Las grietas de los Kirchner

Por Fernando Laborda

¿Puede ser calificado como "normal" un país que desde hace más de un año discute cuál es el rol del campo en la economía nacional?

¿Puede ser tildado de "normal" un país cuya dirigencia quedó enfrascada durante años en un debate sobre la política lechera?

¿Puede ser considerado "normal" un país que está a punto de tener que importar trigo y carne, pese a ser conocido internacionalmente como "el granero del mundo"?

Seguramente, no. No podemos hablar de un país normal, a pesar de que éste fue el eslogan de la campaña presidencial de Néstor Kirchner seis años atrás.

Transcurrido el primer encuentro entre los dirigentes rurales agrupados en la Comisión de Enlace y el Gobierno, para muchos observadores los Kirchner están cometiendo frente al campo las mismas equivocaciones que en el conflicto del año pasado, iniciado con la polémica Resolución 125 de aumento en las retenciones a las exportaciones agrícolas y concluido con una dura derrota política en el Senado de la Nación.

El gobierno kirchnerista tiene hoy un nuevo motivo para no ceder a los reclamos del agro. Bajar las retenciones provocaría, según ellos, un agujero fiscal. En rigor, las cuentas del Estado nacional ya exhiben pronunciadas grietas. En junio pasado, sufrieron un déficit de 1640 millones de pesos, si se incluye el pago de servicios de la deuda pública.

Hay un dato aún más alarmante: en el citado mes, el gasto público se incrementó en un 45,4 por ciento respecto de un año atrás, mientras que los ingresos apenas crecieron el 27 por ciento, a pesar de que el Banco Central transfirió al Tesoro unos 3000 millones de pesos en concepto de utilidades por diferencias de cambio y a pesar de los mayores aportes derivados de los fondos jubilatorios, que hace un año se dirigían a las AFJP y ahora van a la Anses, pero son utilizados en parte para financiar gastos corrientes.

Todo indica que las cuentas fiscales no estarán hacia fines de año mejor que en la actualidad. El delicado escenario financiero de no pocas provincias, con dificultades para pagar los sueldos de los empleados públicos, brinda una pauta de la gravedad de la situación y anticipan una pugna distributiva con una torta cada vez más pequeña.

El Poder Ejecutivo Nacional tratará de correr por ese lado a los integrantes del Congreso: si se tocan las retenciones al campo, habrá menos recursos para las provincias, les dirá.

Desde la oposición y desde el sector rural, se replica que menores retenciones implicarían una mayor recaudación por la vía del impuesto a las ganancias, que es coparticipable y con lo cual se beneficiarían las provincias. En otras palabras, que sin incentivos a la producción las grietas fiscales no harán más que profundizarse. Casi tanto como las grietas que exhibe el kirchnerismo.

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