La gran omisión.

La indignación de vecinos incluidos en la repavimentación de 300 cuadras no tiene relación alguna con un rechazo a la obra, una de las importantes iniciativas que recibieron la aprobación del gobierno nacional en enero último.
Sí, en cambio, quedaron en evidencia prácticas políticas que generaron una reacción que -al análisis de los hechos- era previsible. Son tales prácticas las que en estos días merecen críticas y expresiones de bronca, por parte de quienes en un ejercicio saludable de la ciudadanía piden explicaciones a las autoridades.

La administración vecinalista tiene en su propia historia razones para defender el cobro de las mejoras. Desde la asunción de Carlos Aprile en 1995 y luego en las gestiones de Carlos Sánchez iniciadas en 2003, en todas las obras públicas que involucraron a frentistas se dispuso el recupero de los fondos. Detrás de esta postura, hay un criterio orientado a brindar igual tratamiento a los contribuyentes en condiciones de pagar (no sería justo, por ejemplo, que vecinos reciban el asfalto gratis, mientras que otros tuvieron que abonar por una obra similar).

Sin embargo, muchos factores le otorgan a la repavimentación características especiales. Los 35 millones de pesos para concretar los trabajos son provistos por la Nación y no deben ser reintegrados. Desde que se recibió el visto bueno para obtener los fondos nacionales y hasta la semana pasada, no hubo referencias públicas al cobro. El martes 7, Roberto Aranegui, secretario de Obras Públicas, dijo a LU24 Radio Tres Arroyos que se instrumentaría un recupero parcial a cargo de los propietarios de las viviendas ("Se reveló la incógnita", señaló el citado medio de comunicación). Dos días después, trascendió que el costo establecido en el proyecto de ordenanza ascendía a 580 pesos por metro lineal, con una erogación de 97 pesos mensuales en el caso del plan a cinco años y para un inmueble de diez metros de frente.

Las maquinarias de la empresa adjudicataria ya habían avanzado en cuadras de la ciudad -especialmente en la zona céntrica- cuando se comunicó el cobro y se conoció el monto ¿Por qué no se brindó la información con la antelación necesaria? Transcurrieron más de seis meses de la reunión en la residencia de Olivos, con la presencia de Cristina Fernández de Kirchner, que abrió las puertas a las obras en el distrito. En ese lapso, también hubo un proceso electoral, lo que multiplicó las especulaciones y cuestionamientos sobre los motivos del silencio del gobierno comunal.

Sin participación

El municipio procedió mal; no hizo anuncios demagógicos sobre la gratuidad de la obra, es cierto, pero tampoco los funcionarios hablaron del cobro cuando tenían que hacerlo. Con una omisión difícil de explicar, el Ejecutivo se ubicó sólo en una situación por demás incómoda.

Una tarea de semejante magnitud requería de información amplia y pormenorizada, que podía acercarse en reuniones barriales, mediante folletos y por muchas otras vías de comunicación. Sobró tiempo para ello a partir de la licitación, en marzo. Pero no se dio participación a los propietarios de los inmuebles donde se colocará el asfalto (lo que ocurrió, por el contrario, y con buenos resultados en el Barrio Los Aromos).

Más de una familia advirtió que estaba comprendida en las mejoras cuando vio a los obreros frente a su domicilio; es más, otras pudieron confirmarlo recién ayer al publicarse en nuestra edición la nómina completa de cuadras (que figuran en el proyecto de ordenanza).

Hay lugares donde se llevarán a cabo los trabajos que a simple vista se encuentran en un estado bueno o aceptable. Allí son generalizados los reclamos por entender que no hacía falta aún renovar el pavimento. No obstante, la empresa consultora que hizo el estudio previo, expuso en su informe los motivos técnicos que justifican la inclusión; pero como tantos otros aspectos, no fue comunicado de una manera adecuada a los vecinos.

El oficialismo se basó en la ordenanza de obras públicas, sancionada en 1991, para no habilitar un registro de oposición. Tomó así la decisión política de no consultar de manera formal a los directamente involucrados. Al menos, en ese caso, se imponía la necesidad de explicar con claridad en qué consisten los trabajos y responder a las dudas; se siguió el camino contrario y creció la incertidumbre.

La falta de información también quedó de manifiesto en el Palacio Municipal. "Es vergonzoso que nadie sepa nada", exclamaron frentistas de Colón del 700 al 1000, el miércoles 1º del presente mes, luego de concurrir en reiteradas oportunidades al Concejo Deliberante y no obtener respuestas.

Evaluación

En la sesión prevista para hoy por la noche, los concejales no darán tratamiento al proyecto de ordenanza. El vecinalismo aspira a abrir una instancia de diálogo con la oposición, lo que daría lugar a modificaciones.

Una cuota mensual de 97 pesos representa para una cantidad no menor de hogares un gran esfuerzo, porque la economía familiar está ajustada y no queda mucho margen para sumar erogaciones. Sería positivo que lo contemplen. Resignando parte del recupero, el municipio formaría igualmente un fondo nada despreciable de obras públicas y otorgaría condiciones menos exigentes a los contribuyentes.

Las obras aprobadas por la Nación y que se están ejecutando son impulsoras del crecimiento de Tres Arroyos. Contribuirán en contar con un mejor área de emergencias en el Hospital Pirovano; unir las rutas 3 y 228 mediante el camino de cintura; renovar e incorporar luminarias; extender los desagües cloacales y asfaltar cientos de cuadras de la ciudad cabecera, a la que se agregarán luego Claromecó y Orense. Queda pendiente la puesta en marcha del Plan Federal II, en la segunda etapa de construcción de viviendas.

No hay dudas sobre su relevancia. Es el procedimiento adoptado en la repavimentación lo que originó malestar. El gobierno municipal se encuentra ante la posibilidad de evaluar los errores e intentar avanzar hacia una resolución; si la aprovecha, asume la autocrítica y no busca -cómodamente- responsables en otros ámbitos, habrá interpretado la voz de ciudadanos que simplemente piden ser escuchados.

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