El Gran Capitán: pasajeros sufrieron 44 horas y quedaron sin Nochebuena

El convoy llegó a Misiones poco antes de las 19 del miércoles, con 1.300 pasajeros que abarrotaron los vagones del tren. Furiosos y cansados, se quejaron del servicio que salió con casi 12 horas de demora
Capitán no era para menos. Se prepararon el lunes 22 antes del anochecer para estar a tiempo con sus familiares el miércoles 24. Pero no pudo ser. Partieron de la estación Federico Lacroze recién el martes 23 alrededor de las 10 y llegaron a Misiones el miércoles 24 a las 18:30, hartos y cansados. Pero para más de la mitad del pasaje el viaje no terminaba en la estación de Garupá. Debían continuar con distintas conexiones para reunirse con sus seres queridos. Y esa mayoría sabía que llegaría al filo de la medianoche o lo haría horas después del brindis. Por eso la bronca, por cómo debieron viajar, parados y con un calor de locos. Porque debieron pagar hasta casi 10 pesos por una botella de agua mineral. O algún otro refresco. La odisea había terminado 44 horas después de haber partido cada uno de su casa en Buenos Aires.

En la estación de Garupá, entre el barro, la lluvia de verano y el agobiante sol, esperaban unos siete ómnibus de transporte urbano y al menos dos de media distancia, para llevar a los pasajeros de El Gran Capitán a la Capital provincial, a Encarnación, Paraguay o al interior de la provincia.

El viaje parecía no terminar nunca. El Gran Capitán arribó a la tierra colorada con sus 16 vagones abarrotados, con gente desesperada y la sonrisa en los rostros, era más bien que por el fin del sufrimiento. Porque al bajarse (o tirarse literalmente) del tren, los pasajeros no tardaron en expresar su enojo a los distintos medios provinciales y nacionales que esperaban por el fin del castigo que significa cada viaje. Los insultos fueron muchos y una mujer hasta dijo: “Llegamos, estamos vivos, eso ya es bueno". La mujer, con su pequeño hijo en el cochecito, dormido, traspirado, rodeado de bolsos y bultos, resumía lo que cada persona de El Gran Capitán había sufrido para llegar hasta Misiones.

Atrás había quedado el piquete del martes en las vías de la estación de Lacroze, en Capital Federal. Atrás habían quedado las pocas explicaciones del por qué de semejante retraso, una vez más y justo para estas fechas.

Uno de los voceros de la empresa Trenes Especiales Argentinos, Fernando Gómez, había dicho que el retraso fue la suma de otros retrasos y que a la hora de partir (unas 12 horas después), el sistema arenero falló. El sistema funciona en la locomotora para que cuando las ruedas resbalan en los rieles, la arena permita girar normalmente y así poder seguir el viaje.

El calor, la dilatación de las vías, la poca inversión en el mantenimiento del sistema ferroviario del país, fueron las explicaciones del empresario al intentar justificar el nuevo retraso de El Gran Capitán. Los usuarios se quejaron de lo precario del servicio durante el viaje. Que el agua, que la lentitud, que demasiadas personas, pero lo cierto es que siempre terminan resignándose y reinciden con el tren, por ser un medio de transporte que, por su precio, es casi el único a su alcance.

El Gran Capitán emprendió el regreso hacia la Capital Federal sólo pocas horas después de haber llegado. Pero sin horario fijo de llegada.

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