"Era un gran bailarín y un técnico muy capaz"

Era gendarme, tenía 32 años y lo habían destinado a una misión de Naciones Unidas. Hacía diez días había regresado a Haití, después de pasar las fiestas con su esposa y sus dos hijos.
"Un gran bailarín", así definieron sus familiares, entre sollozos y largos silencios de dolor, a Gustavo Ariel Gómez, el gendarme argentino que murió en Haití durante el devastador terremoto.

Había nacido hace 32 años, el 30 de marzo de 1977, en la localidad bonaerense de Ramos Mejía y a los 18 decidió que iba a ser gendarme. Apenas entró en la Escuela de Suboficiales, eligió especializarse en tareas de la Policía Científica. Durante la mayor parte de su carrera, prestó servicios en Buenos Aires y se abocó a estudiar idiomas, lo que le permitió realizar una capacitación de identificación criminal en la Gendarmería Nacional francesa.

Conoció a Patricia, su esposa, cuando ella se trasladó desde Misiones a Buenos Aires para estudiar radiología. En 2006, fueron padres de una nena y, apenas un año más tarde, nació su hijo varón. Gustavo decidió que la familia entera viviera en Posadas, de donde era oriunda su mujer, por lo que aceptó el ofrecimiento de trasladar sus servicios a la Agrupación IV de Misiones. "No lo tomaba como un trabajo sino como una vocación. Era un tipo muy alegre, muy capaz", describió ante este diario su jefe en Posadas, comandante mayor Alfredo Erben.

Con pesar, dejó a su mamá y a sus cuatro hermanos en Capital, pero los visitaba cada vez que podía.

Su disposición en el trabajo lo llevó a postularse para un nuevo traslado y por sus cualidades profesionales fue elegido para integrar el contingente de los 14 gendarmes destinado a la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), creada en 2004. Según sus compañeros, había sido incorporado en esa lista porque "tenía capacidad como técnico en Policía Científica, un buen legajo, manejo de idiomas y un impecable comportamiento institucional".

Su trabajo consistía en una misión ejecutiva en la policía internacional y su tarea diaria era similar a la que efectuaba en la sección pericial en Posadas.

Había estado en Haití en 2006, durante una misión breve. Tres años más tarde, el pasado 29 de abril, volvió a ese país para cuidar la seguridad en la región: iba a permanecer en ese destino hasta agosto próximo.

Sólo interrumpió sus tareas en la última Navidad para reencontrarse con su mujer y sus hijos. Los llevó a todos a la casa de su mamá, en Buenos Aires. Había decidido que los chicos vieran a su abuela paterna en esa fiesta y pasaran Año Nuevo en Misiones, con la familia de su esposa.

"Era un tesoro, muy amoroso y divertido. Súper trabajador, estudioso, estaba muy preparado. Pero sobre todo, tenía un talento natural: era un excelente bailarín", rescataron sus allegados, consultados por este diario.

El sábado 2 de enero, el cabo primero Gómez se despidió de su familia y tomó un vuelo para volver a Haití. Este último martes, un terremoto de 7 grados en la escala Richter destrozó el país caribeño y mató al gendarme, quien fue encontrado en Puerto Príncipe, entre los escombros de las oficinas de la ONU, que se habían desplomado por el sismo.

Gendarmería informó que se estaban realizando los trámites correspondientes para que el cuerpo de Gómez fuera repatriado a la Argentina y recibido con honores.

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