Una guerra "por necesidad" y el agobiante fantasma de Vietnam

En 1966, cuando el debate sobre la Guerra de Vietnam estaba en su apogeo, el respetado diplomático y especialista en relaciones internacionales George Kennan advirtió que "no hay que pedirle a nuestro país que cargue el peso de determinar las realidades políticas en otro país.
Ese no es nuestro negocio, y tampoco pienso que podríamos hacerlo con éxito". El consejo de Kennan es actualmente reivindicado por todos aquellos que temen que Afganistán pueda convertirse en el Vietnam de Obama.

Durante su campaña electoral, Obama insistió con que, a diferencia de Irak, Afganistán es para EE.UU. una guerra por necesidad, ya que fue desde ese país que la red Al Qaeda planeó los ataques del 11-S. En la teoría de las relaciones internacionales, las "guerras por necesidad" son las que se libran para ser ganadas no importa cuál sea el número de bajas o el costo financiero que impliquen.

Ahora, sin embargo, la Casa Blanca está reconsiderando todo. Si bien el comandante en jefe de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, el general Stanley McChristal acaba de pedir un refuerzo de unos 40.000 soldados, Obama duda de que esa sea la estrategia correcta y está analizando otras alternativas.

Una de las ideas que están ganando terreno es que hay que darle prioridad a la campaña contra Al Qaeda en Pakistán, ya que los talibán en Afganistán no representan una amenaza directa para Estados Unidos y es difícil justificar la presencia de más soldados estadounidenses en territorio afgano sólo para mantener el régimen corrupto de Hamid Karzai en el gobierno.

Los asesores de Obama están, sin embargo, divididos. La Secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el Secretario de Defensa, Robert Gates, advierten que los talibán siguen ligados a Al Qaeda y que si llegan a retomar el control de Afganistán los seguidores de Osama Bin Laden tendrán nuevos refugios. Según ellos, no se puede pensar en ambos problemas por separado, como tampoco se puede separar Pakistán de Afganistán. De allí que hablan de Af-Pak, cuando se refieren a la región. El atentado talibán de ayer contra un cuartel en Pakistán es agua para su molino.

El vicepresidente Joe Biden insiste en que el objetivo principal debe ser Pakistán. Recuerda que es en Islamabad donde está el peligro de que un día las armas nucleares caigan en manos de Al Qaeda. Los que se alinean con esta posición explican que mientras Al Qaeda quiere destruir a EE.UU., los talibán quieren fundamentalmente regresar al poder en Afganistán.

Argumentan, además, que los talibán no son un grupo homogéneo sino una amalgama de militantes que incluye caudillos locales como Gulbuddin Hekmtyar y la red de Haqqani, que persiguen objetivos mucho más locales y no adhieren a la ideología jihadista.

El presidente del Consejo de Asuntos Exteriores, Robert Haas, apoya la posición de Biden al decir que los intereses vitales de EE.UU. están en juego en Pakistán y no en Afganistán.

"EE.UU. esta haciendo mucho en Afganistán y está considerando hacer más, porque cree que esos esfuerzos son esenciales para proteger a Pakistán. Pero esta lógica es extraña. Ciertamente, permitir que los talibán y Al Qaeda restablezcan sus santuarios en Afganistán haría más difícil derrotarlos en Pakistán. Pero los talibán y Al Qaeda ya tienen un santuario en Pakistán mismo. Es el gobierno de Pakistán que está tolerando los mismos grupos que EE.UU. está enfrentando en Afganistán, en nombre de la estabilidad de Pakistán".

Haas concluye que "los intereses estadounidenses en Afganistán son menos fundamentales, lo que convierte al conflicto no en una guerra por necesidad sino en una guerra de elección".

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