración en el cuarto inicial. A pesar de la lógica merma ofensiva de Leo Gutiérrez, el “Milrayitas” fue aumentando la ventaja a partir de su notable gestión defensiva. El pibe Franco Giorgetti tuvo un ingreso brillante (6 puntos y 1 tapa) y Leiva (5) fue paciente para atacar a Meyinsse. Fue muy poco lo que pudo hacer Estudiantes. Los bahienses intentaron frenar a Peñarol con un dispositivo zonal y luego retomaron la marcación individual. Pero no hubo caso. La diferencia radicó en la mentalidad. El equipo marplatense, con una supremacía absoluta, se fue al descanso largo ganando por la máxima diferencia: 48-27.
La paliza se prolongó en la reanudación. Peñarol no aflojó un ápice su defensa y en ataque aprovechó la atención que generó Leiva para pasarse el balón y en consecuencia tomar buenos lanzamientos. La conducción de Campazzo -cada vez más completo- permitió una correcta administración de la ventaja. Inclusive llegó a aumentarla (58-30) ante un rival que nunca pudo corregir su flojísima defensa. Apenas pudieron descontar sobre el final del segmento los bahienses (65-41) a partir del orgullo de Espil (5), cuando Hernández le dio descanso a Gutiérrez y Leiva.
Con la historia sentenciada, Hernández le dio minutos a los relevos, entre ellos Nicolás Lauría. Pero el alero sustituto de Peñarol sufrió tremendo golpe que le causó una seria lesión en su codo izquierdo. Y lo que era un final feliz por una victoria aplastante terminó con un lamento generalizado.