Grietas en la alianza oficialista

Por: Ricardo Kirschbaum

La crisis en la CGT pone en riesgo la solidez de la alianza de Hugo Moyano con el gobierno de Cristina Kirchner. Esa relación parecía ser la única que había conseguido sobrevivir luego del 28 de junio. De hecho, Moyano había logrado recuperar en tiempo récord un lugar clave en el manejo del dinero de las obras sociales. El ministro de Salud había designado allí a un hombre del gobernador Alperovich: fue algo fugaz. Lo fulminaron a pedido de Moyano.

Moyano está soportando la presión de los sectores sindicales que quieren, en este momento, marcarle límites al camionero, reducir su autonomía en los acuerdos con el Gobierno.

La fractura sindical es una muy mala noticia en este momento para la administración de los Kirchner. El Gobierno precisa que las coincidencias con la CGT sirvan de contención política a los reclamos sociales y, a la vez, que no crezca el poder de los grupos abiertamente hostiles, como lo es la fracción que encabeza Barrionuevo.

Para intentar suturar las heridas en la CGT adicta, Néstor Kirchner mandó a De Vido, quien ha tenido hasta aquí un papel estelar en el manejo de estas cuestiones. El ministro de Planificación sigue siendo una pieza irremplazable en el micromundo del poder oficialista. Obsérvese la división o, mejor dicho, la confusión deliberada de roles en el Gobierno. En la crisis no actúa ni el ministro de Trabajo ni el de Interior. Tampoco el jefe de Gabinete, que se sepa.

La movida de De Vido muestra la importancia que le otorga el Gobierno a esta pelea y exhibe, con claridad, la jerarquía y la confianza que tiene cada uno para el poder de Olivos.

El oportunismo grosero de los ahora críticos de Moyano está en relación con el aislamiento político que está atravesando el Gobierno.

Comentá la nota