Gran Cuñado

Ya en la cuenta regresiva del proceso electoral, los candidatos van ultimando los detalles de sus campañas proselitistas.

Por Pablo Feldman

La fuerte incidencia de los medios masivos nacionales se mezcla con las particularidades de cada territorio, y más que las ponderaciones de los "líderes de opinión" -por lo general generosos en halagos- algunas situaciones que rompen con la lógica de campaña producen efectos incontrolables. Los más notables, y que se ven reflejados en las encuestas, son las agresiones sufridas por candidatos del gobierno -Agustin Rossi, primero y últimamente Daniel Scioli- y la aparición de un fenómeno mediático que más allá de gustos y preferencias es un dato de la realidad; "Gran cuñado". Ambas circunstancias -agresiones y programa de TV- han sido "medidas" y al parecer tienen más gravitación de lo que se pensaba "a priori". Si bien los datos son de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y provincia, las conductas relevadas pueden ser traspoladas a otros estados, en especial Santa Fe que tuvo el primer caso de ataque a un candidato y que tiene "dentro de la casa" a Carlos Alberto Reutemann.

Un crecimiento en intención de voto de los "agredidos" fue lo que se verificó después de los episodios, sobre todo pasados los hechos de Reconquista donde Rossi fue recibido a huevazos y cascotazos, más que el de Lobería que es muy reciente. La reacción tanto de Rossi como de Scioli ha sido mesurada y eso es valorado por el electorado, lo mismo que la conducta de aquellos dirigentes que censuraron sin ambajes esas actitudes a diferencia de otros/as que no parecieron muy convencidos ni convincentes. Desde ya que no se trata de un vuelco de tendencias, ni nada de gran magnitud, pero los que alientan este tipo de "protestas" terminan siendo funcionales a lo que creen combatir. Nada nuevo, sobre todo partiendo de sectores que son claramente reaccionarios y autoreferenciales.

El otro elemento, quiza el más rico para el análisis de especialistas en medios e imagen, es la irrupción del nuevo ciclo televiso que conduce Marcelo Tinelli, que una vez más aparece marcando una tendencia. Recuérdese que el apellido del conductor se transformó en adejtivo para refereir al momento político del país, cuando se hablaba de la "tinellización" de la política, que no es otra cosa que una de las formas de degradarla. Como siempre, la culpa no es del chancho, basta recordar la genuflexa actitud de la inmensa mayoría de la "clase política" que se rendía frente a los 30 puntos de rating, y buscaba estar aunque sea un ratito y haciendo cualquier cosa. Ahora la cosa no es muy diferente, sólo que la incorporación de guionistas con otro bagaje -que supera la cargada barata y previsible- ha calado en sectores más amplios de la población/electorado. Es por eso que más de un candidato allí satirizado está buscando la manera de llegar a la producción para obtener un trato menos gravoso que el que se puede apreciar por la pantalla chica.

En el caso de Santa Fe, el único es Reutemann, ya que si bien algún momento se barajó la posbilidad de que se caricaturizara al Gobernador Hermes Binner, la idea fue rápidamente descartada porque el dirigente socialista era prácticamente desconocido para el gran publico -Capital y Gran Buenos Aires-. De modo que al Lole es al único que lo afecta de los santafesinos, sin perjuicio del impacto que puede tener la cuestión nacional en la determinación de voto.

Sin haber hecho un estudio del personaje, ni siquiera haberlo visto demasiado, hay coincidencias en que la caricatura del expiloto de fórmula uno no lo deja bien parado. Sus detractortes dicen que lo refleja de manera extaordinaria, sus seguidores creen que la exageración del rasgo más saliente -carateristica inequívoca de cualquier caricatura que se precie- lejos de mostrarlo como reflexivo y pensante lo ubica en un limbo sin retorno. Y al parercer el propio candidato lo piensa, aunque a diferencia de Cleto Cobos -que hizo público su disgusto- el Senador prefiere intentar llegar a los mentores del envío de otra manera, hasta ahora por los resultados- sin poder hacerlo o sin suerte.

Lo cierto es que después de estas situaciones -agresiones y programa de TV- Reutemann ha bajado notoriamente el perfil, cuanto más se acerca la fecha del comicio menos aparece en público. Probablemente esta situación se revierta en los próximos días, pero a tenor de los números de las encuestas, que la mayoría lo dan adelante, no parece que el "envión" que tomó con el conflicto del campo le alcance para llegar cómodo y seguro. Sus amigos encuestadores le ha mostrado un amesetamiento en la intención de voto, y el cambio de estrategia de los últimos días no parece haber dado los resultados esperados. Reutemann sigue apostando al "interior profundo" -como le gusta decir- y no tiene presencia en actividades públicas en ciudades como Rosario y Santa Fe. Cerca suyo intentan convencerlo de que debería tener más presencia no ya mediática sino personal en las ciudades, y que rehuir la discusión con sus adversarios tampoco parece una buena medida.

Pero como se sabe, Reutemann hace lo que más le conviene, y por ahora sigue confiando en el margen que le asignan todas la encuestas, menos las que realizó Nora Ventroni por encargo del Partido Socialista.

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