Un Gran Hermano para turistas

Aunque el objetivo declamado es prevenir accidentes de tránsito, la presencia masiva de efectivos en las calles busca “saturar la zona” para evitar delitos. Móviles con GPS, un avión y seis helicópteros se suman a esta obsesión por la seguridad.
Parafraseando a medias una vieja película checa dirigida por Jiri Menzel, el Operativo Sol podría denominarse, este año, Turistas Rigurosamente Vigilados. Si bien el objetivo declamado por el gobierno bonaerense es montar un severo dispositivo para prevenir accidentes de tránsito, es obvio que lo que se busca es “saturar la zona”, utilizando un término estrictamente policial, para darles a los visitantes, y a los eventuales ladrones, un mensaje bien concreto: “Nosotros vamos a estar en todos lados”. La consigna más clara la dictó, durante su visita a Mar del Plata y Pinamar –ciudades claves, además de Villa Gesell–, el gobernador Daniel Scioli. Un total de 5350 uniformados coparon las calles de los partidos costeros, dándoles forma a los dichos del mandatario: “Nos anticipamos para que la policía espere a los turistas y no los turistas a la policía”.

Los hechos, al menos en Mar del Plata y en Pinamar, se traducen en una agotadora presencia policial, a razón, en los sitios considerados “claves”, de uno o dos agentes por cuadra, más patrullas que se movilizan en forma constante y controles vehiculares permanentes. Se verifica si los automovilistas tienen la documentación en regla, si han tomado alcohol y están al volante, pero también, y en definitiva, se pone en práctica el famoso y cuestionado “olfato policial” para prevenir algún supuesto o real hecho ilícito.

En la madrugada del primer día del año, en la calle Alem, los jóvenes, muchos de ellos menores de edad, salieron a festejar, en masa, por las calles. Muchos fueron demorados con la excusa de su identificación. La averiguación de antecedentes, otra práctica polémica que tantas veces deriva en arbitrariedades y vejámenes.

Scioli habló de los adolescentes durante su fugaz recorrida por la Costa Atlántica. “Queremos acercar a los jóvenes al deporte, porque eso hace a la lucha contra la droga y, por ende, a la inseguridad. Queremos una juventud que se motive con estos valores y que las familias que hacen un gran esfuerzo, después de todo un año de trabajo, tengan todos los servicios que se merecen. Esa es la responsabilidad del Estado provincial.” Las palabras del gobernador fueron dichas en una ciudad que, al igual que Buenos Aires, padece la feroz campaña reclamando y prometiendo “seguridad”, en caso de llegar al poder, lanzada por el ex candidato a gobernador Francisco De Narváez.

Mar del Plata, Gesell, Pinamar, son ciudades vigiladas por policías, cámaras, móviles dotados con GPS para seguir todos sus movimientos, un avión que sale de la base aérea de Tandil y recorre la costa, en un ida y vuelta casi constante. Es apuntalado por seis helicópteros que monitorean la costa, la ruta 2 y también la 11. El tránsito es la excusa lógica y necesaria, pero la cosa va mucho más allá. En cada terminal, un conglomerado de policías de seguridad, robos y hurtos, narcotráfico y otras especialidades, controla la zona y da instrucciones al resto de los agentes distribuidos en cada lugar de veraneo. A los 2825 efectivos fijos se sumaron, desde el 18 de diciembre, en tandas, otros 2525, hasta llegar a los 5350 actuales, más la seguridad privada y móviles de la Gendarmería que ayudan a patrullar las rutas. En Pinamar, donde las cosas no tienen muros ni alambradas perimetrales, los barrios se han organizado contra la “inseguridad”. Si suena un sensor, ante la presencia de un extraño supuesto ladrón, se encienden todas las luces del barrio.

Los bosques de Cariló, Valeria del Mar, Ostende, pero también San Bernardo, Mar Chiquita, San Clemente, Mar de Ajó y Santa Teresita, entre otros destinos turísticos de la costa, están rigurosamente vigilados. El jefe Departamental de Pinamar, Gustavo Reale Scavo, afirma que en la zona sólo hay “escruchantes”, como se conoce a los que roban casas en ausencia de sus dueños, y salideras bancarias. De todos modos, están preparados para una guerra contra el crimen organizado. “Estamos mejor equipados, operamos todo el día, estamos salvando errores de otros años”, dice una y otra vez el jefe policial. En Mar del Plata se incorporaron 48 patrulleros y 30 motos que se sumaron a las 91 cuadrículas ya existentes. Hay policías en todas las cuadras del centro, algunos con uniformes de fajina y armas largas, siempre expectantes.

Algunos de los lugares son controlados por televisión, con cámaras fijas que pasan de un sitio a otro, en Pinamar, Gesell o Mar del Plata. Es como si todos estuvieran en la casa de Gran Hermano.

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