Grave situación por la escasez de agua

Como todo tiempo estival desde hace años, los rafaelinos vivimos el padecimiento de la falta de agua, que es escasa en muchos lugares y directamente inexistente en otros. La sensación térmica de 50 grados, llevó el consumo a su máxima demanda. La única solución es el Acueducto, que lleva dos años dormido por este Gobierno y diez por las anteriores administraciones justicialistas.

La fuerte ola de calor de estos últimos días, que no logran apagar los chaparrones, llevó otra vez a tensar al máximo el reclamo de la gente por la escasez de agua potable, ello en muchos casos, y en otros directamente por la carencia del indispensable líquido.

Se trata de una situación que se repite todos los veranos, cuando el consumo llega a los picos máximos de demanda, ya que el caudal que recibe la planta local de Aguas Santafesinas no alcanza para abastecer la demanda, que va muchísimo más allá de los días que pueden considerarse normales por la temperatura reinante.

Marcos Medina, de ASSA, salió otra vez públicamente a pedir toda la moderación posible en el consumo, limitándolo al uso humano, para de tal modo poder sostener las reservas, pero así y todo no alcanza. El calor es enorme y el uso de agua se incrementa en forma notable, especialmente en el llenado de piletas de lona, además de muchas de cemento o plástico de mayores dimensiones, que aún en muchos casos son llenadas con agua potable de la red.

Los llamados de la gente han sido reiterativos durante la jornada de la víspera, especialmente en las primeras horas de la tarde cuando la sensación térmica alcanzó los 50 grados. "Estamos sin agua, por favor que alguien haga algo", fue uno de los tantos reclamos, con tono bastante dramático.

Mientras tanto, la única solución integral y definitiva -al menos eso se cree- que constituirá el Acueducto Norte, continúa esperando, con una demora tras otra de parte del Gobierno provincial. Se recuerda que cuando en diciembre de 2007 asumió la actual administración, estaba en regla el llamado a licitación, incluso con una liquidez financiera como para poder afrontar la obra en lo que correspondía a la Provincia y además con interés de capitales extranjeros en participar con el resto, pero se pidieron 6 meses para "analizar el pliego de licitación", lapso que después de extendió a más de un año sin que se produjeran novedades. Finalmente el acueducto que nacía en Desvío Arijón y debía llegar a Tostado, se achicó a menos de la mitad, llegando hasta aquí a Rafaela -dejando marginado a Sunchales-, pero nuevamente volvieron a sumarse inconvenientes para que ahora nos encontremos casi a fojas cero.

Es cierto, y también debe decirse, que la responsabilidad es aún mayor de los gobiernos justicialistas, que también dejaron pasar el tiempo y se fueron en promesas, pues sobre los acueductos como solución para la provisión de agua en la Provincia, se viene hablando de al menos hace una década.

Más allá de quien sea la culpa, lo que a los rafaelinos nos importa, es que cada temporada estival estamos con poquísima agua potable, y que de mantenerse el ritmo de crecimiento y demanda que tiene la ciudad, cada vez se hará más insoportable pasar el verano.

"Rafaela tiene sed" fue el eslogan de la década del ï70 cuando se logró la construcción del acueducto que viene desde Esperanza, que abastecía a una ciudad de 50.000 habitantes. Hoy, con casi el doble, continúa siendo el mismo acueducto, y aun cuando sean 18 los pozos de captación en la zona de Esperanza, la capacidad de traslado es siempre la misma, y por más planta de ósmosis inversa que se haya instalado, no alcanza siquiera para disimular la falta de agua. "Es como darle una aspirina a un enfermo terminal", sentenció alguien alguna vez sobre esta planta.

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