Los grandes negocios y Neuquén

Comienza a definirse si se derrama o no sobre la provincia una parte del empuje inversor en obras que se prometía desde el Estado nacional. Es un momento clave, con una fuerte incógnita política: saber cómo reaccionarán los Kirchner tras los comicios del 28.
Esta semana –el jueves, si no hay cambios de último momento- se hará el acto de apertura de sobres de la licitación para construir la represa Chihuido I sobre el río Neuquén. Es la obra más importante que se ha proyectado hacer durante la actual gestión de gobierno de Jorge Sapag. Y depende su concreción de conseguir financiar los mil millones de dólares que cuesta levantar un dique e instalar una central hidroeléctrica que se pretende conectar a la quinta línea eléctrica que unirá el Comahue con Mendoza.

El jueves se sabrá un poco más sobre la factibilidad concreta de hacer esta obra. Las empresas –dicen- ofrecerán su propias fuentes de financiamiento, que se da por seguro no serán suficientes, es decir, no llegarán a los mil millones. La otra parte, se reitera desde el gobierno neuquino, sería aportada por el Estado nacional, y saldría de los fondos de ANSES, como parte de una presunta estrategia del gobierno de los Kirchner para reforzar los años de gestión que quedan con un fuerte viraje nacionalista y estatal hacia la inversión en obras de infraestructura, productivas y de despegue económico en medio de los estertores de la crisis internacional.

La gran incógnita, como casi siempre, es política. Las elecciones del 28 están cada vez más cerca, y las encuestas continúan ratificando que al kirchnerismo no le irá bien. Es más: dicen que le irá mal.

Como son elecciones para renovar parte del Congreso nacional, esto implicará de seguro que el gobierno no manejará Diputados y Senadores como hasta ahora; que tendrá que negociar con la oposición o encapsularse en un gobierno más autocrático; que se reducirá su poder político, para pasar a fortalecerse el de los gobernadores, como casi siempre sucede en Argentina cuando el poder central ha hecho las suficientes macanas.

En este contexto, todavía no se puede pronosticar si el gobierno K redoblará su apuesta impulsando obras como Chihuido, o si lanzará por la borda todos los proyectos prometidos para concentrarse en una venganza desesperada y desesperante, convirtiendo a su gobierno en una réplica criolla del socialismo autoritario de Hugo Chávez.

Es interesante observar, en este proceso con tantas ambigüedades, el devenir de empresas emblemáticas, vinculadas al poder y a las decisiones macro políticas. Por ejemplo, YPF.

La empresa petrolera en los últimos días ha negociado personalmente en Neuquén para conjurar un principio de rebelión que conjugó la desesperación de pequeñas empresas de servicios de ex ypefianos, la necesidad urgente de dirigentes sindicales como Guillermo Pereyra, y el factor de presión del gobierno de Jorge Sapag, ansioso por conseguir mejor rentabilidad del cada vez más escaso petróleo local.

En definitiva, la situación mereció otro parche, con el anticipo de unos 600 mil pesos que bastaron para patear la pelota para adelante asegurando los salarios de poco más de 130 operarios de empresas de servicios en bancarrota.

Pero más allá de este anecdotario que en realidad no hace al fondo de la cuestión, YPF ha tomado dos decisiones muy sugerentes. Por un lado, se retiró de la Cámara que agrupa a las empresas del sector en Argentina, abandonando un lugar en la que –dijo oficialmente- no se sentía representada. Después se agregaron definiciones más específicas: diferencias con la Shell, por ejemplo, la refinadora en Argentina más peleada históricamente con el gobierno de los Kirchner.

Por el otro, ha dejado trascender que se dedicará a producir más cantidad de combustibles, especialmente gasoil, modificando con nueva tecnología por lo menos una de sus refinerías en el país. Es un plan que desde hace tiempo impulsa el gobierno de los Kirchner, conciente de la necesidad imperiosa de reducir la importación de tanto gasoil y fuel oil a precio de oro.

Esta aparente tendencia favorecida por el gobierno nacional, en medio de una relativa debilidad y asumiendo una fuerte confrontación que lo ha llevado a enfrentarse con un socio del "modelo" tan importante como Paolo Rocca, del grupo Techint, puede ser favorable para Neuquén si en la ola nacionalista y estatista entra Chihuido.

De lo contrario, solo servirá para seguir socavando a los amigos o cercanos de las posiciones kirchneristas, favoreciendo a quienes han adoptado posiciones tan críticas que ya no tienen retorno.

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