por Ing. Guillermo Meyer Villas Miseria o Barrios de Emergencia

Podemos definir la Villa como el resultado de un proceso de ocupación espontáneo y no planificado de un terreno generalmente fiscal o privado de muy bajo valor, o baldíos con conflictos de sucesión
Se trata de terrenos inundables, baldíos con basurales, viejas instalaciones ferroviarias o industriales en desuso en áreas degradadas o barrios de escaso interés inmobiliario.

Al momento de su ocupación estos terrenos eran vacíos urbanos, donde sus propietarios o el Estado no habían generado ningún tipo de actividad. En estos barrios el modo de tomar posesión del suelo es la que mejor le parece a cada ocupante. Al principio el nivel de densidad es bajo. Las viviendas primitivas son de materiales muy pobres, como cartón, madera, chapa, sin instalaciones de ningún tipo y apenas con una letrina. Esto es porque la incertidumbre sobre la permanencia en el terreno en esa etapa no inspira a sus ocupantes a invertir en algo mejor. Con el paso del tiempo, estos barrios se densifican, las construcciones se consolidan y se utilizan materiales tales como ladrillos y hormigón. De todos modos la precariedad y la incertidumbre permanecen por lo que las construcciones nunca dejan de tener el carácter de precarias. Hoy en día, varias villas de la Ciudad de Buenos Aires poseen en buena parte de su extensión cloacas, agua corriente, teléfonos, electricidad y televisión por cable mientras que el gas se abastece por garrafas. Con respecto al último punto hay que resaltar que, debido al costo de la garrafa y el precio subsidiado del servicio de Metrogas, los pobres pagan hasta 5 veces más por la misma cantidad de gas que una familia de clase media alta. Los desagües pluviales y secundarios derivan a instalaciones precarias o zanjas. En algunos sectores no existen cloacas y los pozos son atendidos por camiones atmosféricos. Los residuos se levantan sobre las calles oficiales o son arrojados al paso de los trenes, los cursos de agua o se acumulan en algunos sectores provocando colosales montañas.

Dentro de estos barrios o en sus cercanías existen escuelas y centros de salud. Las complicaciones se derivan de las limitaciones de la circulación por los pasillos ya que los chicos a veces no pueden llegar a la escuela por la lluvia y las ambulancias no pueden auxiliar a un enfermo. El punto complejo en cuanto a los servicios lo ofrece la seguridad, la policía tiene fuertes reservas para actuar en las villas, lo que finalmente actúa a favor de los delincuentes que se sienten seguros amparados por los intrincados pasillos.

El tejido de estos barrios en la actualidad es muy compacto y densamente poblado. El acceso a las viviendas se produce por pasillos, la mayoría muy estrechos mientras que algunos permiten el paso de automóviles y camiones que abastecen los comercios internos. Este intrincado sistema conforma un laberinto que solo puede ser transitado por quien pertenece al barrio, lo conoce, y es al mismo tiempo conocido.

Las grandes villas son lugares de altos contrastes, lejos de ser homogéneas presentan diversidad de panoramas: Algunos sectores poseen un alto grado de densidad, con comercios e instituciones barriales, pasajes anchos y pavimentados, viviendas con un mínimo de confort, higiene y servicios. Otros presentan un paisaje más desolador con casillas muy humildes sin servicios, mal edificadas y con signos de degradación, los comercios escasean y las calles son de tierra. Finalmente la miseria en su forma más cruda, con casillas sin ningún tipo de servicio, suelo de tierra y edificaciones de madera y chapa rodeadas de basurales y aguas servidas.

Hoy por hoy la mayoría de las viviendas poseen un baño, la cocina es además un "living-comedor-dormitorio" y dos o más dormitorios. Los pisos de alisado de cemento o cerámicas, paredes de canto revocadas y pintadas. Entre las deficiencias más comunes podemos citar la falta de ventilación, de puertas, de cielorrasos, de aislamiento hidrófuga, lo que hace a las viviendas muy incómodas e insalubres. Son muy calurosas en verano, muy frías en invierno y siempre húmedas. Sus habitantes no pueden tener intimidad y viven hacinados. Se pasa de un cuarto a otro por sus interiores, el pasillo o el hall es un lujo y un derroche de espacio que nadie se permite.

En el otro extremo hallamos unas otras viviendas dotadas de artículos, que si bien no son suntuarios, otorgan cierto nivel de confort: estructuras de hormigón, pisos de cerámica, cielorrasos de machimbre, mobiliario nuevo, electrodomésticos etc. En esta franja se ubican los dueños de comercios, de inquilinatos, de alguna industria o prestación de servicios.

Cabe señalar que en los últimos años se ha promovido, como en toda la sociedad, el egoísmo, el individualismo, la valoración compulsiva por los bienes de consumo, lo cual sumado a la brecha entre los que pueden salvarse de los que no, las drogas y la desocupación, han generado, sobre todo muchos jóvenes, un debilitamiento severo en la idea de comunidad, solidaridad, respeto por el otro y su trabajo. Son comunes desde hace unos años los robos y los delitos dentro de las grandes villas. Los vecinos más viejos coinciden en que esta situación es inédita.

La canchita es el espacio que nadie se atreve a invadir, constituye, tal vez, la única convención tácita. Es por ello que se resalta la importancia del deporte como elemento de comunión social, tan espontáneo como la construcción colectiva de la villa.

Durante la última dictadura se procuró la erradicación de las villas mediante topadoras para enviar a sus habitantes a otras zonas: por ejemplo, hacia 1982, se publicó a través de la Comisión Municipal de la Vivienda, un boletín sobre las erradicaciones de las villas. Estaban hablando de más de 20.000 personas (villa 29 del Bajo Belgrano, 30 de Colegiales, etc). Estas fueron eliminadas en menos de un año sin definir a donde se llevaba a la gente. El plan consistió, según lo reconocido en esa publicación, en someterlos varios meses a un "estado de sitio interno", se cortó el agua y la luz, se prohibió la circulación de vehículos, se clausuraron los comercios y se demolió la casa de los "sospechosos" o de aquellos que intentaban alguna mejora o vender su vivienda. Todo esto con un comisario a la cabeza del operativo (etapa denominada "desaliento"). Quedando al final de todo eso la limpieza del terreno. Finalmente la población de las villas se redujo de 280.000 personas en 1977 a 33.562 en 1978. Esta política apuntaba a ocultar la vergüenza fuera de la capital y no a resolver el problema de fondo ya que esa población era escondida en barrios más alejados de la Ciudad. Así fue que las villas de la Capital se poblaron nuevamente alcanzando la población actual de casi 200.000 habitantes.

En oposición a los viejos planes de erradicación, con el advenimiento de la democracia se consolidó la idea de la radicación y urbanización para terminar definitivamente con el problema. Pero el tema no era simple. Casi sin tierras libres suficientes, si cada vivienda ocupa 40m2, los planes oficiales exigieron de 80 a 100 m2 en lotes individuales, más las superficies para plazas y calles, con lo que inexorablemente o se expulsa gente o se buscan alternativas tales como edificios de hasta 3 pisos, viviendas en tira, condominios u otras soluciones técnicas. Manejado con habilidad por las autoridades no debería ser un tema muy grave, pero lleva amargas discusiones entre grupos rivales u otros inconvenientes que obligaran a reajustar todo el proceso y buscar el consenso para que nadie quede disconforme con lo que recibe.

Desde la consolidación democrática este proceso ha tenido altas y bajas. En 1991, en el marco del Plan Arraigo, el Estado Nacional vendió a las villas 21-24, 20, 15, entre otras, la tierra que ocupaban, pero esto no alcanzó, por ejemplo, a la Villa 31, sobre la cual regularmente se abren debates debido a sucesivas propuestas de erradicación. Los intendentes Bouer y Domínguez intentaron la entrega de subsidios para iniciar un proceso de desalojo de esa villa, pero los 12.000 pesos otorgados fueron insuficientes para que esas familias pudieran encarar alguna solución habitacional. Como resultado volvieron a instalarse en la Villa dando origen a la denominada Villa 31 bis.

Casas tomadas

Estas están contenidas dentro del tejido de la "ciudad oficial". Al igual que en el caso de la villa a mayor escala, son espacios abandonados que son ocupados. Se concentran sobre todo en áreas degradadas del Sur de la Ciudad de Buenos Aires y en la traza de la nunca realizada AU3 en el norte. En San Telmo las antiguas casonas de la clase pudiente fueron abandonadas cuando esta se mudó al norte, las mismas se convirtieron en conventillos o en edificios destinados al alquiler.

La posterior degradación, y normativas de protección patrimonial que congelaron el barrio sin un programa de conservación y gestión, hicieron que una parte de esos edificios se convirtieran en casas tomadas. Otros barrios como La Boca sufrieron una franca decadencia al perder su antiguo y característico rol portuario, algo parecido sufrió Barracas por la decadencia de la actividad industrial. Esto determinó que en estos barrios muchas propiedades en estado de abandono fueran ocupadas.

En el caso de la ex AU3, muchas propiedades fueron expropiadas para la construcción de la autopista, pero al no materializarse el proyecto fueron en gran medida tomadas.

Esta modalidad, a diferencia de las villas miseria, toma rasgos similares al del entrono barrial, pero esa similitud es aparente ya que se reduce solamente a la fachada que no expresa a simple vista la forma de utilización de su interior. Pero algunas señales evidencian la forma de ocupación como ventanas tapiadas, pérdidas de agua que provienen de la casa por la deficiencia de las instalaciones, etc.

La distribución interna responde a una cuestión de jerarquía entre quienes organizaron la toma y los que los siguieron. Los sanitarios se localizan en el fondo del lote o se construyen donde se puede. La trama de mangueras, a modo de instalación precaria, extiende la red sanitaria al interior de las piezas destinadas a cocina.

La casa se densifica ocupándose incluso los patios interiores anteriormente destinados a dotar al edificio de iluminación natural y ventilación, a veces cumplen el rol de depósito del producto de la actividad del cartoneo.

Cuando el uso original era industrial, los grandes espacios pasan a albergar unidades independientes reproduciéndose la conformación de una villa dentro de esos espacios. En el caso de los esqueletos de hormigón armado, la fachada es terminada con mampostería, pero la precariedad de la misma y la ausencia de terminaciones delata la toma. Hay que considerar dentro de este problema los perjuicios sufridos por los propietarios legítimos de estas propiedades.

Según proyecciones del GCBA, se estima que la población que vive en esa situación en la Ciudad es de 200.000 personas.

Inquilinatos, hoteles y pensiones

Esta modalidad se encuentra sobre todo en el Sur de la Ciudad de Buenos Aires y Avellaneda. Los inquilinatos son edificios conformados por varias habitaciones alrededor de un patio común. Sus habitantes ocupan una o más piezas en carácter de locatarios mientras que comparten los servicios. Por lo general la fachada no expresa esta modalidad de habitar.

En cambio los hoteles cuentan con un cartel exterior que expresa la modalidad del hábitat. Internamente se componen por una recepción y una cantidad de piezas. Los precios de alquiler de una pieza de hotel son superiores a la de un inquilinato y al no existir contrato por medio, el dueño puede disponer el desalojo sin necesidad de intervención del poder judicial.

Según estudios de la Defensoría de la Ciudad, aproximadamente 70.000 personas viven en inquilinatos y otras 70.000 en hoteles.

Barrios suburbanos

Estos barrios se caracterizan por ser ciudad aún en construcción. Para sus habitantes es constante la lucha por el lote propio y la llegada de servicios como agua corriente, cloacas, gas, etc, Últimamente los suburbios se caracterizan por una construcción fragmentada entre barrios cerrados ricos y barrios pobres.

Conjuntos habitacionales degradados

Durante muchos años las políticas enfocadas hacia la resolución de la problemática del hábitat degradado y precario planteaban el desarrollo de grandes moles de edificios de alto costo de construcción e implantados en sectores aislados e la ciudad. Estos fueron construidos según una visión que no consideró las características sociales de sus habitantes ni sus demandas. Por lo general escindidos de la trama urbana de la ciudad tradicional y con una aspiración de autosuficiencia.

Pero la sola dotación de una vivienda mínima no bastaba para solucionar la situación de pobreza. Al poco tiempo comenzaron a producirse, conflictos internos, administraciones anárquicas y consecuentes dificultades de mantenimiento, que finalmente reprodujeron un proceso de degradación, hacinamiento y marginalidad (Fuerte Apache, Soldati, etc.)

Algunos lineamientos básicos para una política de vivienda y hábitat son:

- Una política de vivienda debe considerar en su punto de partida, además de la escala edilicia, la escala urbana, ya que un hábitat de calidad o aceptable debe incluir también el espacio donde las viviendas se insertan. Gran parte de la población no solo vive en una vivienda precaria o degradada, sino en un contexto urbano degradado o fragmentado, sin acceso a servicios ni infraestructura. También debe considerarse el impacto que, a su vez, los nuevos barrios pueden generar en los barrios existentes en su entorno. El espacio público es el que otorga el carácter urbano al lugar de implantación de la vivienda, es el espacio de socialización e interacción social por excelencia.

- Además de vivienda estos ciudadanos necesitan que su barrio se integre a la ciudad formal y oficial mediante la continuidad de la trama urbana, calles, avenidas, áreas verdes y servicios provistos de manera regular los cuales pasarían a ser abonados como corresponde.

- La cuestión del hábitat debe ser parte de una política integrada donde cada acción se encuadre dentro de los objetivos generales de mejoramiento integral de la calidad de vida donde cada grupo de población y cada sector de territorio sea objeto de una acción unificada y coherente que comprenda los aspectos habitacionales, ambientales, económicos, educativos y sanitarios. No puede dejarse de lado la cuestión ambiental, las nuevas viviendas deberán contar con servicios cloacales eliminando los pozos ciegos, verdaderos focos de contaminación.

- Debe desarrollarse con una metodología participativa que incorpore a los vecinos del nuevo barrio y a los de los barrios de su entorno en el diseño, la implementación, el control de gestión y la eventual reformulación de los programas, proyectos y planes.

- Debe incluirse el conceto de desarrollo comunitario y la recuperación de la cultura del trabajo.

- Es clave una planificación y gestión económico-financiera integral para dar certeza a la continuidad de las inversiones, permitiendo una planificación en el corto, mediano y largo plazo, más allá de los períodos administrativos y tiempos electorales.

- Una gestión ejecutiva transversal mejorará la coherencia e integración entre las diversas problemáticas.

- Es necesaria una política de tierras activa y específica que permita destrabar el desarrollo de villas y asentamientos superpoblados y el aprovechamiento de las tierras disponibles.

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