"Gracias Dios"

ARGENTINA 2 - PERU 1: El grito de Palermo fue el grito de todos. El Loco metió un gol agónico que mantiene con vida a la Selección y le da otro giro a su propia leyenda. Debe jugar en Uruguay.
"Gracias Dios"

El libro ya es enciclopedia. La película tiene más partes que El Padrino. La leyenda se rompe y continúa con más leyenda. La lluvia es una aliada perfecta. El viento arremolina todo, menos esa fortaleza espiritual a prueba de todo. Los rayos parten una noche histórica, otra más en el libro, la película y la leyenda de Martín Palermo.

El Monumental es un rugido lacerante con insultos que se escuchan cada domingo pero son inéditos para la Selección. El "Paleeermo, Paleeermo" se hace estruendo como tantas veces fue el "Maradooo, Maradooo": es el nuevo grito de queja y guerra. La Selección da pena, saca ventaja pero es arrinconada por el peor equipo de Sudamérica. El Loco Martín, con dos minutos en cancha, arrastra marcas e Higuaín aprovecha un acierto de Aimar. Masche hace una chambonada, nadie toma a un tal Rengifo y ni el gigante Romero puede evitar el 1-1. La sensación de quedar afuera del Mundial congela sangres, petrifica corazones, destila rabia y desnuda la triste realidad de un país tan futbolero como el argentino.

Pero de pronto aparece la salvación. Efímera, pero salvación al fin. Llueven centros, hay un córner, la pelota es un elemento inmanejable por tanta lluvia, viento y nervios, pero busca al jugador como reza el dicho popular. Y el jugador es Palermo. ¿Quién otro? ¿Cómo explicar lo inexplicable? ¿De qué manera no llamar fenómeno a este tipo con movimientos de robot, cabeza de titán y optimismo sagrado?

El buscapié (o buscamundialcomosea) de Insúa podría haber pegado en cualquiera de esas 12.000 piernas que había en el área. Pero apenas rozó un par y encontró la zurda de Palermo. Increíblemente solo en el segundo palo, o no tan increíble porque se trata de Palermo.

El hombre que hace un año y chirolas se rompió por segunda vez la rodilla. El héroe que deja la cancha abrazado por Maradona y tocándole la cabeza como se le toca la cabeza a alguien que consolás (o que salvaste). El hijo, padre, hermano y novio que se abraza con su familia y actual amor, y llora a la salida del vestuario. El luchador al que un canillazo de un zaguero peruano le rompe la nariz y así sigue. Y así genera que miles de hinchas dejen la cancha de River bramando el "Paleeermo, Paleeermo", insólito por el lugar, lógico por la situación, emocionante por donde se lo escuche.

"Pensé lo peor, pero me olvidé de San Palermo", dijo Maradona con la lucidez que en general encuentra en sus palabras y no en sus decisiones como entrenador, y después de esos panzazos sobre el mojado césped que ya recorren el mundo y hasta impiden imágenes televisivas del tiro de mitad de cancha de Rengifo que pegó en el travesaño a la salida del 2-1. "Todos los goles tienen su sabor, pero este es incomparable porque es con la camiseta de la Selección", reveló el nuevo santo de Diego.

"Gracias Dios", le gritó al cielo Palermo en el festejo. Argentina, Maradona y estos jugadores lo necesitan para que Uruguay sea la plataforma rumbo a Sudáfrica y no el abismo.

Comentá la nota