Guapo, a veces

Es una historia que, por repetida, harta. El sistema público de transportación de la ciudad (los colectivos) está siendo nuevamente sometido a presión por el poder político local. La cuestión, una vez más, la tarifa.
Desde la década del ’60, cuando el sistema se consolidó ante la desaparición de la compañía de trolebuses, el valor del boleto ha sido la única variante en disputa del set de precios de los servicios públicos de la ciudad. Por años, una sinergia perversa entre medios y políticos generó las condiciones de la corrupción que aún hoy impera en el ámbito municipal vinculada a esta cuestión.

Fue en la década del ‘80 que una denuncia del ingeniero Julio Sanguinetti, ex secretario de Gobierno en la transición de facto y ex candidato a intendente del justicialismo, llevó al fuero penal a empresarios del transporte y al ex concejal -hoy asesor en materia de transporte del intendente Pulti- Osvaldo Lalanne, un proceso que concluyó en condena en primera instancia y en la apelación a la Cámara, fallo que fuera confirmado aquí y a su vez apelado a la Corte provincial. Esa condena nunca le impidió a Lalanne y a su grupo moverse en política. "Kirchneristas" por default -su referente es Carlos Kunkel-, por medio del concejal Carlos Filippini abundan a diario en ataques al sistema: pretender imponer un sistema de tarjeta de contacto es el último capítulo de esta saga penosa.

El intendente GAP se aprovecha de la situación de debilidad social que los actores del sistema tienen ante la comunidad y actúa provocadoramente. "Por este año no habrá aumento de boleto", ha dicho, y la frase fue recogida por los medios con estrépito, como si de un guapo se tratase. Es que entre tantas antipatías que pueblan su espíritu, Pulti detesta a los colectiveros, y descarga en ellos la humillación que recibe a diario de parte de Florencio Aldrey Iglesias, que no lo considera ni como persona ni como político.

Lalanne y su grupo practican el mismo esquema. No toleran no poder financiarse del producido por el sistema de transportes, y cada día inventan un nuevo mecanismo de presión. Pulti heredó de Víctor Daniel Katz Jora la cuestión de la instalación de las máquinas monederas a bordo de los colectivos; dio de largas al tema hasta que finalmente, usando una coyuntura nacional (la instalación de máquinas de tarjeta magnética en el área del AMBA), se excusó para dar nones definitivos a las monederas.

Se trata aquí de una inversión de un millón de dólares en equipos que está allí, inmovilizada por caprichos y manejes impropios de la función pública. La justificación para no dar el visto bueno a las monederas ha sido que, de esta manera, los operadores del sistema eludirían los controles que sí proporcionan los equipos de tarjeta magnética. Es un argumento mentiroso: los actuales equipos entregan el mismo caudal de información; además permitirían que todo el sistema trabajara en un pie de igualdad.

Recordemos que conviven en el Partido de General Pueyrredon empresas bajo control municipal y otras bajo control provincial; aquellas que controla la provincia sí usan monederas, y en determinados recorridos hay un corrimiento de pasajeros que eligen las unidades así equipadas, ya que la recarga de tarjetas es cada día más complicada. ¿Por qué? Por inseguridad y por ausencia de espalda financiera por parte de los responsables de puntos venta, que en distintas ocasiones han desaparecido de la noche a la mañana dejando impagas cuentas en miles de pesos.

Los aprietes de GAP y de la troupe de Lalanne no son ideológicos. No buscan proteger al más débil frente a las pretensiones del empresariado, sino que son un mensaje claro de la más vil corrupción política. El que quiera ver que vea: ser ciego es una elección, no un castigo de la vida.

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