La guerra por el poder todavía sacude a Pinamar.

Porretti pelea por recuperar la intendencia tras un escándalo.
PINAMAR.- Detrás de los bosques, el aire siempre limpio y el sol que pega fuerte en las concurridas playas del centro de esta ciudad, se libra una guerra.

El depuesto y polémico ex intendente, Roberto Porretti, y su sucesor en el cargo, Rafael De Vito, juegan por estos días sus cartas en una pelea apenas encubierta por el control de un presupuesto anual proyectado de 100 millones de pesos.

El Gobierno y el ex intendente Blas Altieri también son protagonistas en esta trama de negocios, poder y ambición que vuelve a sacudir a la ciudad que alguna vez fuera sede del apogeo menemista y que, ahora, atrae a casi todo el gabinete kirchnerista.

Con el sonido de ruidosas protestas gremiales y un Concejo Deliberante que traba la gestión de De Vito como telón de fondo, Porretti salió a proclamar que su vuelta al cargo es inminente. Incluso contó a LA NACION que ya tiene conformado un gabinete para el caso en el que le toque asumir. "Tengo el gabinete listo y las propuestas preparadas. Falta que la Corte bonaerense dé su veredicto", dice Porretti en una entrevista de la que también participaron tres colaboradores.

A pesar de su tono medido, un eventual regreso sería el inicio de la revancha contra sus enemigos por los 26 días que pasó en la cárcel y por la destitución que votó el Concejo Deliberante local, basado en presuntas irregularidades administrativas.

El comienzo de la vendetta ocurrió hace un mes, cuando Porretti derrotó por paliza a De Vito y ganó la presidencia del PJ local. Quiere dejar en el olvido ese video en el que una escena parecía mostrarlo pidiendo coimas a los dueños del conocido boliche Ku.

"Sigo pensando que fue una cama; subestimaron a la gente con un video manipulado con cortes de imagen y sonido. Muestra una realidad que no existió", dice Porretti, sobreseído por la Justicia en agosto.

Su ofensiva coincide con el peor momento de la gestión de De Vito, empresario que financió la campaña electoral de 2007, cuando Porretti derrotó al vecinalista Blas Altieri y puso fin a 16 años ininterrumpidos de gobierno.

Entre reuniones y llamadas de teléfono, De Vito afirma que la negativa del Concejo a aprobar el presupuesto para este año le deja "las manos atadas y le ha hecho perder mucho dinero al municipio". Atribuye al poder legislativo la imposibilidad de aumentar sueldos a los municipales, lo que derivó en ruidosas protestas de empleados en plena temporada. "De esta manera, no se puede gestionar. El Concejo está politizado", afirma, y amenaza con "no poder afrontar pagos en dos meses".

La pelea entre Porretti y De Vito tiene un tercer e importante actor: el ex intendente Altieri. El vecinalista cercano a Eduardo Duhalde -habitué de este balneario- es acusado por De Vito de usar su influencia en el Concejo, que echó a Porretti.

Fuera de micrófono se tiran con munición gruesa. "Fueron De Vito y Víctor Pardo [empresario y concejal] los que lo voltearon", dicen cerca de Porretti. "Está jugando contra su propio partido", contesta De Vito.

Ambos creen tener el aval del Gobierno. "Tengo buenos contactos, pero me los reservo", dice Porretti. "Si medio gabinete está acá es por algo", responden cerca de De Vito.

El gobernador Daniel Scioli eligió la diplomacia. "Somos respetuosos de la institucionalidad, gobernamos al lado de los intendentes", dijo el mandatario en un reciente acto público. También lanzó una advertencia. "Apelo a la responsabilidad de todos. Quienes llegan a descansar no pueden verse aturdidos por ninguna situación política", agregó. El prenuncio de una guerra que avanza.

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