Guardia Urbana: un proyecto que genera incertidumbre en Río Grande

Si bien aún se desconoce la postura que adoptará el Municipio ante el proyecto aprobado por el Concejo Deliberante en la última sesión del año, la iniciativa fue implementada en diferentes puntos del país con resultados adversos. El caso más emblemático fue en Capital Federal, donde el cuerpo de Guardia Urbana creado por el destituido jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra, fue disuelto por Mauricio Macri, que calificó la iniciativa como «una estafa a la ciudadanía».
Con el propósito de sumar esfuerzos contra los hechos de inseguridad registrados en esta ciudad, el cuerpo de concejales aprobó en la última sesión ordinaria de este año, un proyecto del justicialista José Ojeda para impulsar la creación de una Guardia Urbana, iniciativa que había sido virtualmente cajoneada hace dos años y que, en el contexto actual, logró superar su estadía en comisión y ser sancionada a la espera del veto o no por parte del Ejecutivo Municipal.

Precisamente, se desconoce la postura que adoptará el Municipio ante un proyecto de estas características ya que, como en cada una de las ciudades en los que fue implementado, cuenta con tantas pretensiones que desdibujan sus presuntos objetivos, los que para el autor del proyecto apuntan a «salir a cuidar la calle» colaborando con la Policía Provincial.

De acuerdo al edil, los integrantes de la posible Guardia Urbana estarían en comunicación con la fuerza policial y Defensa Civil Municipal, incrementando así los recursos humanos en la vía pública en la prevención del delito.

Asimismo, la iniciativa estipula que exista un acercamiento importante entre los miembros de dicha guardia y las juntas barriales, aunque no existen mayores precisiones sobre quiénes conformarían este cuerpo de guardias; las funciones a su cargo y las limitaciones propias que rodearán a un cuerpo cuya figura carece de antecedentes exitosos.

El caso más emblemático

Creada en noviembre de 2004, la Guardia Urbana del por entonces jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra, salió a las calles de Capital Federal con aspiraciones importantes en materia de prevención, pero que de a poco la realidad fue transformando hasta convertir a cientos de personas en meros empleados de tránsito.

La ausencia de responsabilidades específicas fue el punto por el que mayores cuestionamientos recibieron los guardias urbanos, tanto desde los sectores políticos como de los propios habitantes de Capital Federal. Sin embargo, pese a este vacío de funciones, la Guardia Urbana contaba ya en 2007 con un total de 840 agentes del Gobierno de la Ciudad; de los cuales 680 cumplían funcionas en calle; 100 lo hacían de choferes y otros 60 actuaban de operadores y monitoreo de espacios públicos.

Un artículo de 2007 del diario Perfil detallaba que estos agentes participaban de operativos tan diversos como controles preventivos en el microcentro porteño; por la existencia de enjambres o el envenenamiento de perros en espacios verdes.

Al cumplirse el primer año de su existencia, uno de los principales problemas que enfrentaban los guardias era la agresión de los automovilistas, ya que si bien recibían clases para desarrollar capacidades de negociación; habilidad verbal y control de impulsos, al momento de labrar un acta debían hacer frente a infractores que no aceptaban que se les señale la forma en que debían conducir.

Al asumir la jefatura porteña en diciembre de 2007, Mauricio Macri, anunció su decisión de disolver la Guardia Urbana, a la que consideró una «estafa para repartir cargos entre las líneas políticas», señalando además que los agentes afectados a este cuerpo pasarían a cumplir funciones en otras áreas o serían despedidos, como efectivamente sucedió.

Para Macri la Guardia Urbana demandó «un montón de plata y la gente nunca entendió para qué servía», planteó en una entrevista al diario Clarín.

Un año después de entrar en funcionamiento, la Guardia Urbana elevó la cantidad de agentes de 300 a 800 para hacer hincapié en los controles de tránsito y se los habilitó para librar actas de infracción y multas.

En Capital Federal, la Guardia Urbana creada por Aníbal Ibarra fue disuelta este año por carecer de objetivos concretos. Contaba con más de 800 agentes, pero carecían de autoridad para actuar en determinadas situaciones, por lo que en el último año de existencia sólo recorrían plazas y ordenaban el tránsito. Sus integrantes eran agredidos al imponer multas y actas de infracción.

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