El gran villano

Por Mariano Grondona

En la Cumbre de las Américas que tuvo lugar en Trinidad y Tobago con la asistencia de los presidentes latinoamericanos y de Barack Obama, se produjo un debate crucial entre Rafael Correa, presidente del Ecuador, y Oscar Arias, presidente de Costa Rica, que Andrés Oppenheimer comentó ayer en LA NACION

Este debate fue de gran interés no sólo por el tema que los dos presidentes abordaron, el papel de los Estados Unidos en América latina, sino también por sus posiciones diametralmente opuestas al respecto. Correa acudió al viejo recurso de acusar a los Estados Unidos por todo lo malo que nos pasa a los latinoamericanos, mientras Arias tuvo la osadía de refutarlo pese al costo político que significaba para él salirse de la demonización del "imperialismo yanqui" que es moneda corriente en nuestra región.

Arias, sin embargo, no trató de "defender" a los Estados Unidos contra los ataques de Correa, una tarea que le hubiera resultado ímproba porque difícilmente los norteamericanos podrían alegar una virginal inocencia en esta materia. Lo que hizo Arias, al contrario, fue destacar el daño que los latinoamericanos nos hacemos a nosotros mismos cuando culpamos a los norteamericanos por nuestros males porque el que acusa se excusa y el que se excusa elude la autocrítica, que es el único remedio que podría curarlo. Esta ha sido la falla de la famosa "teoría de la dependencia", según la cual Estados Unidos se ha desarrollado a expensas del subdesarrollo latinoamericano. Esta tesis apunta a liberar a los latinoamericanos de toda culpa por su atraso y, al hacerlo, a eximirlos de todo esfuerzo.

Arias busca una posición intermedia entre dos excesos que han caracterizado a nuestra relación con el vecino del norte. Uno, como ya vimos, es demonizarlo. El otro exceso ha sido ya no la "demonización" sino la "beatificación" de los norteamericanos, como si en su presunta buena voluntad residiera nuestra esperanza.

El presidente Menem, como se recordará, proclamó las "relaciones carnales" entre la Argentina y los Estados Unidos. Pero en tiempos de De la Rúa, cuando la Argentina esperaba una ayuda salvadora de su "hermano carnal", éste la ignoró. Los que beatifican a los norteamericanos incurren por ello en un error paralelo al de los que los maldicen, porque unos y otros los convierten, por izquierda o por derecha, en los protagonistas de nuestro destino. La tesis de Arias es, al contrario, una urgente invitación a los latinoamericanos para que confiemos, finalmente, en nosotros mismos.

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