Gotas que rebalsan el vaso de los estatales

Más allá de la cuestión salarial, los empleados públicos atraviesan una crisis en el sector que los expone a otro tipo de desafíos. La pérdida de legitimidad de los docentes y la "industria de la mala praxis" en el sector salud, son sólo ejemplos.
En el Ipem310, una escuela NN

Esperábamos encontrar allí los problemas típicos de una escuela enclavada en una zona urbano-marginal: falta de tizas, paredes descascaradas. Pero lo que hallamos superó todo todo tipo de preconcepto. El Ipem 310 Puerto Argentino de barrio Inaudi está situado al lado de un chiquero, atravesado por un maloliente resumidero de residuos cloacales y usurpado por un cinéfilo que cuenta con DirecTV.

"Tenemos hace un año un chiquero de chanchos al lado. Con el calor que hace, el olor se torna insoportable. Hay una ordenanza municipal que prohíbe criaderos de cerdos en ámbitos urbanos, pero ves que a nadie parece importarle", expresa la preceptora Fabiana Serna.

Los dramas de la escuela son tantos que su reflejo en este espacio supone una caprichosa selección. Aunque faltan insumos, en el Ipem de barrio Inaudi no todo son carencias. Hay problemas por abundancia... de malezas. "Tenemos el problema de las plantas, esos arbolitos que ves ahí –dice la vicedirectora Mónica Ferreras–. Los chicos se meten detrás y no sabemos qué pasa. Cuando pedimos a Infraestructura que pode los árboles, nos contestan que la empresa encargada del área no tiene ese servicio dentro de sus prestaciones".

Sin nombre, con identidad. El secundario no tiene identificación del nombre en la entrada desde hace meses. Las letras negras de hierro fueron arrancadas por los vecinos del barrio.

Los docentes aseguran que la mayoría de los actos de vandalismo son realizados por habitantes de zonas cercanas, más que por alumnos. Aunque a la hora de amonestar, la tarea se complica. "A los chicos ya no les importan las amonestaciones. Te contestan, ‘¿Cuántos quiere ponerme?’. Saben que si superan las 25 sanciones van a ir y volver a Inspección y terminan la escuela. A nosotros nos ponen muchas trabas a la hora de expulsar", agrega la preceptora.

Para mejorar la convivencia, los docentes apelan a estrategias para que los chicos se apropien de la escuela. Les dan un sector de la pared para que dibujen y los llevan de viaje. Muchas veces sienten que ése es su único incentivo.

"Sin placas, trabajo a ciegas"

El jueves a las 19 se corta la luz en el pasillo del segundo piso del Hospital de Niños. La luz del ascensor ilumina como una lengua de fuego el edificio que estaba a oscuras. Un camillero sale ni bien se abren las puertas y alerta preocupado a su compañero: "No podemos ‘bajar’ a los niños del internado. El Equipo número uno está descompuesto. Creo que es el calor".

Ramón Gigena (58) ya lleva 26 años de servicio en el hospital de la bajada Pucará. Asegura que en su extensa trayectoria ha tenido que pasar por dificultades diarias como la falta eterna de placas para hacer radiografías pero que ahora la paciencia se le esfuma de a poco.

"No tenemos placas grandes para hacer radiografías desde hace una semana. Si queremos capturar una imagen, debemos tomar cuatro pequeñas y unirlas como podemos. Además, tres de los cuatro equipos de rayos no funcionan. Andan hasta que explotan, nunca un service. Así no se puede laburar, siento que trabajo a ciegas", asegura el hombre.

Como una profecía, la luz del pasillo se vuelve a cortar. Dos enfermeras de la pastilla 500 hacen los mismos chistes con los que matizan su resignación. "Otra vez sopa".

En la Sala de Rayos reina el calor insoportable. En la primera habitación, el equipo está descompuesto. "El aparato anda y anda hasta que explota. Nunca le hacen un service y además tiene que funcionar para todos los pacientes de la provincia, no importa que sean grandes o chicos", afirman los médicos del servicio.

En un día de calor, el aparato se descompuso. El aire acondicionado no funcionaba y el equipo hizo el esfuerzo de escupir imágenes sin la refrigeración que necesita para andar. Hasta que dijo "No va más".

"Imaginate que llega un niño con un politrauma después de un accidente. No podemos bajarlo a rayos porque el aparato no anda. Los médicos tienen que usar aparatos portátiles para ubicar fracturas o quebraduras. Pero a la larga, eso dificulta el diagnóstico", agrega Gigena.

El hombre, nacido y crecido en la ciudad de Córdoba, hace un repaso por sus situaciones de carencia. Destaca la situación de estrés por la que está atravesada su tarea. "No es cierto que tengamos un enfermero por cada cama. Tenemos que dividir a la planta en turnos y descontar las carpetas médicas. Rescato que la actual Dirección hace muchos esfuerzos pero a veces no alcanza", agrega el hombre, minutos antes de volver a desaparecer por el ascensor.

Comentá la nota