Gorosito y la oportunidad para potenciar el crédito

Es corto el recorrido del proyecto, pero los altibajos que ofreció River en el torneo y la Copa Libertadores colocaron al ciclo, en apenas 13 partidos, frente a un examen determinante con miras al futuro.
El resultado influirá en el legado anímico del plantel, en las reales aspiraciones para pelear por el título del torneo local y en el crédito del entrenador Néstor Gorosito, que hasta el superclásico es observado con recelo, aunque todavía sin recibir fuertes cuestionamientos.

Cuando asumió, en enero pasado, el entrenador recibió a un grupo de futbolistas abatido por la pésima campaña -River terminó, por primera vez en la historia, en el último puesto-, y la economía del club no ayudó para sumar a los refuerzos pretendidos ni con el tiempo suficiente para que se amoldaran a la idea del DT. Empero, estas cuestiones fueron convalidadas por Gorosito, que llegó a Núñez por su capacidad para adecuarse a esta clase de complejidades. Fue su perfil el que sedujo al presidente José María Aguilar, que en el vuelo de regreso de Guadalajara, México, después de la renuncia de Diego Simeone, en noviembre de 2008, lo imaginó como el sucesor. Cuatro meses más tarde, el DT está inmerso en la confusión que sobrelleva el equipo desde hace un largo tiempo.

En momentos de desconcierto, el trabajo de Gorosito todavía no logró plasmarse en la cancha, y en esporádicas ocasiones en los resultados. El DT aún no le entregó una identidad futbolística al equipo, que deambula entre actuaciones convincentes -más por la entrega y la jerarquía de algunas pocas individualidades que por las demostraciones de juego asociado- y la repetición de viejos errores. El movimiento de piezas en posiciones que necesitan continuidad tampoco ayudó para que River mostrara un estilo. Sorprendió con la poca paciencia para sostener a los arqueros: Juan Marcelo Ojeda, Mariano Barbosa y ahora Daniel Vega se repartieron la responsabilidad. Como el resto de sus antecesores, no pudo lograr que la defensa se enseñara sólida. Como muestra, en ocho de los nueve partidos River recibió goles.

Las complicaciones y los irregulares rendimientos no son propiedad exclusiva de los defensores, porque la elaboración del juego es un déficit de arrastre, aunque Gorosito no supo resolver el problema. Buonanotte, en un presente desconocido; Abelairas no brilla como lo hizo en la primera parte del ciclo de Simeone; Augusto Fernández, lesionado; las variantes como Diego Barrado, el uruguayo Robert Flores y Archubi no aprovechan las oportunidades... La responsabilidad, entonces, recae sobre Marcelo Gallardo -que arrastra dolencias tras la operación de pubialgia y cuyo talento aparece en pequeñas dosis- y el juvenil Mauro Díaz.

Y para completar el cuadro, el colombiano Falcao es la única carta de gol, ya que Fabbiani brilló más por sus apariciones mediáticas que por lo futbolístico. El recambio es insuficiente: Rosales dilapida las oportunidades y el juvenil Andrés Ríos entró poco en la consideración del DT.

En el último encuentro con la prensa, Gorosito recordó la vuelta olímpica que dio en la Bombonera, con River, en 1986, y los goles que le convirtió con la camiseta de San Lorenzo. Sin embargo, para potenciar el crédito mañana tendrá que salir airoso, porque en el semestre Pipo perdió los dos clásicos oficiales que jugó y, en el verano, Boca lo doblegó.

4 lleva River sin ganar en la Bombonera, con dos empates y dos caídas; el último éxito, 1-0, el 16 de mayo de 2004.

Lesiones, dudas, sorpresas

La molestia en el cuádriceps derecho de Falcao y la contractura en el isquiotibial derecho de Barrado abren un interrogante sobre el equipo, que sería con: Vega; Ferrari, Cabral, Sánchez y Villagra; Domingo o Bou, Ahumada, Domingo o Abelairas y Gallardo; Falcao o Fabbiani y Buonanotte. Gorosito concentró a Eial Strahman, de 19 años.

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