Guerra sucia en Santiago.

Guerra sucia en Santiago.
La campaña presidencial chilena entró en una espiral de violencia política inédita en los últimos 20 años, con acusaciones de montajes, presiones a jueces y descalificaciones, en medio de una creciente incertidumbre sobre quién ganará los comicios de diciembre.
La contienda más reñida en 40 años encuentra a tres candidatos con opciones de pasar a la segunda vuelta, en la que la Concertación podría perder por primera vez en 20 años.

Los aspirantes con más posibilidades son el millonario de derecha Sebastián Piñera, el abanderado oficialista y ex presidente Eduardo Frei, y el diputado independiente Marco Enríquez-Ominami, de 38 años. Aunque todos tienen adhesiones que oscilan entre el 20% y 30%, el favorito es Piñera, acusado de huir de la Justicia y presionar a jueces de la Corte Suprema para que lo absolvieran en un juicio en 1982 cuando era investigado como presidente del desaparecido Banco de Talca.

La derecha, consciente de que su candidato está en baja en las encuestas, acusó de montar la denuncia al comando del ex presidente Frei, que no logra trepar en los sondeos. Sin embargo, documentos desclasificados de la CIA revelados por el semanario El Siglo sostienen que la agencia norteamericana intervino en favor de Piñera gracias a las gestiones de su padre, colaborador de la CIA desde 1965. Frei aprovechó la situación y sostuvo que Piñera "debe una buena explicación al país", insistiendo en que él tiene "las manos limpias". Sin embargo, el verdadero problema de Frei no es Piñera sino el tercer candidato en discordia, el parlamentario independiente Enríquez-Ominami, un cineasta hijo del fallecido líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) Miguel Enríquez, cuya imprevista candidatura logró ya el 20% de los apoyos en intención de voto.

Comentá la nota