Los granos se exportan con discreción

Aunque cultivan el bajo perfil, las cerealeras están entre las firmas que más facturan en el país; los secretos de los principales actores del mercado.
Diez de las cincuenta empresas que más facturan en la Argentina se dedican a la exportación de granos y derivados (aceite, harina y biodiésel). Entre las diez que más venden, hay tres cerealeras, como se conoce coloquialmente a estas firmas, cuyo producto estrella ya no es un cereal sino la soja, una oleaginosa. A pesar de su relevancia estas compañías han hecho de la discreción un culto y, a la vez, una de las claves de su negocio.

En el pelotón principal están las mayores empresas internacionales del rubro. Casi todas ellas, compañías fundadas en la primera mitad del siglo XIX. Una regla nemotécnica sectorial habla de las primeras cuatro letras del abecedario: ADM, Bunge, Cargill y [Luis] Dreyfus. Entre esos gigantes, un puñado de firmas nacionales ?casi todas, familiares? da pelea: Aceitera General Deheza (AGD), cuyo principal accionista es el ex senador kirchnerista Roberto Urquía; Molinos Río de la Plata, del grupo Perez Companc; Nidera, de la familia argentinoholandesa Mayer Wolf; Vicentín, perteneciente a la familia homónima, con base en Avellaneda, provincia de Santa Fe, y la poderosa Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), vinculada a Coninagro.

Detrás de Techint e YPF, la filial local de la estadounidense Cargill es la tercera empresa que más factura en nuestro país. Algunos miles de millones de pesos atrás, vienen la francosuiza Luis Dreyfus y la holandesa Bunge. Esta última, con sede central en Bermudas, supo tener su casa matriz en el país mientras duró su extinta sociedad con la familia Born. ADM, sigla formada por los apellidos de sus fundadores Archer, Daniels y Midland, tiene su base en el estado norteamericano de Illinois, y controla a otro gigante mundial, Toepfer.

Estas empresas ?beneficiadas en Estados Unidos y Europa por los subsidios agrícolas que son cuestionados por las naciones emergentes? tienen tal dimensión que buena parte del comercio mundial de alimentos es, en realidad, la suma de los intercambios internos entre sus distintas filiales.

De la mano de la devaluación de 2002 y sobre todo del boom de los precios de las commodities, varias empresas argentinas recuperaron protagonismo y crecieron fuertemente en los últimos años, como Molino Cañuelas, de la familia Navilli; Agricultores Federados Argentinos (AFA), conocida como "brazo económico" de la Federación Agraria Argentina (FAA), y Buyatti, otra empresa santafecina. Otras extranjeras con fuerte presencia local son Noble Grain, con sede en Hong Kong, y la suiza Glencore, cuyo dueño anterior, Mark Rich, fue procesado por evasión fiscal en Estados Unidos e indultado por el presidente Bill Clinton. Los nombres de estas firmas se identifican también con los principales puertos del río Paraná: unos 90 kilómetros de costa sembrados por decenas de moliendas y amarraderos entre Timbúes y Villa Constitución. En esa línea vertical imaginaria está instalado el polo oleaginoso exportador más eficiente del mundo, desde donde sale el 80% de las exportaciones agroindustriales argentinas.

Relación con el Gobierno

Buena parte del superávit comercial (y también fiscal) de los últimos años se explica por el auge exportador que protagonizó este sector, que invirtió fuertemente en la última década y hoy tiene una capacidad industrial para moler cerca de 60 millones de toneladas, el doble que en 2000.

Ante un negocio de volumen con márgenes de ganancia atados a la eficiencia que se logre en los costos ?y a las ventajas que pueda brindar la especulación de los mercados internacionales? no faltan quienes las acusan de cartelizarse y acordar el precio por pagar a los productores. Si eso realmente ocurre debería discutirse en la mesa del club que las agrupa: la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina - Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC). Pero allí dicen que esa versión es puro mito.

Inmersas en una actividad muy regulada, estas empresas supieron conservar una buena relación con las dos administraciones Kirchner, a pesar de la política oficial de control de precios agrícolas y cierre de exportaciones. El interlocutor habitual es el polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, con quien Ciara-CEC firmó en los últimos años varios convenios de abastecimiento, precios y reapertura de embarques.

Detrás de cada una de estas centenarias empresas hay material para escribir libros de grandes aventuras de viajeros, pioneros y, también, traficantes. En definitiva, en cualquier época, el de los alimentos es uno de esos negocios que no pueden fallar por falta de demanda.

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