Graduados

Boselli y La Gata nacieron en veredas opuestas, de donde tuvieron que hacer las valijas para buscar otros rumbos. Y ahora en Estudiantes se recibieron: son indiscutidos goleadores de jerarquía internacional. Salud...
Uno apareció con el trofeo de goleador de la Copa en la mano. Ese mismo que recibió hace tres y todavía lo muestra con orgullo. Es suyo, le pertenece, vale por esos ocho gritos en la Libertadores, pero sobre todo por el último, el de la consagración. Ahí está Mauro Boselli, el tipo del cabezazo épico, que le permitió volver a tocar el cielo con las manos, como en el 2007 con Boca, pero ahora desde otro lugar. "Fue diferente porque la viví bien de adentro. Jugué todos los partidos, salí goleador, un montón de cosas distintas a la otra que gané", dice.

El otro, su socio de ataque, se presentó con la medalla en el pecho. La pudo haber guardado cuidadosamente, pero no, ahí va, cuelga con honra de su cuello, la toca, la mira. Agarra la Copa y la besa: "Si vamos a hacer una foto que salga buena", pide, con una sonrisa que no se le borra nunca.

La pareja surgida en veredas opuesta (uno en Boca y otro en River), pero más unida que nunca en este enorme campeón, jugaron nada menos que en la final su último partido juntos. Y vaya si fueron decisivos justo en el juego más importante. Con un gol cada uno, fueron la llave para dar vuelta el resultado en una noche con olor hazaña desde donde se la mire: por la cancha, el poderío del rival y el resultado adverso. "Sin dudas que fue uno de los goles más importantes de mi vida. No todos los días se mete uno en la final. Salir campeón de la Copa no es fácil, ser el goleador tampoco. Pero el grupo siempre estuvo muy fuerte y lo demostramos", asegura Boselli. Y la Gata, que ya prepara la despedida, todavía no lo puede creer: "Fue el gol soñado, el partido soñado, la Copa soñada. La realidad es que los rematamos con este triunfo de visitante, porque nadie daba como ganador a Estudiantes en Brasil".

Pues entonces, ya nunca lo verán como los vieran, porque Gastón Fernández tiene definido su regreso a Tigres de México. "Es complicado ahora que me pueda quedar. Eso se tendría que haber resuelto antes, pero ya está. Seguro que voy a volver a este club porque en Estudiantes fui feliz", cuenta el delantero. Su compañero de ataque, en tanto, no tiene ni una salida ni la continuidad confirmada. Hay un interés por Mauro del Palermo de Italia, también hubo un sondeo del Catania y se estima que, como goleador de la Libertadores, se le abrirán más puertas para una transferencia. El, mientras tanto, está tranquilo en un equipo que le dio la posibilidad de tener aquello que no podía antes. "Era cuestión de una continuidad, siempre lo dije, lo tenía claro. Por suerte, pude encontrar un club como Estudiantes que es de primer nivel, a la altura de Boca", sostiene.

Los dos, sin dudas, tuvieron desquite. También desde adentro y como dupla habían vivido y sufrido la definición de la Sudamericana 08 que se escapó a lo último. Por eso, el sabor de esta Copa es todavía más especial. "Llegamos a dos finales en un año, es impresionante. Nos tocó perder de casualidad aquélla, pero con los huevos que pusimos pudimos llevarnos ésta", aclara el goleador. Entre ellos, está claro, se van a extrañar por juego y entendimiento. Estudiantes también lo hará con esta sociedad del éxito.

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