A lo grande..

Con el respaldo de un público numeroso y un juego ordenado y peligroso, el seleccionado de voleibol logró un gran triunfo frente a Corea del Sur por 3 a 0 y mantiene la esperanza en la compleja Liga Mundial.
No es un domingo más. Gris, frío, hasta lluvioso, pero único. En Londres, al mediodía, Roger Federer, blanco y ejemplar, brilla con su famosa raqueta y Wimbledon se rinde ante su imagen. En Liniers, por la tarde, Vélez da pistas de su grandeza, con un sufrido, polémico y decisivo 1-0 que es sinónimo de gloria casera. En el Luna Park, en el Palacio de los Deportes, en la cuna de tantas batallas, ya de noche, un joven y ascendente seleccionado de voleibol brinda una ejemplar lección de orden y audacia, recompensado por un fantástico 3-0 contra el durísimo Corea del Sur. A su manera, también, se consagra. A su manera, también, puede sentirse campeón. Como Federer, como Vélez. Un desempeño de auténtico campeón, detrás del 31-29, 25-20 y 25-23.

Un ímpetu influyente para creer en el anhelo de la clasificación en el grupo B de la Liga Mundial de voleibol. Pasó, en apenas una jornada, del último al segundo lugar. El camino será arduo, los adversarios (Serbia, el fin de semana próximo; Francia, el que vendrá, ambos en casa) son complejos, pero el domingo porteño puede dar una pista fundamentada de que soñar, aquí y ahora, no cuesta tanto.

El sábado, con poco público, cayó por 3 a 2 ante el mismo rival; el domingo, frente a más de 8000 hinchas, que jugaron su partido con un aliento motivador, que hasta influyó en algún saque coreano defectuoso, salió el sol. Aunque la tarde era gris. Aunque ya era de noche. Aunque el partido se disputó bajo techo.

Mayoría de jóvenes ansiosas por descubrir si aquellos chicos lindos -como alguna vez fueron bautizados- se reinventan en éstos, en la nueva generación, buena parte de público ansioso por ver, en casa, en vivo, en directo, si se puede revivir aquellos gloriosos años ochenta, el equipo que conduce Weber dio más de lo imaginado. Primero, frenó a Chul-Woo Park, el as del aire coreano, con el liderazgo de Meana y compañía. Luego, descubrió cada resquicio para quebrar al rival con ingenio, con un inspirado Guillermo García (19 puntos y una poderosa derecha, la mejor del espectáculo) y la experiencia vigente de Alejandro Spajic (13 unidades y un misil certero imposible de frenar).

El resto, con mayoría de jóvenes, como el hijo de Conte, como el hijo de Uriarte y figuras de una liga que crece y se consolida en el interior, puso su pizca de arena para construir esa suerte de castillo imaginario de la solidez. Orden y progreso, el lema de Brasil, parece ser una máxima de Weber, que se apoya sobre las mágicas manos de varios valores de Bolívar, el elenco multicampeón, para recuperar esa vieja y querida mística.

El vaso está por la mitad. Hoy, ahora, parece medio lleno, aunque en todos los fines de semana de remates y recepciones el seleccionado haya ganado y perdido en partes iguales. Un triunfo y una derrota. O viceversa. Siempre uno y uno. Pero si se apoya en la noche de domingo, hasta se puede ver que el líquido se puede rebalsar. Tranquilidad, diría un viejo sabio: el camino es largo.

La virtud de este equipo es que, justamente, es... un equipo. Un conjunto. Antes, cuando el rival o el escenario eran complejos, surgía el genio de Marcos Milinkovic y asunto resuelto. Hoy no hay, no parece que haya, un capitán de su calidad. El compromiso es de todos. Queda esa certeza: cuando ganan, ganan todos. Cuando pierden, la responsabilidad es compartida. Dice Weber: "Jugamos bien y sumamos tres puntos. Pero no hay que apresurarse, el sábado estábamos últimos en el grupo y ahora somos segundos. Esto es muy dinámico y lo importante es ver que el equipo está creciendo".

Está creciendo, Javier. Y en el domingo de los campeones, el voleibol jugó para la consagración.

* Para Weber, se dio "un pequeño salto de calidad"

"Dimos un pequeño salto de calidad. Jugamos con una regularidad que no habíamos mostrado en otras oportunidades. En especial, en el segundo set hicimos las cosas muy bien", comentó Javier Weber, el entrenador argentino, que vive los partidos con una gran dosis de intensidad.

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