La gran tarea pendiente en el área metropolitana

La serie de tormentas que pusieron en jaque a la comunidad metropolitana de la capital del Chaco, deben dejar la moraleja urgente de la necesidad de coordinar en modo eficiente las acciones de los organismos públicos y de la misma sociedad para mejorar la defensa de la ciudad y su gente ante las adversidades del clima.
Luego de la faz aguda de crisis y ante los pronósticos de rango extendido que auguran más lluvias en todo diciembre y también enero, la tarea de recuperación y ajuste se hace impostergable y de hecho debe tener continuidad inmediata a las tareas de la emergencia.

Las lluvias volvieron a encontrar la infraestructura desatendida y a las estructuras operativas desatentas a los pronósticos, y esta es una realidad que compete tanto al nivel municipal como al provincial.

La falta de previsión tuvo en el Barrio 117 Viviendas del Autódromo, un ejemplo de imprevisión y falta de coordinación. "Encontramos un canal abierto que trajo el agua que naturalmente va al arroyo Ojeda" comentó el presidente del Instituto de la Vivienda, José Valentín Benítez para dar cuenta del la causa de que el barrio entero se haya inundado. Lo que no dijo, es que el mentado canal que "apareció" en el lugar para desgracia del barrio, había sido construido solo unos días antes, y con el único objetivo de formar una barrera que impidiera el paso de vehículos y personas al autódromo sin pagar entrada.

En materia de inversión pública, quedó claro todo lo pendiente para un manejo estructural eficaz de los ciclos de lluvias extraordinarios frecuentes. Pero también quedó clara la necesidad de no seguir permitiendo asentamientos en lugares no aptos y terminar con la historia mil veces repetida de permisivos avances de ocupantes de lugares anegables, que luego hay que salir corriendo a socorrer.

Sentido común ausente

La larga lista de experiencias recogidas en el fragor de la emergencia, hay desde bombas rotas, tableros inutilizados, errores de manejo de los equipos, falta de mantenimiento de desagües y canales, superposición de tareas en algunas zonas con abandono de otras, obras realizadas sin autorización y otras pendientes.

Todo esto con el tenso telón de fondo de una obstinada disputa mediática, que expuso patéticamente a los responsables acusándose mutuamente en ves de concentrarse en tareas coordinadas.

Un elemental sentido común propone trabajar sobre las áreas que hicieron evidente su vulnerabilidad, pero con políticas integrales que contemplen inversión y también la liberación urbana de al menos los puntos más críticos del valle de inundaciones normales.

La experiencia internacional y un elemental racionalismo, señalan hoy que se deben liberar de ocupación residencia los valles de inundación, o asumir la condición del lugar, limitando el uso, obligando a la construcción de viviendas palafíticas.

Las obras pendientes, las tareas permanentes, la planificación integral y la prevención para la ocupación del suelo y su uso, son algunas de las moralejas más evidentes de la crisis, a la que se suma la necesidad de terminar con las peleas mediáticas de los funcionarios en base a un criterio de oportunismo clientelista, que debe ser cambiado por una madura y profesional actitud de servicio.

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