Gorosolito

Después de dos derrotas consecutivas, el DT perdió el apoyo de varios dirigentes y de muchos jugadores. Apenas lo sostienen su amor propio y un contrato hasta fin de año.
Se quedó solo Néstor Gorosito. En la cornisa del adiós. Falta que le den el empujón final, situación que algunos consideran inminente. Ayer terminó de perder el sostén de casi todos los dirigentes, en cuyas charlas privadas sugirieron que ni siquiera debería dirigir ante Chacarita. Los jugadores tampoco se han mostrado comprometidos a estirarle la mano para salvarlo. Sólo le queda una soga con algunos nudos: su amor propio, el apoyo del resto del cuerpo técnico y un contrato que recién tiene fecha de caducidad a fin de año.

Pero donde decía diciembre ahora dice septiembre. Pipo adelantó los límites de este ciclo que lleva ocho meses y pocas gratitudes. La paz duró lo mismo que la pretemporada en Canadá (su equipo logró las únicas tres copas del año). Al volver a Buenos Aires, precipitó un escenario de errores y conflictos. Y se perdió.

"No sirve estirar la agonía", confió un dirigente. "Complicó las cosas. Es responsable de este comienzo", aportó otro. Y, mientras tanto, los referentes de la CD le manifestaron el desencanto a Mario Israel y planificaron un encuentro para los próximos días, con el propósito de escuchar las sensaciones del entrenador. ¿Y después? ¿Qué estará haciendo Astrada en este momento? Qué buena pregunta, ¿no?

El desenlace, de cualquier modo, resulta complejo. Por un lado hay una máxima de esta dirigencia que dice "no echarás a un entrenador". Y por el otro, no se cree que Gorosito esté dispuesto a ofrecer la renuncia en una suerte de acto heroico. Pero hay una tercera vía, muy conocida en el mundo de las relaciones laborales, que es la del desgaste. Y Pipo ya está padeciendo las vicisitudes del caso. Los mismos dirigentes que lo trajeron hace poco son los que ahora le cuestionan hasta el frizz de su pelo. El fin de semana compartieron un error de comunicación: no llegaron a avisarle que Augusto Fernández se debía ir al Saint Etienne, con lo cual el DT no pudo saber de antemano que la cabeza del volante enfocaba hacia Francia.

Lo otro que le quita margen de acción a Gorosito es el frágil vínculo que mantiene con sus dirigidos. Llegó a River sumando asados e interminables torneos de fútbol-tenis. Hoy los jugadores ya no se ríen como en ese comienzo. En el medio se encadenaron varios desencuentros.

El interrogante que muchos tienen es saber cuántos futbolistas se sienten cómodos tras sus últimas decisiones. Buonanotte salió ayer a aclarar que no tiene ningún problema con el DT. Hmmm. Se entiende el fastidio de los suplentes. ¿Y el de los titulares?

Gorosito, que no atendió los llamados de Olé, aún tiene la autoridad en el vestuario, aunque dilapidó el poder... El poder está vinculado al saber. El saber construir consensos, diálogos y habilidad para preservar el mando. Y Pipo últimamente cargó su saber de contradicciones. 1) Usó un esquema a lo largo de toda la pretemporada y lo cambió dos veces apenas arrancó la competencia. 2) Ríos, Gil, el Tortuga y Strahman padecieron el estigma de los 9: hoy te uso, mañana me olvido. 3) Marginó al cinco de la casa -Domingo-, al que le acaban de hacer contrato por tres años. 3) Se la jugó por un zaguero -Cabral- que recientemente era suplente del hoy suplente de suplentes Nico Sánchez y del exiliado Gerlo. 4) No mostró muñeca para articular las vanidades de las estrellas del plantel. 5) Y aún sigue buscando el equipo que nunca encontró y que, tras el espejismo canadiense, tropezó con el Almirante Brown de Giunta, Lanús y Banfield.

El domingo justamente sufrió este peligroso síndrome Banfield, afección que habían padecido Pellegrini, Astrada y Simeone, quienes hipotecaron sus futuros en el Sur. En este escenario recibió la primera reprobación de una hinchada que lo venía ninguneado. Acaso la gente tomó conciencia de que Gorosito es el técnico de River. Sus curiosas decisiones ya no pasan inadvertidas.

Está Gorosolito.

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