Un grupo de socios trata de salvar a la Sociedad Italiana

Una hipoteca, desaparición de fondos, denuncias, falsificaciones y negocios familiares, avergüenzan a los socios tradicionales de la Sociedad Italiana de Morón. En los últimos diez años se desencadenaron en la entidad una serie de hechos que hoy son investigados por la Justicia.
Por Melisa Martín

En diálogo con El diario, Francisco Matina –socio y colaborador de la entidad– detalló la dudosa venta de la principal sede situada en Buen Viaje 851 y por qué se vieron obligados a mudarse a la calle San Martín 451. "Es realmente una situación muy difícil. Estamos perdiendo el cuerpo pero salvamos el espíritu", cuenta Matina.

–¿Qué pasó en los últimos años?

–Hubo un presidente que tenía buenas intenciones, pero no su grupo familiar. Tomó un préstamo hipotecario por 150 mil dólares supuestamente para sanear las finanzas. Porque una institución tiene cierto techo para ofrecer servicios, pero no tuvieron la capacidad para gerenciarlo. Creo que pagaron una o dos cuotas nada más.

–¿Cómo se llegó a esto?

–El dinero desapareció y nunca se supo que pasó. Se alternaron las comisiones directivas y hacían uso de los frutos de las actividades de la Sociedad, pero cuando sus frutos se secaron, terminaron vendiéndola. La comisión que había tomado el préstamo se desentendió del pago; tenemos constancias que el dinero fue distribuido entre sus integrantes. Por eso, se hizo una denuncia penal que lleva años sin resolverse.

–¿Quién hizo la denuncia?

–Un grupo de socios pidió la designación de un interventor. Como no somos una asociación, ni una sociedad de fomento, sino una mutual, el INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social) debe fiscalizar nuestras tareas, es un órgano de contralor. En esa función los socios pidieron la intervención, se designó un interventor judicial que hizo la denuncia, pero terminó no dictaminando nada, quedó esa causa olvidada en algún archivo de la fiscalía. Como la justicia no avanzaba y la intervención se había designado por un lapso determinado, venció ese lapso y se nombró una nueva comisión directiva que ante la difícil situación que dejó la anterior comisión, tomó la decisión de presentar la sociedad en convocatoria de acreedores. La convocatoria se presentó en el Juzgado en lo Civil y Comercial Nº 3 de Morón, después de un tiempo que esa comisión estuvo al frente de la Sociedad no se logró sanearla económicamente.

–¿Cómo continuó la situación?

–Desertó esa comisión directiva, presentaron su renuncia hasta que un día hubo tres presidentes. Asumió así el mando, como un golpe de estado, una señora que era inquilina de la sociedad, utilizando métodos no estatutarios. Se le hizo una comisión directiva cuyos miembros ni sabían que eran miembros de esa comisión, lo que significa que falsificaron las firmas a más de la mitad de los miembros. Como ese método les dio resultado, otro grupo familiar que se instaló al frente de la Sociedad Italiana, utilizando esa misma metodología llamó a una asamblea de socios, asamblea entre comillas porque no había más de 12 personas, figuraban que eran 29, pero el resto no fue a la asamblea, les falsificaron las firmas. Se autorizó supuestamente la venta del edificio de Buen Viaje con seis firmas válidas, nada más.

–¿A quién se vendió?

–Apareció una persona armando una sociedad anónima constituida 15 días antes de hacerse la venta. La comisión asumió en noviembre de 2005, esa falsa comisión en febrero llama a una asamblea donde se hace la venta (12 de febrero), en esa asamblea figuran firmas de gente que declaró que en ese momento estaba de vacaciones. Fui a esa asamblea después de 40 minutos y ya había terminado, es decir, se esperó la media hora reglamentaria y en 15 minutos la asamblea resolvió la venta. Cuando tomo real conocimiento que el inmueble se había vendido comencé a hacer las denuncias.

–Una situación realmente grave.

–Y como soy abogado, con un grupo de socios hicimos las primeras denuncias, sobre todo por falsificación. La Sociedad Italiana de Morón sufrió este real vaciamiento no por apatía de sus socios sino por un desmanejo de la sociedad, porque cuando una asociación la manejas herméticamente y no la abrís a la comunidad, se toma a esa institución como si fuera un bien propio. Falta el concepto de bien común, es de todos. Cuando preguntaba quién compró, quién vendió, qué pasó: ‘lo decidió la comisión directiva’, cuando investigás vemos que la comisión directiva eran cinco personas de una familia muy vecina de Morón.

–¿Cómo está la causa que iniciaron?

–Esta denuncia que se hizo ante la Fiscalía Nº 8 hace más de dos años y medio, corre el riesgo de continuar como la anterior denuncia, que en ocho años no se investigó nada y meritaba un juicio político a los fiscales y funcionarios judiciales que intervinieron en esa instancia por dejar la causa caducar, con gente procesada la dejaron caducar. De la última causa, podemos decir que lo que se investigó fue lo que investigamos los socios y lo pusimos a disposición de la justicia. El supuesto comprador, Desacom SA, compró el inmueble como una sociedad constituida días antes de la adquisición.

–¿La compra-venta fue realizada con la hipoteca?

–Sí. Cuando nosotros intervenimos, anoticiamos de la circunstancia al juez y pedimos que por el dinero que estaba depositado se decrete la indisponibilidad de los fondos. El inmueble se vendió en u$s 650.000 y afortunadamente hoy permanece parte de ello depositado judicialmente.

–¿La venta está cerrada?

–Sí, se escrituró la venta a favor de esa sociedad anónima, el señor luego de la venta otorgó un comodato a favor de la Sociedad Italiana. En realidad, fue a favor de ese grupo familiar que explotó el inmueble en beneficio propio; a tal punto que para los espectáculos que se hacían en la Sociedad Italiana se ponía ex Sociedad Italiana de Morón. Eso valió que se clausurara el edificio, porque se explotaba en beneficio propio y en ese momento la posesión del inmueble no la tenía Desacom, tampoco la tenía la Sociedad Italiana, la tenía ese grupo familiar.

–La explotaba simulando que era para la comunidad y algo social.

–El Municipio clausuró en más de 20 oportunidades el edificio a pedido de los socios, por la responsabilidad que implicaba usar el salón cuando no era de la Sociedad y tampoco de los que la habían comprado. Si fue clausurado 20 veces, 20 veces fue violada la clausura, por esta persona que se llama Carlos García, que es el apoderado de Desacom SA, cuyos integrantes son sus dos hijos. Los García se llevaron la Sociedad Italiana gracias a esas maniobras delictivas.

–A nivel judicial, ¿quien es el principal responsable?

–Es la UFI 8 de Morón, donde está la causa, el Juzgado Civil y Comercial Nº 3. En más de una oportunidad el juzgado amenazó con mandar la Sociedad Italiana a la quiebra por si no pagaban algunos acreedores. Hubo varios jueces que intervinieron, se removió recientemente al síndico que es la persona que representa a los acreedores. El concurso de la Sociedad Italiana de Morón corría riesgo que se transforme en una quiebra, aún no está todo resuelto. La Sociedad Italiana está funcionando en un edificio alquilado gracias al Obispado y está a cargo de un interventor judicial designado por el INAES y el Juzgado Civil y Comercial Nº 3, Juan Pablo Fuertes, que tiene las funciones de administrar la sociedad, ordenar el padrón y convocar a elecciones para normalizar la institución. La institución está en vías de normalización formando una nueva comisión directiva, lo que se va a definir a la brevedad, una vez que el concurso avance un poco más, estamos a un paso de terminar el concurso.

–Mientras tanto, la Sociedad no dejó de ofrecer los servicios y actividades.

–No, al contrario, la Sociedad cuando la tomamos tenía dos únicas actividades: gimnasia y yoga, hoy tenemos más de 20 actividades en todas las disciplinas de la música, danza, teatro.

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