Una guía para momentos críticos

Dos especialistas en finanzas personales y negocios editaron una guía práctica para prevenir y superar las crisis que desestabilizan las economías particulares.
"Momento$ Crítico$", es una guía práctica para prevenir y resolver situaciones que impactan en la economía personal. Sus autoras -las licenciadas en administración Danila Terragno y María Lecouna- son especialistas en finanzas personales y negocios.

El libro -didáctico y de fácil comprensión- fue lanzado recientemente por editorial Aguilar y está orientado a quienes buscan mejorar su desempeño económico. Asimismo, ofrece herramientas prácticas para especialistas. "Abordamos situaciones de cambio que, generadas por decisiones propias o por embates del contexto, tienen gran impacto en nuestra economía personal y familiar", explica la licenciada Terragno.

"Algunos momentos críticos -añade la profesional- son de origen externo como una crisis económica nacional o global, mientras que otros están asociados a situaciones personales de nuestra vida, como el divorcio o la viudez, e incluso situaciones emocionalmente positivas, como la elección de una carrera, la primera casa, el vivir en pareja o el tener hijos".

- Ustedes tipifican los momentos críticos que puede afrontar la economía personal. ¿Cuáles son?

- En el libro recorremos las distintas etapas de la vida, identificando 30 momentos críticos que van desde la educación para el manejo del dinero, el ingreso al mundo laboral y la independencia del hogar de los padres, hasta el retiro o la preparación de la herencia. Y también contemplamos la obtención repentina de mucho dinero. Ganar la lotería, recibir una herencia o premio inesperados o lograr fama y dinero rápidamente son situaciones que implican grandes riesgos, para las que no siempre estamos preparados. No hace falta investigar demasiado para encontrar que son numerosos los casos de personalidades del espectáculo o el deporte, que han dilapidado fortunas o que han sido objeto de estafas y terminado su vida en la pobreza.

- En el libro se plantea que en la mayoría de los casos "se avanza lenta y progresivamente" hacia una crisis.

- Claro, hay situaciones en la vida a las que llegamos por el efecto bola de nieve. Hace no mucho tiempo escuché a una señora que por la radio se quejaba de que le estaban por rematar su departamento. Debía diez años de expensas. Tal vez ese descuido o desatención de unos pocos pesos todos los meses no le parecía gran cosa. Pero un día se levantó y se encontró sin patrimonio. La sucesión de pequeños errores o el restar importancia a las implicancias económicas de nuestras acciones cotidianas puede tener un efecto devastador.

- ¿Cuál es la relación del argentino medio con el dinero?

- El argentino tiende a ser más impulsivo que planificador, no sólo en lo que hace al dinero. Esto se junta con una cultura consumista creciente a nivel global, promovida con ferocidad por las empresas para vender más y los gobiernos para abultar la recaudación impositiva.

- Miles de argentinos emigraron en las últimas décadas y muchos regresaron con resultados económicos dispares. ¿Esa experiencia cambió su visión sobre el manejo del dinero?

- Depende de la forma en que se fueron. Tiene que ver con lo que comentaba antes acerca de la falta de planificación. Hay quienes se van con un proyecto concreto y superador, que puede ser temporario o permanente, pero que tiene sentido económico. Es algo que cierra. Pero hay muchos otros que se van "a probar suerte", sin objetivos, metas, plazos o contactos. Es una forma de escapar al problema local, pero no de resolverlo. Contamos en el libro el caso de una señora que puso los ahorros de toda su vida en un emprendimiento que su hija y su yerno estaban montando en España escapando a la última crisis argentina del 2001. Vendió todo y se tomó un avión para allá. Las cosas no funcionaron y la señora se quedó sin dinero ni para regresar al país. No se puede reaccionar de forma impulsiva, poniendo en jaque todo lo que costó años construir. Sobre todo cuando se trata de un país nuevo, con reglas desconocidas, sin nadie a quien recurrir para asesorarse y sin un plan de contingencia por si las cosas no salen como se previeron.

- ¿Cómo evolucionó la conducta del argentino medio entre crisis y crisis?

- Todos los que vivimos en países convulsionados, como los de América Latina, debemos aprender a surfear las muchas olas de nuestro mar económico. A veces cuando se transita una época de bonanza, como la del período 2003 - 2007, tendemos a pensar que no hay techo. Pero la realidad histórica muestra que todo lo que subió, bajó. Es importante ahorrar cuando el dinero es abundante en la plaza y evitar endeudarse para comprar bienes de consumo. A su vez, tenemos que aprender a identificar las oportunidades que vienen de la mano de la turbulencia, para ir construyendo un capital. Si somos un poco más hormigas y un poco menos cigarras, podremos aprovechar lo que ahorramos en los buenos tiempos no solo para sobrevivir sino para crecer durante las recesiones cuando los precios bajan y todo está en venta.

- ¿Cuáles son las claves para discernir entre gastos necesarios y gastos superfluos ante un mercado que nos ofrece un amplio stock de "necesidades"?

- Es un tema clave. Es un problema a nivel global, no solo de la Argentina. En Estados Unidos incluso hay grupos de recuperación de consumidores compulsivos, al estilo de Alcohólicos Anónimos. El primer punto es tomar conciencia de que las empresas invierten horas y dólares en elaborar estrategias para que compremos más cosas. Ese es su trabajo. Mientras no sean engañosas, no se las puede criticar por ello. Pero sí debemos adoptar nosotros una postura más racional ante lo que compramos. Las necesidades son pocas: techo, comida y abrigo. Y podemos agregar salud, educación y algo de distracción para el espíritu. Los gastos superfluos, por su lado, no tienen límite. El ciclo encanto- desencanto es cada vez mayor. Les propongo a todos que hagan el ejercicio de pensar el entusiasmo que tenían al comprar el último "chiche". ¿Cuánto duró? Enseguida aparecen las ganas de otro mejor o de algo más. En parte, tiene que ver con nuestra naturaleza, pero en parte tiene que ver con estrategias de marketing diseñadas justamente para producir ese efecto. Ser conscientes de lo que sucede es el primer paso para revertir ese círculo vicioso del consumo.

- ¿Cómo influyen en las economías familiares los "consumidores infantiles"?

- Los niños siempre han sido consumidores, pero tradicionalmente no han sido compradores. En Gran Bretaña el año pasado calcularon que 20% de los niños de 8 a 16 años compran artículos de moda y tecnología en internet a espaldas de sus padres, sacándoles las tarjetas de crédito. Pero aun cuando no hagan ellos mismos la transacción, hoy más que nunca tienen el poder de influir sobre las compras hogareñas. En Momento$ Crítico$ publicamos los resultados de una encuesta que realizó Millward Brown unos años atrás a propósito de un libro del "gurú de las marcas" Martin Lindstrom, que mostraba que los chicos de 8 a 14 años ejercen una fuerte influencia en el 67% de las compras que hacen sus padres. En esto juegan su rol las empresas, que han detectado en los niños un poderoso motor de consumo, pero también es cierto que los padres actuales participan más a sus hijos en todas las decisiones del hogar. Esto puede ser positivo, claro, pero es importante no perder de vista que los niños están siendo educados y que también deben aprender a restringir sus deseos y cuestionar con espíritu crítico lo que se les presenta desde afuera. En el Facebook de los chicos y adolescentes es habitual encontrar entre sus amigos a marcas conocidas de bienes de consumo. ¿Las marcas son amigos? Es un punto que al menos merece una discusión...

- ¿El mercado tecnológico también tiene influencia en este fenómeno? La pregunta no sólo apunta a los consumidores infantiles, sino también a los adultos.

- Sí, claro. Los padres muchas veces se sienten "discapacitados tecnológicos". Se da una situación extraña en la que el niño tiene todo un cuerpo de conocimientos del que sus padres carecen. Y entonces los padres se guían por recomendación de sus hijos. Nuevamente, no es algo malo de por sí que un niño enseñe a su padre, pero a veces la familia entera puede ser víctima de una carrera desenfrenada por tener "lo último". La cantidad de productos electrónicos y servicios asociados crece año tras año. Al mismo tiempo, el desgaste es cada vez más rápido. Si antes el celular duraba dos años, hoy hay mucha gente que cada seis meses lo renueva. Momentito... ¿cómo impacta todo esto sobre el presupuesto del hogar? Esa es la pregunta que debemos hacernos y contestar con un bolsillo mucho más discerniente a la hora de comprar o reponer productos tecnológicos.

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