Un Grana en el rulo

Un Grana en el rulo
COPA SUDAMERICANA / RIVER 1 - LANUS 2: De la mano de Salvio, Lanús le dio vuelta el partido y le complicó la clasificación a River. Ni Ortega ni Gallardo le cambiaron el rumbo.
Lo que tanto se le aplaude en lo institucional, lo que tanto se le quiere copiar en los manejos del día a día, Lanús lo corporiza, le da vida en el verdísimo césped del Monumental. Mientras unos cuantos equipos avanzan furiosos, soñadores, sin pensar, comprando jugadores sin mirar ni un número del pasivo, Lanús mira, proyecta, analiza, con la paciencia del que sabe. Hasta el segundo gol de Salvio podía escribirse que River tuvo un poco más la pelota, que River pareció aprender a trabar, a recuperarla, tal vez a jugar, pero también podía escribirse que a Lanús le habían llegado las mismas veces que llegó, y que no es casualidad cuando un equipo acelera a fondo, apostando a ganador. Y Lanús aceleró, conocedor. Y Lanús cruzó el disco.

Durante unos cuantos minutos, tanto uno como el otro equipo se mintieron, nos mintieron, queriéndonos engañar. River quiso erigirse como un equipo potente, veloz y feroz, y apenas se quedó en los arranques de Buonanotte, que pocas veces se juntó con Ortega. Ese fue el primer embuste, y el segundo fue Lanús, que apareció como un equipo ordenado, paciente, quizá conservador, y en 19 minutos ya se había anotado las jugadas más claras del partido: un anticipo de Salvio a Fabbiani que pegó en el palo en un córner y un mano a mano del Toto que tapó bárbaro Vega. El partido estuvo lleno de contradicciones: Mussachio cortó bien pero tocó mal, Coronel jugó bien y terminó mal, Salvio no la tocaba pero la tocó y la rompió, Ortega amagó más de lo que jugó, y claro, Fabbiani. El Ogro se definió a sí mismo: de nueve, en el área, se enredó con un pase de Ortega en el punto del penal, y saliendo de ella, de espaldas al arco, clavó un golazo inesperado.

Como Fabbiani, River pretendió muchas veces lo que aún no puede. Por ejemplo, tener una idea que lo conduzca al área rival. Barrado se complementó bien con Mussachio pero desnudó que al local le falta alguien que llegue desde atrás, con sorpresa. A Archubi mejor ni lo nombremos. Y justo cuando entró Gallardo, Ortega tenía la batería baja. El equipo de Gorosito demostró que ahora parece tener lo que antes se le reclamaba: empuje, garra. Pero le sigue faltando algo importante en todo esto: juego.

Y Lanús, ahí anda Lanús, avanzando sin escuchar el apuro de los demás, atendiendo lo tanto que sabe: armarse, mirar, esperar, afilar el cuchillo, atacar. Y River, ahí anda River, ensangrentado una vez más.

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