Hay una grieta en el aparato.

En su exitoso plan para convertirse en el Eduardo Duhalde de esta década, Néstor Kirchner se tomó cinco años para domar al peronismo del conurbano, el famoso "aparato", y transformarlo en la base de su fortaleza política.
Pero esa maquinaria -tan útil para definir la elección nacional de 2007- empezó a mostrarle límites: los intendentes son expertos en subsistencia y acompañarán al líder siempre que eso no les complique el poder local.

Hubiera sido impensable hace un año que un grupo de intendentes del PJ del conurbano se plantara ante el pedido de sumarse a una lista electoral encabezada por Kirchner. En el apogeo del kirchnerismo, esos dirigentes se peleaban por recibir una visita del dueño del poder, rogaban que llegara un llamado a la residencia presidencial para hablar de política y se ilusionaban con las promesas de obras públicas.

El plan de sumar a los intendentes a las listas para cargos que nunca asumirán dejó en evidencia una grieta en el bloque del PJ suburbano, que parecía responder a ciegas las órdenes emanadas de Olivos.

Hombres de peso, como Hugo Curto (Tres de Febrero) y Jesús Cariglino (Malvinas Argentinas), rechazaron en público la estrategia que difundió el Gobierno. Jefes comarcales que llevan años pegados a Kirchner, como Alberto Descalzo (Ituzaingó), optaron por un ruidoso bajo perfil, a la espera de que todo sea apenas un globo de ensayo. Y otros, con el platense Pablo Bruera a la cabeza, temen directamente una catástrofe si los obligaran a competir: imaginan una derrota seguida de una salida anticipada.

Entre aquellos tiempos de esplendor y estos de recelo, mediaron meses de complicaciones para los barones del conurbano. La infraestructura está frenada; ya no llegan los adelantos para pagar los trabajos que estaban en marcha y muchos confiesan que están hartos de entrar y salir de Olivos con las mismas carpetitas ajadas de obras que nunca se empiezan. La inflación del último año y medio complicó la situación social en las zonas más pobres del Gran Buenos Aires y la crisis de la seguridad -más la falta de reflejos del Gobierno- los deja expuestos ante sus votantes.

* * *

¿Alcanza ese panorama gris para que le den la espalda a Kirchner? Con los matices de cada caso, ninguno de los líderes territoriales del PJ piensa en romper con el ex presidente, pero muchos habían empezado a usar su talento para la adaptación; ese don que les permitió cubrir sin escalas el trayecto del ultraduhaldismo al ultrakirchnerismo.

Kirchner se enardecía con las noticias de las negociaciones bajo la mesa de varios intendentes con la dupla Francisco de Narváez-Felipe Solá. La estrategia es vieja: el intendente nutre las listas del PJ oficial y del disidente. Después de la votación, los dos bloques se unifican y la gobernabilidad local queda garantizada.

La idea de "invitarlos" a ser candidatos a concejales esconde el objetivo de cortar de cuajo el doble juego. Que "muevan el aparato" sólo para la boleta oficialista. El problema es que muchos de los intendentes leen como un gesto de debilidad la necesidad de Kirchner de rodearse de Daniel Scioli y de la dirigencia municipal. Incluso algunos que firmaron documentos fervorosos en favor de postularse se preguntan qué ganarían ellos al poner en juego sus puestos en una contienda en la que se dirime otra cosa.

Pero están ante la antítesis del líder generoso. Como un capitán que, en vez de salvar a la tripulación y hundirse con el barco, obliga a subir a bordo a los que huían del naufragio.

Kirchner y un gesto contra Rico

* Néstor Kirchner y Daniel Scioli irán a el jueves próximo a San Miguel. Ambos encabezarán un acto de campaña en el Club Muñiz con el intendente local, Joaquín de la Torre. Habrá una curiosidad: ese día, 16 de abril, se cumplirán 22 años del levantamiento militar de Campo de Mayo, que encabezó Aldo Rico en 1987. Hoy, Rico preside del PJ de San Miguel y se ha convertido en aliado de Kirchner.

Comentá la nota