Grave: la deserción escolar en el secundario supera el 30 por ciento

La pobreza es el factor principal, pero el fracaso escolar tiene otros matices además del económico. Aún entre los chicos que logran terminar la educación obligatoria, muchos llegan a la Universidad con serias dificultades para la comprensión lectora y para realizar operaciones matemáticas.

Según datos del Ministerio de Educación, la tasa de deserción escolar en el secundario ronda el 18 por ciento en todo el país, con picos alarmantes en el norte del pais. Mientras que un 25 por ciento repite el año. Contando la primaria y la secundaria, cerca de un millón de chicos fracasa anualmente en la escuela.

La pobreza es el factor principal, pero el fracaso escolar tiene otros matices además del económico. Aún entre los chicos que logran terminar la educación obligatoria, muchos llegan a la Universidad con serias dificultades para la comprensión lectora y para realizar operaciones matemáticas, dice el informe de la cartera educativa.

La falta de motivación, la cultura del facilismo y el estudiar "para zafar" se imponen en las aulas, explica el análisis del gobierno nacional.

Desigualdad educativa en America

Los datos recientes sobre educación en América latina inquietan. A pesar de los avances significativos en alfabetización e ingreso a la escuela primaria, todavía existen fuertes déficits y una altísima desigualdad.

El 50 por ciento de los jóvenes no termina el secundario. En el 20 por ciento más pobre, es el 80 por ciento. En el 20 por ciento más rico, sólo el 20 por ciento.

A pesar de que la Universidad es pública y gratuita, es una quimera para el 20 por ciento más pobre.

La pobreza genera altas tasas de repetición y deserción. Los niños humildes dejan la escuela porque deben ir a trabajar a temprana edad, porque sus familias están desarticuladas o porque están desnutridos o tienen mala salud.

Sin educación se crean las trampas de la pobreza. No tienen empleabilidad y van a quedar en los márgenes del mercado de trabajo, o van a estar excluidos de él.

En cuanto a la movilidad social, las marcadas desigualdades en educación se autorreproducen. De todos los jóvenes cuyos padres no terminaron la primaria, sólo un tercio logra superar al padre y hacer la secundaria. En cambio entre aquéllos cuyos padres se graduaron en la Universidad, el 90 por ciento también la termina.

La brecha educativa no es sólo en años de estudio. Es también en calidad. Los jóvenes desfavorecidos que deberían tener la mejor atención educativa no la tienen. Las escuelas públicas tienen menos horas de clase anuales, maestros peor pagos, infraestructura y recursos precarios en relación con las privadas.

Todo esto se puede enfrentar. Para eso hay que invertir de verdad en educación. En América latina representa menos del 4,5 por ciento del producto bruto frente a más del 8 por ciento en Israel, Finlandia o Corea. La inversión debe centrarse en dar acceso a todos a una educación de calidad.

El muy modesto Costa Rica cambió dos veces su Constitución para poder aumentar -en forma obligatoria- su inversión en educación, que hoy es 8 por ciento del producto bruto. Tiene una mano de obra más educada y ha atraído importantes inversiones por eso.

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